A 1400 metros de altitud y rodeado de bosques: el pueblo en un parque natural de Barcelona donde nace el río Llobregat
Cuando alguien menciona un lugar junto al río Llobregat, en la provincia de Barcelona, que además alberga una fábrica de cemento, lo más habitual es pensar en algún rincón industrial del área metropolitana. Sin embargo, existe un pueblo que cumple con esa descripción y, aun así, es todo lo contrario a lo que cabría imaginar.
Castellar de n'Hug, donde brota el Llobregat
La provincia de Barcelona esconde en su confín del norte uno de sus pueblos más bonitos, allí donde los Pirineos ya elevan el paisaje a alturas de vértigo. Es también el lugar donde nace el río que articula todo este territorio, el Llobregat.
El pueblo más pintoresco del Berguedà
La comarca del Berguedà es célebre por sus imponentes paisajes de montaña y por la vitalidad de sus tradiciones, entre las que destaca la Patum de Berga, declarada Patrimonio de la Humanidad. En este mismo territorio, casi tocando la provincia de Girona, se alza Castellar de n’Hug, a más de 1400 metros de altitud. El tono terroso de sus casas de piedra se mimetiza con la montaña que lo rodea, como si el pueblo hubiese brotado directamente de la roca.
Con menos de 200 habitantes, Castellar de n’Hug se encuentra en un entorno privilegiado: el Parque Natural del Cadí-Moixeró. Este paraje, de naturaleza abrupta y salvaje, es uno de los últimos bastiones donde aún se puede sentir, sin filtros, el pulso libre de la vida silvestre. Aquí, el equilibrio entre la actividad humana y la tierra es difícil de igualar.
Qué ver en una visita a Castellar de n'Hug
Un paseo por las calles tranquilas de Castellar de n’Hug permite hacerse una idea de la vida en un pueblo de montaña que ha sabido participar del impulso industrial. Pero el verdadero espectáculo comienza fuera del núcleo urbano, donde el paisaje se adueña de los sentidos.
Las Fuentes del Llobregat son uno de los nacimientos de ríos más portentosos de Cataluña: el agua de la lluvia y la nieve mana del subsuelo con toda la fuerza de la naturaleza, aflorando desde la roca en una escena que atrae a multitud de excursionistas. A poca distancia, las cascadas de la Farga Vella reviven esa exhibición fascinante.
Un diálogo entre el ser humano y un entorno salvaje
Otras rutas a tener en cuenta, de las muchas que hay, recorren el corazón del parque natural, plagado de extensos prados alpinos y bosques, donde abundan rebecos, ciervos, zorros y garduñas. Sin embargo, la actividad económica también ha llegado a convertirse en patrimonio ineludible de este pueblo.
Como muestra de esto último, vale la pena visitar la fábrica de Cemento Asland, de 1901, con un museo dedicado a esta actividad, y también las muestras del pastoreo tradicional, entre las que destaca el concurso de perros pastores de la localidad, una verdadera exhibición de sabiduría tradicional y canina.


