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Serie: Los orígenes de la Hispanidad — Artículo II

Unamuno y Marquina: acuñando ‘Hispanidad’

Unamuno y Marquina sentaron las bases para la institucionalización del concepto de Hispanidad.
Miguel de Unamuno (1864 - 1936) y Eduardo Marquina (1879 - 1946)
Miguel de Unamuno (1864 - 1936) y Eduardo Marquina (1879 - 1946).
Unamuno y Marquina sentaron las bases para la institucionalización del concepto de Hispanidad.

El 10 de diciembre de 1898 España firmó el Tratado de París. A resultas de este, Cuba pasó a la órbita de los Estados Unidos de América; en tanto que las islas de Puerto Rico y de Guam, junto con el inmenso archipiélago de las Filipinas, siguieron los pasos del archipiélago de Hawái, como territorios extracontinentales del nuevo imperio estadounidense. Así, cuatro siglos de presencia española en América y el Pacífico se cerraban en un salón del ministerio francés de asuntos exteriores. La pérdida fue mucho más que territorial, pues reventó la imagen que España tenía de sí misma.

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Ilustración acerca del Tratado de paz entre EE.UU y España.

De esa crisis nació la Generación del 98, un grupo de escritores y artistas que se propusieron examinar qué era España y hacia dónde podía ir. Entre ellos, dos grandes literatos desarrollaron el concepto de Hispanidad desde ángulos distintos: Miguel de Unamuno desde la filosofía y el ensayo; Eduardo Marquina desde la poesía y el teatro. Ninguno de los dos usó el naciente constructo de forma sistemática. Pero fueron los que cimentaron el ‘suelo’ sobre el que el término Hispanidad se iría definiendo.

Miguel de Unamuno: la lengua como patria común

Nacido en Bilbao en 1864, Unamuno llegó a la filosofía desde la filología (vasca y castellana) y se acabó implicando en la política por cuestiones éticas. Rector de la Universidad de Salamanca, fue uno de los intelectuales más leídos de su tiempo a ambas orillas del Atlántico, pues durante 25 años fue articulista del periódico argentino La Nación. En 1899 publicó un célebre artículo sobre la literatura hispanoamericana, en el que invitaba a sus autores a escribir con voz propia en lugar de seguir los afrancesamientos modernistas; esto provocó una polémica con Rubén Darío y sus amigos.

En 1895 Don Miguel publicó el libro En torno al casticismo, un conjunto de ensayos acerca de la intrahistoria. Este nuevo concepto se refiere a la historia a las personas, de las familias de los grupos de amigos o de las rivalidades; la historia ‘pequeña’, sobre la que se basan los grandes acontecimientos que se enseñan en la escuela (reyes, batallas, tratados…). Esas vidas ‘silenciosas’, ‘particulares’, de quienes comparten una lengua y sienten el mundo de una forma parecida: la que conforma ‘el ser’ de un pueblo. Y por ser algo tan extendido, la intrahistoria permanece aun cuando los imperios desaparecen.

Para Don Miguel, la humillación de París representó la oportunidad de descubrir en qué consistía realmente la Hispanidad. Por ello utilizó dicho término en varios escritos de los primeros años del siglo XX con el fin de designar nuestra comunidad espiritual y lingüística. Su argumento central era que el castellano era un vínculo más duradero que cualquier soberanía política.

A diferencia de los pensadores que veían en América una extensión de España, Unamuno concebía la relación en términos de parentesco, no de jerarquía. Las repúblicas hispanoamericanas eran ramas del mismo árbol, que aportaban unas voces propias que enriquecen al tronco común de nuestra civilización. Aún habiendo distinciones entre la intrahistoria de los hispanos de las distintas latitudes, puede percibirse un ‘aire de familia’ a pesar de los dos siglos de separación política.

Vida de don quijote y sancho
Portada de Vida de Don Quijote y Sancho con dibujo de Ignacio Zuloaga

En Vida de Don Quijote y Sancho (1905), Don Miguel encontró la figura que mejor encarnaba ese espíritu más allá del tiempo y de la historia: un caballero andante que persiste frente a la realidad, no por fuerza sino por convicción, movido por su fidelidad inquebrantable a una idea del mundo que trasciende las fronteras.

Eduardo Marquina: la escena como espejo de valores

Eduardo Marquina nació en Barcelona en 1879. Llegó al teatro desde la poesía modernista, y la influencia de Rubén Darío, a quien conoció y admiró, puede apreciarse en sus primeros escritos. Si Darío había dado al hispanismo su manifiesto lírico y Unamuno su fundamentación filosófica, Marquina encontró un camino distinto: el escenario.

Sus dos obras de mayor resonancia, Las hijas del Cid (1908) y En Flandes se ha puesto el sol (1910) recrean personajes históricos españoles para deconstruir la historia ‘oficial’ sobrecargada de épica. El común denominador de ambas es que sus protagonistas vencen al orgullo y a la violencia mediante unos valores universales. Así, desde la masculinidad y la femineidad, simbolizan a una civilización que perdura por humanismo, no por la fuerza.

En flandes se ha puesto el sol
En Flandes se ha puesto el sol.

Detengámonos en la obra En Flandes se ha puesto el sol, que transcurre en el siglo XVI, pero en la que se palpa la herida de la crisis del 98. En ella, el orgulloso capitán español que combate en los Países Bajos experimenta una transformación radical: pasa de la defensa a ultranza del Imperio a asumir una concepción humanista y mestiza de su patria. Al enamorarse de una ‘enemiga’ descubre que ya no defiende un reino, sino un modo de estar en el mundo. La metáfora resulta evidente: el imperio político territorial se transforma en un imperio de valores y sentimientos compartidos. La obra conectó con un público que buscaba en la historia un espejo en que reconocerse: en 1910 quedaba algo mucho más duradero que un imperio territorial, una civilización común.

Dos instrumentos, una misma tesis

Unamuno y a Marquina nunca imaginaron la Hispanidad en términos políticos. Don Miguel la fundó en la lengua y en la experiencia existencial compartida; en tanto que don Eduardo la dramatizó en cuerpos y voces sobre un escenario. Uno apelaba a la razón, el otro a la emoción. Dos formas complementarias de poner en valor lo que compartimos desde la perspectiva sentimental.

Cuando en 1926 el sacerdote vasco Zacarías de Vizcarra propuso sustituir «Fiesta de la Raza» por «Fiesta de la Hispanidad», ya tenía detrás de sí décadas de trabajo intelectual y artístico que hicieron plausible dicho nombre. Unamuno y Marquina fueron los protagonistas de ese sustrato imprescindible.

Cuestiones a meditar

La Generación del 98 ha sido leída, con frecuencia, como un fenómeno estrictamente español: una crisis de identidad peninsular provocada por una derrota militar. El célebre poema de Darío, y los textos de Unamuno y la dramaturgia de Marquina apuntan en otra dirección. El 98 fue también la ocasión en que algunos intelectuales americanos y españoles entendieran lo que durante siglos había sido común: lo inmaterial.

Miguel de Unamuno (1864 - 1936) y Eduardo Marquina (1879 - 1946)
Miguel de Unamuno (1864 - 1936) y Eduardo Marquina (1879 - 1946)

La pregunta que dejan abierta es pertinente hoy: ¿Cuánto puede una identidad cultural sobrevivir, y prosperar, sin el respaldo de un poder político o un territorio común? Unamuno creía que sí, y fundaba esa creencia en la lengua. Marquina lo mostraba en el teatro: la emoción de reconocerse en un personaje histórico, ajeno en el tiempo pero próximo en el alma.

El riesgo opuesto también existe. Una identidad que se define solo por la lengua puede vaciarse de contenido histórico y convertirse en un instrumento de propaganda. La Hispanidad que construyeron Unamuno y Marquina tenía raíces concretas, como textos, personajes, debates, y memorias, y esa concreción era su salvaguarda frente al abuso ideológico.

¿Qué debemos de hacer los hispanos de ambas orillas un siglo después?

Para saber más

Miguel de Unamuno, En torno al casticismo (1895). El punto de partida de su reflexión sobre la identidad hispánica y el concepto de intrahistoria. Disponible en el Proyecto Filosofía en español y en Cervantes Virtual.

Miguel de Unamuno, Vida de Don Quijote y Sancho (1905). El Quijote como símbolo del alma hispánica. Una lectura más accesible que sus ensayos estrictamente filosóficos. Disponible en Cervantes Virtual.

Eduardo Marquina, En Flandes se ha puesto el sol (1910). Texto íntegro disponible en la Biblioteca Digital Hispánica. Una obra que puede leerse como documento sobre la identidad hispánica en el cambio de siglo.

José-Carlos Mainer, La Edad de Plata (1902-1939) (1975). El estudio de referencia sobre la generación literaria en la que se inscriben Unamuno y Marquina.

Donald Shaw, La Generación del 98 (1977). Una introducción académica al grupo, sus debates y su influencia en el pensamiento hispanoamericano del siglo XX.

Este artículo es el segundo de una serie sobre los orígenes y el sentido de la Hispanidad. El siguiente examinará la propuesta de Zacarías de Vizcarra: pasar de la raza a la catolicidad como aglutinadores de lo hispánico.

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