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Serie: Los orígenes de la Hispanidad — Artículo VI

Gustavo Bueno y la construcción filosófica de una civilización Hispánica

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En abril de 1998 Gustavo Bueno sostuvo que la Hispanidad designaba una civilización que no podía ser monopolizada por la derecha católica ni rechazada en bloque por la izquierda republicana. Su tesis escandalizó por venir de un materialista marxista. En sus libros España frente a Europa (1999) y España no es un mito (2005) reformuló el constructo «Hispanidad»: secularizándolo, sistematizándolo filosóficamente y arrancándolo del marco confesional en que lo había encerrado el bando vencedor de la Guerra Civil.

Un materialista contra los mitos

Nacido en el seno de una familia de médicos riojanos católicos y de derechas, Gustavo fue un catedrático de filosofía de la Universidad de Oviedo que desde la época franquista venía haciendo una lectura crítica del marxismo-leninismo, y que ha pasado a la historia del pensamiento por ser autor de un sistema filosófico propio: el «materialismo filosófico».

Bueno percibió que el constructo «Hispanidad» había quedado huérfano. Pues la derecha católica que lo había heredado de Ramiro de Maeztu ni siquiera lo esgrimía; la izquierda académica lo rechazaba como reliquia franquista; los nuevos nacionalismos periféricos lo combatían como sinónimo de opresión castellanista; y las universidades anglosajonas lo desechaban como categoría colonial. Por lo que Bueno lo recuperó desde la filosofía política comparada.

«Imperio generador» frente a «imperio depredador»

La idea central que Bueno aporta al debate sobre la Hispanidad es la distinción entre dos tipos de imperialismo. El «depredador» explota las sociedades indígenas, sin transmitirles sus instituciones ni asimilarlas civilizatoriamente; eso hicieron los imperios británico y holandés en la Edad Moderna, y los imperios japonés y alemán en el siglo XX. El «imperio generador», por el contrario, dota a las sociedades absorbidas de las instituciones que les permitirán convertirse en Estados: universidades, catedrales, derecho codificado y lengua común. Fue el caso del Imperio romano y del Imperio español.

Bueno reconoció que el imperialismo español incluyó prácticas depredadoras; pero sostuvo que «sería absurdo considerarlas como derivadas de su norma fundamental, teniendo en cuenta que estas prácticas fueron continuamente vistas como transgresiones de la norma fundamental, ya desde la época de la Conquista» personalidades como Bartolomé de las Casas, Antonio de Montesinos, Francisco de Vitoria, Francisco Suárez. La existencia misma de la Junta de Valladolid de 1550-1551, en la que la Corona suspendió las conquistas para discutir filosóficamente su legitimidad, es prueba inequívoca de que el imperio hispánico no se concibió como depredador; pues un depredador no se autocrítica, sino que extermina o explota.

Los historiadores anglosajones actuales y los nacionalistas indigenistas suelen argumentar que la Hispanidad fue la coartada cultural de una empresa colonial brutal. Gustavo respondió que los españoles se mezclaron con los pueblos conquistados, fundaron universidades en Lima y México un siglo antes de que existiera Harvard, codificaron las lenguas indígenas, legislaron protecciones jurídicas a los indios y produjeron en Salamanca los primeros tratados sobre el «derecho de gentes». En cambio, los británicos y estadounidenses exterminaron sistemáticamente a los nativos o los confinaron en reservas. Bueno llamó «metodología negra» a la operación de propaganda retórica por la que los imperios depredadores descalificaron a una Hispanidad que despreciaban. Una actuación de enorme éxito, pues pervive a pesar de su falta de fundamento,

El término «Hispanidad»: genealogía y reapropiación

En España, frente a Europa, Bueno formula con sequedad el problema léxico: «La idea de una Hispanidad centrada en torno a la cultura cristiana más tradicional (Zacarías de Vizcarra, en 1926; Ramiro de Maeztu, en 1934) es considerada por la izquierda como expresión de la derecha más reaccionaria; sin embargo, el término hispanidad fue acuñado por Unamuno en 1909». Es decir, que en realidad tuvo un origen civil y filosófico. Unamuno es un personaje apartidista, pues fue el principal opositor a la dictadura de Primo de Rivera, fue el padre espiritual de la Segunda República, criticando después tanto al Frente Popular como al franquismo emergente. Así Bueno devuelve la Hispanidad al espacio común de la cultura hispánica.

Unamuno
Miguel de Unamuno.

De Unamuno, Bueno toma el carácter civil y existencial de la Hispanidad, la centralidad de la lengua como vínculo y la dimensión transatlántica. Pero se distancia de la indeterminación filosófica del rector: la «agonía» unamuniana conmueve, pero parece insuficiente como fundamento de un proyecto de futuro. Donde Unamuno ve un sentimiento trágico, Bueno reclama un análisis estructural. Donde Unamuno apela al Quijote como símbolo, Bueno presenta a este caballero como emblema de una capacidad operativa: actuar conforme a un ideal aunque la realidad lo contradiga.

De Vizcarra, Bueno recoge su idea de comunidad supranacional, definida por analogía con Cristiandad y Humanidad, abierta a las razas y a los credos, articulada por la lengua y por una matriz cultural común. Pero el catedrático reduce el catolicismo a matriz histórica; pues pretender que la Hispanidad del siglo XXI tenga que ser confesionalmente católica es imponer una condición que ya no se cumple ni en España ni en Hispanoamérica.

De Maeztu, Bueno recoge el rechazo del concepto biológico de raza, la afirmación de la Hispanidad como comunidad cultural de destino y la oposición a la «leyenda negra». Pero discrepa en la fundamentación confesional del proyecto, desplaza el eje del «imperio misionero» al «imperio civil» y sustituye la oposición moral catolicismo/protestantismo de Maeztu por la oposición político-estructural «imperio generador/depredador». No exige creer en la superioridad espiritual del catolicismo para sostenerse; basta con comparar las actuaciones de los dos tipos de imperialismos.

Bueno también incorpora a Ángel Ganivet, a José Ortega, a Salvador de Madariaga, a Américo Castro, a Ramón Menéndez Pidal, a Pedro Laín Entralgo y a Julián Marías, como interlocutores de un debate continuo de los «hispánico» que no se cerró en 1936. Y también sitúa el origen léxico de la palabra «hispanidad» en 1531, en el Tractado de orthographia y accentos de Alejo Venegas, aunque con un sentido material y filológico distinto al moderno.

Tractado de ortografia de Venegas
Tractado de ortografia de Venegas

Y más importante que la palabra es la sustancia ética: la Escuela de Salamanca elaboró durante el siglo XVI un cuerpo doctrinal sobre el «derecho de gentes», la legitimidad de la conquista, la dignidad del indio y los límites del poder político constituyen el verdadero fundamento filosófico de la Hispanidad. La Universitas Christiana que Pedro Ruiz de la Mota y Antonio de Guevara teorizaron en torno a Carlos V es la primera formulación europea de una comunidad política supranacional construida sobre el derecho y no sobre la dinastía. Juan de Mariana, con su tratado sobre el tiranicidio (De rege et regis institutione, 1599) prueba que la modernidad política hispánica precede en dos siglos a la Ilustración francesa.

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Una clase en la Universidad de Salamanca

Así, las contribuciones de Rubén Darío, Miguel de Unamuno, Zacarías de Vizcarra y Ramiro de Maeztu son expresiones literaria, ensayística y eclesiástica de una realidad que llevaba cuatro siglos operando. La Hispanidad no es un constructo elaborado retrospectivamente para consolar al país tras perder sus últimos territorios americanos; es la palabra recuperada para nombrar una civilización que se venía forjando desde la Reconquista.

Cuestiones a meditar

Gustavo Bueno consigue lo que ningún hispanista del siglo XX había logrado: ofrecer una fundamentación filosófica de la Hispanidad que no descansa en la fe católica ni en la nostalgia imperial. Su materialismo filosófico le proporciona un instrumental conceptual riguroso que permite hablar de España y de la Hispanidad sin recurrir al sentimiento ni a la mística.

Al demostrar que la Hispanidad puede defenderse desde una posición filosófica materialista, Bueno propone una Hispanidad como constructo apolítico que embarca a hispanos de todos los idearios. Bueno lo prueba con su propia trayectoria: un filósofo formado en el marxismo-leninismo, ateo militante, crítico feroz del franquismo y de las derechas confesionales, dedicando los últimos veinte años de su vida a sistematizar la idea de España y la Hispanidad desde categorías rigurosamente filosóficas.

Queda abierta una pregunta. Si el imperio español fue generador, pues dotó a las naciones hispanoamericanas de las instituciones que les permitirían constituirse como Estados, ¿por qué no ha desembocado en una coordinación política o económica efectiva de la comunidad hispana? La «Iberofonía» o «Romanofonía» que Bueno imaginaba como horizonte geoestratégico, seiscientos millones de hablantes de lenguas neolatinas, un mercado y un espacio cultural comparables al anglosajón, sigue siendo una posibilidad inexplorada un cuarto de siglo después de que el filósofo riojano la formulara. La tarea pendiente no es ya defender la Hispanidad de sus impugnadores: es construirla operativamente en el siglo XXI.

Para saber más

Gustavo Bueno, España frente a Europa (1999). Edición original en Alba Editorial, Barcelona; reeditada en la Obra Completa, volumen 1, Pentalfa, Oviedo, 2019. El libro central del hispanismo filosófico de Bueno y la exposición sistemática de la distinción entre imperios generadores y depredadores.

Gustavo Bueno, «España», conferencia pronunciada en el Club Prensa Asturiana de Oviedo en abril de 1998. Texto fundacional de su hispanismo público; disponible en www.fgbueno.es.

José María García de Tuñón Aza, «Hispanidad: historia y significación de la palabra», El Catoblepas 31:15 (2004). Síntesis erudita de la genealogía del término, con cita verbatim de la posición de Bueno sobre Unamuno, Vizcarra y Maeztu.

Nicole Holzenthal, «Gustavo Bueno como impulsor de un nuevo hispanismo filosófico: el imperio español fue generador», El Basilisco 60 (2024), pp. 18-34.

Este artículo es el sexto de una serie sobre orígenes y el sentido de la Hispanidad. En el siguiente capítulo analizaremos la hispanidad del siglo XXI, los escándalos de corrupción española, los mecanismos de enriquecimiento de los gobernantes y las prácticas inmorales de un Estado.

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