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El estilo de Margarita Ruyra

«Menos es más: el arte de guardarse algo»

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De adolescentes, muchas de mis amigas discutían con sus madres sobre cuán corta llevar la falda. Por lo que me contaban, el choque casi nunca era por estética, si le sentaba mejor un largo u otro, sino por los centímetros: cuánto muslo dejar a la vista, y si eso resultaba provocativo o simplemente natural. Las madres defendían enseñar poco más que la rodilla; las hijas querían mostrar algo más de piel. ¿Te pasó algo parecido a ti?

Te confieso que no recuerdo haber tenido esas discusiones con mi madre. Y si hubo alguna diferencia, fue tan leve que ya ni la recuerdo. Creo que es una prueba más de cuánto confié siempre en su criterio. A mis hijos les repito que la experiencia de la vida es nuestra gran maestra: una madre que ha reflexionado acumula muchos ejemplos, muchos aciertos y errores propios. Y eso es difícil de entender cuando una todavía no se ha enfrentado a esas mismas situaciones. Con los años he valorado cada vez más la sabiduría de mi madre, una mujer nada «anticuada», muy práctica y con mucho sentido de lo apropiado en cada momento. Mi hermana y yo guardamos un recuerdo precioso de ella y de todo lo que nos enseñó.

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A sus intuiciones les he ido sumando mi propio criterio sobre por qué prefiero enseñar menos para sacarme más partido. Te cuento un par de razones: una tiene que ver con la estrategia frente a los demás (mi marido incluido) y otra con lo que te enseña el paso del tiempo.

Tela y misterio

En general, las personas que se cuidan se guardan para sí, o para las relaciones más íntimas, una buena parte de lo que son. Esa actitud las hace más interesantes y atractivas. En cambio, cuando alguien trata de enseñarlo todo, sea el cuerpo o sus opiniones sobre cualquier tema, a mí personalmente me atrae menos. Hay estilos que funcionan casi como una autopropaganda constante, como si necesitaran convencerte de algo o caerte bien de inmediato. Y muchas veces, querer parecer muy segura demasiado rápido es, en realidad, una forma de inseguridad.

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He comprobado con los años que a los hombres suele gustarles más imaginar que ver. No es que siempre «nos desnuden con la imaginación», pero sí prefieren completar ellos mismos la imagen, en vez de recibirlo todo servido. Tienen que poner algo de su parte para ir descubriendo.

Además, cuando se enseña sin medida, es fácil que se interprete como una necesidad de «vender carne» para gustar, o como una insinuación no siempre deseada. Repasando lo que ha sido de algunas conocidas de entonces, muy dadas a mostrarlo todo y a no ponerse límites, confirmo lo acertado del consejo de mi madre: guardarse para una misma y para la persona adecuada.

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Recuerdo una noche, en un viaje para ver a mi hijo en la Universidad de Aberdeen (Escocia), una de las más prestigiosas del Reino Unido. Hacía un frío tremendo y, aun así, vi a muchas jóvenes salir de fiesta con muy poca ropa. Me dio un poco de pena, la verdad: se nota que en la universidad, como en tantos otros lugares y edades, a veces se confunde mostrar más con «gustar más». Es algo que le puede pasar a cualquiera, en cualquier etapa de la vida, cuando aún no se ha encontrado ese equilibrio entre lo que se enseña y lo que se guarda.

Manejar el paso del tiempo con realismo

Si mostrarlo casi todo no me parece la estrategia más favorecedora para las más jóvenes, tampoco lo es, por razones distintas, cuando pasan los años. Y aquí me incluyo: todas hemos pasado por el matrimonio, la maternidad, la vida profesional, montar un hogar, cuidar de nuestros padres... una vida entera de experiencias que, idealmente, nos enseña también a cuidarnos y a conocernos mejor.

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Aun así, a veces se nos olvida aplicar ese aprendizaje a cómo nos vestimos. Es fácil, con las prisas del día a día, salir sin pensar demasiado en lo que más nos favorece. A mí también me ha pasado.

Los efectos del tiempo en el cuerpo se pueden suavizar de muchas formas, aunque nunca del todo desaparecer. Y aquí, como en tantas cosas, el sentido de la medida y las expectativas realistas son el mejor camino: aceptar lo que no se puede cambiar y poner disciplina en lo que sí depende de una. En otro artículo entraré más en detalle, pero te dejo aquí algunas ideas básicas.

La primera es la que repito una y otra vez en mis vídeos y artículos, y es la idea central de mi marca Soy Fascinante: hay que pararse a pensar cada mañana, antes de salir, qué te sienta mejor para ese día tan especial. Esto es importante siempre, pero se vuelve aún más relevante cuando ya no tenemos la figura y la piel de los veinte años. Merece la pena dedicarnos un poco más de tiempo.

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Y cuando una se dedica ese tiempo se conoce mejor: sabe lo que le sienta mal y lo que le sienta mejor, tiene sus looks más estudiados. Casi siempre esto se traduce en enseñar menos pierna, menos brazo, no enseñar el ombligo y cuidar bien lo que se muestra de hombros y escote. Cada una tiene sus propios atractivos, y vale la pena pensar cuáles son y cómo realzarlos.

Esto va con independencia de la altura o la talla que tengas. Siempre es así. Pero se vuelve todavía más útil si no eres muy alta o si tu cuerpo ya no es el de antes.

Por eso diseñé los vestidos de Soy Fascinante poco entallados y deliberadamente largos, donde los largos estilizan y alargan la figura sin necesidad de apretar. Es puro impacto visual. Pensé también en enseñar poco brazo (como mucho, algo de antebrazo) y en cuellos que acompañen el conjunto sin dirigir toda la atención hacia una sola zona. No se trata tanto de ocultar como de saber dónde poner el foco.

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A veces veo a mujeres con muy buena figura y buena piel que, sin darse cuenta, terminan resaltando justo lo que menos las favorece por no pararse a pensar un poco. Y me da pena, porque con un poco de reflexión el resultado podría ser mucho mejor.

Lo dejo aquí. Iré profundizando en estos temas más adelante porque mi misión es ayudarte a dedicar el tiempo que mereces en ti, a salir cada mañana como más te convenga, y a recordar que tu experiencia y tu actitud son, en el fondo, lo verdaderamente fascinante.

Gracias por leerme, y me encanta leer tus comentarios. Cada vez más clientas me escriben con opiniones y también con desacuerdos sobre lo que escribo, y eso me resulta muy enriquecedor. No te extrañe que en próximos artículos matice o incluso cambie alguna de mis ideas.

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