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El estilo de Margarita Ruyra

Mis pendientes, ‘ayudantes’ de mi estado de ánimo

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Pendientes Cabouchon Max Aguamarina. SOY FASCINANTE.

Hace unos días, cuando estaba acabando de arreglarme para acudir a una cena, abrí el cajón de la cómoda donde guardo los pendientes que últimamente me vengo poniendo más a menudo; y me quedé mirándolos durante un buen rato. Tuvo que sacarme de mis pensamientos mi marido con su habitual «¡otra vez vamos tarde!».

Y es que algo que en un principio iba a ser breve, acabó convirtiéndose en una especie de repaso de recuerdos. Tengo una colección de pendientes divididos en varias cajas. De vez en cuando paso pendientes de una caja a otra para tener juntos (en un contenedor visible) aquellos que me pongo más a menudo en esta temporada. Pues los materiales de los pendientes de invierno no son los más adecuados para meterse en el agua, ni los accesorios de colores fríos resultan los más adecuados para looks de la primavera y el verano. Pero bueno, este asunto ya te lo comentaré otro día.

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La caja que he colocado más a mano contiene los últimos pendientes que me he comprado en ES FASCINANTE, algunos que coleccioné a lo largo de los años, unos pendientes damasquinados por los Zuloaga que me regaló mi suegro… Y por último, dos que heredé de mi madre y me pongo a menudo; alguno lo heredó ella de nuestras antepasadas. Al probármelos frente al espejo siento nostalgia e incluso cierta emoción porque representan un siglo de mi familia. Pendientes elegidos y heredados; cómo ha evolucionado mi gusto a lo largo de los años.

Vengo coleccionando bastantes pendientes, no todos de gran valor económico. Me encanta seguir comprándolos. Desde hace tiempo compro pensando también en mis cinco nietas, pues tengo la intención de írselos regalando progresivamente. Pues igual que los pendientes de mis antepasadas me recuerdan a ellas, y me sirven de inspiración, yo espero que mis nietas guarden y aprecien los pendientes que les vaya regalando y estos les sirvan de referencia.

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En mi colección los hay de todos los tipos: bisutería de buena calidad, combinaciones con oro, plata, piedras raras… Ahora que reúno todos estos pensamientos, me doy cuenta de que esta colección es posible que sea una de las más reveladoras de mi identidad. De cómo fui y de como soy; así como de mis criterios para elegir un pendiente concreto para un día concreto. Hay días en que estoy activada para conseguir algo, en que quiero encajar de alguna manera mi look, hay otros en que me acuerdo de mi madre y la quiero llevar conmigo todo el día…

Un poco de historia

Y ahora que me he puesto a escribir, me doy cuenta de que dicha caja tiene también cierto sentido etnológico, ancestral, pues me ayuda a entender la historia de cómo nos hemos peinado, cómo nos hemos vestido y cómo nos hemos mirado las mujeres de mi familia durante todo un siglo.

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Investigo en internet y descubro que el pendiente es probablemente el único adorno que nos ha acompañado ininterrumpidamente desde los sumerios hasta hoy. Os resumo: los aros de oro de las tumbas reales de Ur, en la Mesopotamia del 2500 a.C., son los primeros pendientes documentados. Después llegaron los egipcios con sus colgantes de lapislázuli; los griegos helenísticos, capaces de tallar en oro un Ganímedes diminuto que el Museo Metropolitano de Nueva York conserva como una pieza maestra; y las matronas romanas costumbraban a colgarse unas perlas tan caras, hasta que un escandalizado Plinio el Viejo las llegó a criticar en uno de sus escritos.

Este aderezo, como todo lo humano, también tuvo sus detractores y sus crisis. En la Edad Media llegaron a ser condenados por la Iglesia; pues encontraba que podían contribuir en exceso a la belleza femenina, fomentando la atracción sexual. Por eso, los confesores instaban a las señoras de la época a que prescindieran de ellos, o a que los escondieran debajo de sus toquillas. Y como los clérigos eran menos críticos con los broches, estos ganaron protagonismo en los atuendos femeninos.

Los siglos del Renacimiento lo fueron también para los pendientes. Ya sabes que varios de los Papas de aquellos años fueron muy mujeriegos, lo que propició que la Iglesia fuera mucho menos estricta en materia de estética (y de sexo). Por eso retrocedieron las tocas, y con el regreso de los peinados recogidos también resurgieron los pendientes. Por ejemplo, recuerda la perla con la forma de lágrima que cuelga del lóbulo de la muchacha maravillosamente pintada por Vermeer. Una imagen icónica de este renacer. Me encanta.

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Nosotras y los pendientes

El pendiente es la inversión más ‘agradecida’ de cuantas vengo haciendo. No solamente por transmitirme los recuerdos y sentimientos que acabo de comentar. También por sus condiciones únicas: pesa poco, ocupa muy escaso espacio en el cajón, te lo pones y te lo quitas rápidamente, puedes llevar encima algo de gran valor económico sin llegar a aparentarlo… Es lo más polivalente que tengo.

También tiene una gran pega. Te lo pueden robar o tomar prestado durante bastante tiempo sin que te des cuenta; hace años me ocurrió eso. La solución es no tenerlos amontonados en saco ni en una caja cuadrada; conviene tener una caja o exhibidor que te permita tenerlos todos a la vista. Esta es una inversión imprescindible para todas las que los coleccionamos. Además, ayuda a poder verlos y disfrutarlos mejor y agilizar la tarea matutina de ir probándote hasta que decidas cual te viene mejor para ese día.

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No me cansaré de repetirte que nuestro primer deber es querernos y cuidarnos. Y que, por eso, debemos dedicarnos el tiempo necesario. El ritual de probarnos varios pendientes frente al espejo es algo que hay que hacer conscientemente: una inversión en nosotras mismas. Y disfrutarlo; aunque sean treinta segundos.

Escogiendo ahora pendientes que me fascinan

En Es Fascinante hemos ido reuniendo, poco a poco, a las joyeras y joyeros españoles que mejor entienden el oficio del pendiente. Cito algunos de los que más me pongo actualmente: SOY FASCINANTE, M de Paulet, Gold & Roses, Coolook, Clara & Beth, Joaquin Blanco, DELÓPEZ by La Morenita.

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