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Fuego, saltos y bestias: así es una de las fiestas más singulares de Cataluña

La ciudad de Berga vive un ritual vibrante e hipnótico de origen medieval que se prolonga durante varios días.

La Patum, fiesta tradicional del fuego. | Shutterstock

La ciudad de Berga vive un ritual vibrante e hipnótico de origen medieval que se prolonga durante varios días.

El aire se impregna de olor a pólvora y una lluvia de fuego ilumina la noche al ritmo de la música. La celebración del Corpus Christi transforma Berga en un escenario casi onírico. Es una tradición ancestral que funde lo sagrado y lo pagano en coreografías que unas veces emocionan y otras sobrecogen.

La Patum, un ritual colectivo

Pirotecnia durante la Patum de Berga. | Shutterstock
Pirotecnia durante la Patum de Berga. | Shutterstock

Al caer la noche, diablos con máscaras verdes y el cuerpo cubierto de hierba fresca para protegerse del fuego irrumpen en la plaza de Sant Pere. Portan pequeños artefactos pirotécnicos que se encienden a la vez, desatando un caos controlado que pronto se contagia a la multitud.

Las chispas vuelan en todas direcciones y el humo lo envuelve todo mientras miles de personas saltan al ritmo de la música. En la Patum no hay distancia entre público y escena. El calor del fuego casi se siente en la piel, los petardos lanzan ecos al aire y los asistentes se sumergen en una vorágine que dura varias horas. 

Mucho más que una fiesta de fuego

La aparición de esos seres demoníacos marca el clímax de una celebración mucho más compleja. Durante cinco días, el tiempo parece detenerse en Berga. Esta localidad de la provincia de Barcelona se entrega a un frenesí de música, danza y pirotecnia protagonizado por personajes que parecen surgidos de un relato medieval fantástico.

Festival tradicional de Patum. | Shutterstock
Festival tradicional de Patum. | Shutterstock

Diferentes comparsas articulan una representación colectiva dividida en actos. Los Turcs i Cavallets evocan antiguos enfrentamientos medievales. Mientras, las Guites, unas extrañas bestias de cuello alargado, avanzan entre el público lanzando petardos por la boca. Tampoco faltan los gigantes y enanos con sus bailes vibrantes. Pero la figura principal y más distinguida de la Patum es el Águila, símbolo de la identidad, la historia y el orgullo de Berga.

Una herencia medieval que ha sobrevivido al paso del tiempo 

Con seis siglos de historia, la Patum es una de las fiestas populares más antiguas y singulares de Cataluña. Sus orígenes se remontan a las celebraciones del Corpus Christi en la Edad Media. En aquel entonces, las procesiones incluían representaciones alegóricas para transmitir enseñanzas religiosas a una población mayoritariamente analfabeta.

La Patum de Berga, Cataluña. | Shutterstock
La Patum de Berga, Cataluña. | Shutterstock

Con el paso del tiempo, sus protagonistas fueron adquiriendo identidad propia. Las representaciones incorporaron elementos festivos, satíricos y simbólicos. Aun así, conserva la esencia de aquel teatro popular medieval, aunque transformado en una expresión festiva profundamente arraigada.

El reconocimiento a un esfuerzo colectivo

La Patum, fiesta tradicional del fuego. | Shutterstock
La Patum, fiesta tradicional del fuego. | Shutterstock

La Patum no es un espectáculo, es una expresión colectiva de identidad y cultura transmitida de generación en generación. Por ello, la Unesco la reconoció como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, destacando su valor histórico, social y cultural.

Pocas celebraciones conjugan pasado y presente con una intensidad tan sobrecogedora. Entre fuego, música y criaturas fantásticas, la Patum demuestra la vitalidad de un legado que no deja de emocionar a pesar del paso del tiempo. 

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