Ramiro de Maeztu y su Defensa de la Hispanidad
Tras una intensa biografía, Ramiro de Maeztu volcó sus experiencias vitales en el libro que le hizo famoso, sistematizando el constructo de la Hispanidad y dándole, al mismo tiempo, una carga política que marcaría su recepción durante el resto del siglo XX.
Tras una intensa biografía, Ramiro de Maeztu volcó sus experiencias vitales en el libro que le hizo famoso, sistematizando el constructo de la Hispanidad y dándole, al mismo tiempo, una carga política que marcaría su recepción durante el resto del siglo XX.
Ramiro de Maeztu nació en Vitoria en 1874; actualmente se olvida que fue uno de los ensayistas más influyentes del primer tercio del siglo XX. En su trayectoria participó de los principales asuntos que se debatieron en España: el trauma de la derrota del 98, el regeneracionismo, la fascinación por Europa, la crisis del liberalismo, la construcción del catolicismo político y la formulación de una idea espiritual de España proyectada hacia América.
DRAMA FAMILIAR, IZQUIERDISMO REGENERACIONISTA Y EUROPEISMO LIBERAL
Maeztu tenía una intensa implicación personal en América, pues había ido a Cuba con diecisiete años a ayudar en el negocio azucarero de su padre; allí fue testigo de la guerra, la ruina del patrimonio familiar y la muerte de su padre. Esto provocó el desahucio de su madre (Juana Whitney) y sus cuatro hermanos en edad escolar, que debieron mudarse de su elegante piso donostiarra a uno muy modesto en Bilbao. Ramiro regresó para ayudar a su madre a sacar adelante a sus cuatro hermanos. Para ello debió asumir trabajos manuales y abrazó el ideario anarquista; progresivamente, fue compatibilizando sus trabajos de subsistencia con colaboraciones en la prensa local. En 1897 Ramiro se trasladó a Madrid, subsistiendo en extrema pobreza y colaborando con artículos regeneracionistas en una publicación socialista.
En 1899 irrumpió en el debate acerca del «desastre» publicando sus artículos en el libro Hacia otra España (1899), en el que proclama la derrota moral, política y social del país a causa del caciquismo, la falta de mérito, la improductividad y la retórica patriótica con que la España oficial ocultaba sus fracasos. También propuso «otra España»: moderna, trabajadora, europea, industrial, disciplinada y capaz de sustituir el lamento por la acción. Junto con Pío Baroja y José Martínez Ruiz, luego conocido como Azorín, formó el «grupo de los tres», que publicó un manifiesto regeneracionista en 1901. En ese momento consiguieron el apoyo de Unamuno, que ya era rector de la Universidad de Salamanca. En esta etapa Maeztu se manifiesta combativo, regeneracionista, europeizador y anti-jesuítico. En 1916 le dedicó «con respeto» a Don Miguel su libro Authority, Liberty and Function in the Light of the War, llamándole su «maestro». Pero para entonces ya habían divergido considerablemente, pues Maeztu tendía a la europeización de España y Unamuno al casticismo.
MAEZTU ENTRE LONDRES Y BUENOS AIRES: DEL COSMOPOLITISMO AL PANHISPANISMO
En 1919 Maeztu regresó de su corresponsalía en Londres transformado ideológicamente. A la vista de la revolución soviética y de la tremenda crisis de la Restauración borbónica, desterró sus simpatías socialistas y su admiración por la democracia británica. Progresivamente optó por soluciones corporativistas que le llevaron a apoyar a la Dictadura de Primo de Rivera, afiliándose a la Unión Patriótica y aceptando el cargo de embajador en Argentina (1928 – 1930). En ese periodo Unamuno se convirtió en el enemigo número uno de la Dictadura y sufrió el destierro.
En Buenos Aires, Maeztu trató a Zacarías de Vizcarra, un sacerdote vizcaíno que gozaba de gran influencia entre las élites porteñas y el gobierno. Había adquirido gran notoriedad a raíz de publicar en 1926 el artículo «Hispanidad y su verbo», donde proponía darle un nuevo significado al término «Hispanidad» como sustituto de «Raza» para la fiesta del 12 de octubre.
Maeztu asumió esa palabra y la convirtió en eje doctrinal. El propio Vizcarra recordó que Maeztu le envió un ejemplar de Defensa de la Hispanidad con una dedicatoria en la que lo llamaba «creador del vocablo Hispanidad», y que en el libro Maeztu afirmaba que la palabra se debía a «un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra».
LA CONSTRUCCIÓN DE UN PROYECTO PANHISPANISTA MEDIANTE UN LIBRO
Al caer la Dictadura de Primo de Rivera en 1930, Maeztu cesó en su cargo de embajador y regresó a España. Coincidió con el regreso triunfal de Unamuno, que después de seis años de destierro y exilio forzoso se había convertido en un héroe nacional por deslegitimar moralmente a la Dictadura y justificar la caída de la monarquía. La reacción monárquica de talante autoritario encontró en Ramiro un líder intelectual, facilitándole los fondos para fundar la asociación Acción Española y su revista; estuvo inspirada en el movimiento ultraderechista, monárquico y católico de la Action Française de Charles Maurras, pero sin su componente antisemita.
La revista se abrió el 15 de diciembre de 1931 con su artículo «La Hispanidad», que funcionó como manifiesto. Con él Maeztu inauguró una serie de artículos que más tarde agruparía en un volumen titulado Defensa de la Hispanidad (1934). Conviene tener en cuenta que los artículos fueron escritos en 1932 y 1933; unos años en que los gobiernos de Azaña, Lerroux y Martínez Barrio aprobaron hondas reformas para desmontar todo el sistema económico-social del régimen anterior. Tan profundo vuelco, en un periodo de crisis financiera internacional (desde 1929, la más profunda en varios siglos), generó tal malestar social que la derecha apoyada por Maeztu recuperó el poder en las elecciones de diciembre de 1933.
IDEAS-FUERZA DE DEFENSA DE LA HISPANIDAD
La primera es que la comunidad hispánica no se funda en una raza biológica, sino en una tradición histórica, espiritual, lingüística y religiosa. De ahí la importancia de sustituir «Raza» por «Hispanidad».
La segunda es que España y los pueblos hispanoamericanos forman una comunidad de destino articulada por el catolicismo, la lengua y una memoria común.
La tercera tesis es apologética: Maeztu pretende responder a la llamada «leyenda negra» y a las interpretaciones que presentaban la presencia española en América como mera opresión. En uno de los textos de Acción Española incorporados al ciclo de la Hispanidad, afirma que durante las independencias se propagó «como arma de guerra» la imagen de una América martirizada por obispos y virreyes, y que esa visión continuó durante el siglo XIX.
La cuarta idea es política: para Maeztu, la Hispanidad no es solo una memoria cultural, sino una alternativa espiritual frente a las ideologías modernas que juzgaba destructivas. La obra exalta la España imperial y su acción en América, cuya fuerza habría estado en el credo católico capaz de integrar pueblos y razas distintas.
Además de su experiencia personal, Maeztu, un hombre de extraordinaria erudición e inteligencia, se había documentado minuciosamente. De Vizcarra tomó tres ideas: el término «Hispanidad», la sustitución de «Raza» por una categoría espiritual-cultural, y la analogía con «Cristiandad». Maeztu le dio al constructo «Hispanidad» un desarrollo polémico, histórico y político. Con Unamuno pudo compartir la preocupación por el ser de España, la dimensión espiritual del problema nacional y la relación entre España y América.
IMPACTO DE LA OBRA DE MAEZTU
El impacto de Defensa de la Hispanidad fue inmediato en los círculos católicos, monárquicos y contrarrevolucionarios de España e Hispanoamérica. En Buenos Aires, el cardenal Isidro Gomá pronunció en 1934 su «Apología de la Hispanidad» en el Teatro Colón, dentro de la celebración del Día de la Raza; el propio Vizcarra recordó que Gomá citó expresamente que Maeztu acababa de publicar un libro en defensa de la Hispanidad, palabra tomada de Vizcarra. En Chile, una edición de Defensa de la Hispanidad apareció en Santiago en 1936.
En España Maeztu despertó la admiración de los ideólogos del pensamiento conservador y reaccionario español, reforzando su ya importante autoridad moral en estos círculos. Además, convirtió el constructo «Hispanidad» en una categoría de combate cultural. Su asesinato en Madrid en 1936 interrumpió la evolución de esa doctrina, pero no su influencia, pues la obra quedó como uno de los textos centrales del hispanismo católico y político del siglo XX.
CUESTIONES A MEDITAR
La trayectoria de Maeztu ilustra una paradoja recurrente en la historia intelectual de la Hispanidad: el mismo autor que sistematizó el concepto con mayor amplitud fue también quien más contribuyó a su politización. Vizcarra había acuñado un constructo voluntariamente abierto a los hispanos de cualquier credo o ideario; Maeztu lo convirtió en arma de combate cultural frente a las izquierdas republicanas. La operación tenía una lógica histórica, se enmarca en la radicalización ideológica europea de los años treinta, pero su precio fue alto: durante décadas, sectores intelectuales de ambas orillas del Atlántico rechazaron en bloque el término por su asociación con el reaccionarismo español.
Conviene también reflexionar sobre la evolución del propio Maeztu, que recorrió todo el arco ideológico de su tiempo: del anarquismo juvenil al socialismo regeneracionista, del liberalismo europeísta al corporativismo, y de éste al monarquismo católico militante. ¿Hasta qué punto su Hispanidad final fue el destilado maduro de un pensador que había agotado todas las opciones, o más bien la búsqueda compensatoria de las certezas que su biografía le había negado?
Por último, queda abierta la pregunta sobre si la sistematización política de un concepto cultural es inevitable. La Hispanidad de Maeztu, brillante, erudita, combativa; mostró que un constructo puede ser, a la vez, muy fecundo intelectualmente y muy frágil cuando se enfrenta a su instrumentalización ideológica. La tarea pendiente es recuperar el potencial integrador del término, devolviéndole la apertura que Vizcarra había imaginado y que la Hispanidad necesita para volver a hablar a todos los hispanos: a los de derechas y a los de izquierdas, a los creyentes y a los descreídos, a los indigenistas y a los criollistas.
PARA SABER MÁS
Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad (1934). El libro seminal del hispanismo católico y político. Hay numerosas ediciones digitales; las más accesibles están disponibles en la Biblioteca Digital Hispánica y en filosofia.org.
Ramiro de Maeztu, Hacia otra España (1899). El Maeztu regeneracionista de juventud, indispensable para entender la magnitud de su evolución ideológica. Disponible en Cervantes Virtual.
Pedro Carlos González Cuevas, Acción Española. Teología política y nacionalismo autoritario en España (1913-1936) (1998). El estudio académico de referencia sobre el grupo intelectual al que perteneció Maeztu.
Vicente Marrero, Maeztu (1955). Biografía clásica escrita por un discípulo. Útil como documento de época, aunque cargada de simpatía hacia el biografiado.
Zacarías de Vizcarra, «Origen del nombre, concepto y fiesta de la Hispanidad» (1934). El propio Vizcarra reflexionó sobre la apropiación que Maeztu había hecho de su término. Disponible en filosofia.org.
Pedro Laín Entralgo, España como problema (1956). Un intento de reconciliar las distintas visiones de la identidad hispana en el contexto posterior a Maeztu.
Este artículo es el quinto de una serie sobre los orígenes y el sentido de la Hispanidad. El siguiente examinará cómo el constructo fue apropiado y resignificado durante el franquismo, y los esfuerzos posteriores, desde ambas orillas del Atlántico, por recuperar su sentido original, plural y apolítico.
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