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El estilo de Margarita Ruyra

El lujo silencioso de Margarita Ruyra

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El lujo silencioso es lo opuesto a lo que todos entendemos por lujo. Dado que me haces el honor de estar leyendo esto, intuyo que mi experiencia y mi elección coincidirán en algo con las tuyas; y, por ello, no se ajustan a lo que actualmente se entiende por ‘lujo’. Vamos a ver si es así…

Como casi todas las palabras con solera del castellano, la palabra ‘lujo’ proviene del latín. Concretamente, del término luxus. Este vocablo lo empleaban los antiguos romanos para expresar ‘exceso’ o ‘desviación’ (respecto de lo habitual). Por lo tanto, con ella se trataba de expresar lo llamativo. Y por eso, a diferencia de palabras como ‘legendario’ completamente desvirtuadas por su mal uso y abuso, la voz ‘lujo’ se sigue empleando de un modo conforme a su sentido original.

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Como sabes, la mayoría de la gente tratamos de producir una determinada impresión en los demás. Este es el motivo de que nos compremos y pongamos ciertas ropas, complementos, joyas… de unas determinadas marcas. Si sus logotipos,  por notoriedad, reputación y precio, se consideran símbolos de lujo, esto significa que reúnen la característica de enviar un mensaje visual a quien los ve: «tengo dinero para comprarme esto, pudiendo haber adquirido algo con parecida funcionalidad y a inferior precio».

¿Y porqué vamos a comprarnos algo de precio superior solo por el mensaje de poderío económico que conlleva? Por varias razones, generalmente asociadas a que deseamos ser miradas, admiradas, valoradas, respetadas… porque lo que opinan los demás importa. Y mucho. Por eso cuidamos nuestro aspecto, dedicándole tiempo y dinero.

Pero ¿es necesario mostrar ‘capacidad económica’ para conseguir producir esa impresión positiva? En muchos casos, posiblemente sí. Pues, desde hace siglos, la capacidad económica está asociada a valía personal, a felicidad, a estatus social, a éxito.

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La cuestión es cuanto valor tienen hoy en día las marcas de lujo. Actualmente es uno de los asuntos más polémicos en las redes y en la prensa. Por eso, posiblemente, hayas visto algún contenido en Instagram sobre este asunto, pues hay muchos y muy buenos. A ver que te parece este... Sin ánimo de ser exhaustiva la idea principal es que ha habido tal aumento de productos de lujo que ya están dejando de resultar exclusivos. Pues cuando algo lo tiene mucha gente ya no resulta raro y escaso.

Otro problema de las marcas de lujo es que quienes las compran y las exhiben continuamente son personas que, si bien han adquirido la capacidad adquisitiva, lo que todavía no tienen es el buen gusto. Me explico, los que se exhiben objetos con logotipos de lujo de forma improcedente: combinando mal o llevando lo lujoso de forma inapropiada. Creo que no hace falta que te de ejemplos, porque ya tienes tu muchos en tu memoria y sabes a que me refiero.

Por eso, el lujo cada vez se asocia menos a los objetos, que cualquiera con dinero suficiente puede adquirir, en favor de los entornos sociales. De ahí la moda de los clubs privados de difícil acceso, los viajes de grupos de personas selectos, las reuniones y visitas a sitios cerrados habitualmente al público, el acceso a determinadas personalidades… Se trata de eventos en los que resulta imprescindible un vínculo previo con esos ‘porteros’ del buen gusto o lo exclusivo.

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Si ya has llegado a esta altura del texto posiblemente has deducido que te está escribiendo una antigua profesora, lo cual es verdad. Bien, pues paso a contarte lo que yo entiendo por lujo silencioso.

Para empezar, aparco las opiniones que vengo viendo en Instagram y me pronuncio por una tesis contraria a las generalizaciones. Pues para mi el lujo silencioso depende mucho de la situación personal de cada una.

Por ejemplo, uno de mis lujos silenciosos más queridos es ir a una casa que tengo en un pequeño pueblo de Burgos. Al final de una carretera. Sin tráfico ni ruidos. Con dos vecinos durante la semana. El silencio, la quietud, la fuerza arrolladora de lo natural… me trasladan a otros siglos, me identifican con mis antepasadas (ayudándome a sentir como ellas). Consigo una desconexión total y lo encuentro algo único. Algunas personas que saben de que lugar se trata se extrañan, preguntándome: ‘¿qué le encuentras a ese sitio?’: no es monumental, ni popular, hay que viajar… Pues lo que te he escrito: valoro mucho la 'vuelta a lo primitivo y natural'.

En cambio, alguna amiga de dicha comarca, buscan experiencias lujosas de sentido opuesto. Pues van a la ciudad a sumergirse en la vorágine y disfrutar de la misma. Y con una agenda meditada y reservada con antelación. Es una ‘pueblerina’ que asiste a más funciones teatrales y visita más museos que algunas de mis amigas ‘ciudadanas’. Con ejemplos como este, la estigmatizada expresión ‘pueblerina’ resulta equívoca; pues las hay cultas y muy al día.

En general entiendo por lujo silencioso lo que me cambia la rutina y me ofrece un tiempo de calidad. Cualquiera que sea esa rutina. Para mí, las rutinas, de resultar excesivas, adormecen, empobrecen, incluso envejecen…

Otro lujo silencioso cotidiano es tomarme el tiempo para elegir mi atuendo cotidiano. Reflexionar acerca del día que me espera, las personas que voy a encontrarme, mis objetivos… me ayuda mucho a disfrutar cada jornada. Tampoco es que lleve más de cinco minutos. El aspecto contribuye bastante (o mucho) a que el día vaya mejor. Por ello me detengo a hacer mi repaso visual por mi armario, mi combinación de prendas delante del espejo, la elección de zapatos y otros complementos… es una primera actuación que no estoy dispuesta a realizar como trámite, sin premeditación. Me parece que salir como una quiere es una excelente forma de comenzar el día.

Esta selección del look cotidiano tiene también un aspecto un tanto endiablado, pues pone de manifiesto esas piezas que he visto en una tienda , o en Instagram, y todavía no he comprado. A menudo, cuando me miro en el espejo y no acabo de encajar mis opciones, pienso: ‘Me falta tal pieza’… y ya estoy tomando la decisión de adquirirla.

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El problema con que nos encontramos las que nos gusta disfrutar de unos minutos eligiendo nuestro aspecto es que cuanto más pensamos y disfrutamos con la estética, más ideas se nos ocurren, y más ganas tenemos de aumentar nuestro armario. Yo soy muy, pero que muy aficionada a combinar cada día, y a arriesgar, con lo que tengo; pero hay tantas piezas apetitosas por ahí… una aumenta y aumenta el armario. Este se ha convertido en una colección, unas prendas y complementos que representan una vida.

Lo que más me alegra es que cuando repaso visualmente mis prendas, reparo en que las suelo elegir con bastante frecuencia. Hay pocas arrumbadas en una esquina. Por ello, pensé bien cuando las compré.

Y recibe un abrazo de Margarita.

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