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Surcado por el río Ter: el pueblo medieval de Girona con un impresionante monasterio románico

Esta localidad catalana enclavada entre montañas presume de tener una abadía milenaria y un pintoresco puente sobre el río Ter.
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Esta localidad catalana enclavada entre montañas presume de tener una abadía milenaria y un pintoresco puente sobre el río Ter.

El alma de esta cuidada localidad es un legendario monasterio situado en el hermoso valle de Sant Joan a orillas del río Ter, en plena comarca del Ripollés. El municipio de Sant Joan de les Abadesses fue sede de la institución civil con la que los carlistas trataron de organizar su propio Estado rival. 

Esta pequeña localidad de Girona tiene atractivos para pasar en ella todo un día. Además del excelente monasterio que le da nombre, existen varios puentes, templos y un interesante palacio, sin dejar atrás el curioso centro de interpretación del Conde Arnau. Muy cerca está el Parque Natural de los Volcanes de la Garrotxa, donde pueden disfrutarse de múltiples actividades de turismo activo.

Otra excursión próxima es a la ciudad de Olot, situada pocos kilómetros al sur, dentro de ese mismo parque. Entre las bellas e inmaculadas poblaciones situadas en las inmediaciones, en las que se puede pasar media jornada de excursión, mencionamos BesalúRipollCamprodón.

El pueblo que nació de un monasterio

Monasterio de Sant Joan
Abadía de Sant Joan. | Shutterstock

La historia de Sant Joan de les Abadesses es amplia e interesante. El conde Wifredo el Velloso fundó la abadía de Sant Joan en el 885 para acoger a su hija, Emma, que sería su primera abadesa. Sujeta a la regla de la Orden de San Benito, se fueron acumulando indicios de prácticas sexuales por parte de algunas de sus monjas. Después, en el año 1017, la comunidad se dispersó por decisión del Papa.

Las monjas fueron reemplazadas por los monjes agustinos, que mantuvieron la importancia del lugar. Aquellas conductas escandalosas tuvieron por efecto alimentar la leyenda del conde Arnau, personaje demoníaco al que las monjas supuestamente trataron de resistirse incluso tapiando las ventanas. Pero este llegaría al extremo de excavar un pasadizo de diez kilómetros para conectar sus dominios con el convento y así saciar su lascivia.

Al lado del cenobio se fue formando la villa de Sant Joan, en la zona del Raval. Se abandonó más tarde para ocupar una zona próxima de viñedos, rodeada con una muralla protectora. Para promover la población, en 1230 se obtiene la autorización regia para celebrar un mercado.

En 1426 se produce un hecho milagroso, al encontrarse una Sagrada Forma incorrupta en el rostro de una imagen medieval de Cristo, con lo que se empieza a venerar el Santísimo Misterio. Dos años más tarde, se dejaron sentir los devastadores efectos de un seísmo y el monasterio fue destruido parcialmente. A finales del siglo XVI la iglesia se transforma en Colegiata por decisión del Papa Clemente VIII.

Dada la gran influencia del monasterio sobre la zona, la población tenía un ideario muy conservador e intensamente creyente. Tras la invasión de los ejércitos revolucionarios franceses en 1794, durante los años 1810 a 1812 de la Guerra de la Independencia y en las cuatro décadas del siglo XIX, en que tienen lugar las tres guerras carlistas, hubo una intensa actividad guerrillera en la comarca, muy especialmente durante la tercera guerra, cuando fue un bastión del pretendiente.

Al encontrarse la localidad en un territorio firmemente dominado por los carlistas, en julio de 1874, se estableció en esta localidad la sede de una Diputación de Cataluña rival a la gubernamental. Estaba presidida por el comandante general carlista Rafael Tristany. Se trató de un primer paso para establecer instituciones propias. En el siglo XIX, se industrializó la población con fábricas textiles y, más tarde, de cemento. Fue el primer lugar en donde este producto se fabricó en España.

Qué ver en Sant Joan de les Abadesses, una villa medieval repleta de patrimonio

Sant Joan de les Abadesses
Vista del puente de Sant Joan de les Abadesses. | Shutterstock

La visita a Sant Joan de les Abadesses debe iniciarse en el propio Monasterio de Sant Joan (s. XII). El templo posee una única nave y llama la atención por su presbiterio con hasta cinco capillas. Sobresale el conjunto escultórico medieval dedicado al Descendimiento, del siglo XIII.

Igualmente, se custodian varios sepulcros y retablos de época gótica como el de San Agustín, hecho en alabastro. El claustro se levanta justo después del terremoto de 1428. Igualmente, hay reformas del período barroco, como la capilla de los Dolores. A mediados del siglo XIX, la iglesia abacial pasó a ser parroquia.

Desde la segunda década del siglo pasado, el célebre arquitecto modernista Puig i Cadalfalch dirige la recuperación del cenobio, que vuelve a resultar dañado en la Guerra Civil de 1936 al ser asaltado por los milicianos.

Vinculado al monasterio aún se pueden ver las ruinas de la  Capilla de San Miguel de la Enfermería, que daba servicio religioso a los clérigos que no podían ir al culto ordinario.  El asalto de julio de 1936 destruyó la mayor parte de este edificio. Existe también un rico museo, donde se conservan numerosos objetos litúrgicos, pinturas, esculturas y otros bienes artísticos. Destacan en la colección las cruces procesionales, los restos de la antigua sillería del coro, las capas pluviales o los retablos e imágenes medievales y barrocos.

Respecto a lo que ver en Sant Joan de les Abadesses, se debe visitar también el Palacio de la Abadía (ss. XIV-XV), una interesante residencia tardomedieval que adquirió su aspecto final por encargo del abad Arnau. Sobresale su hermoso claustro, que aún presenta sus cuidados capiteles historiados y ahora está dedicado a mostrar el arte más actual.

El edificio también alberga un Centro de Interpretación dedicado al Conde Arnau, personaje mítico del Medievo catalán, objeto de infinidad de leyendas, canciones y mitos. Uno de ellos le sitúa perpetuamente a lomos de su caballo, y transitando sin rumbo los montes de Ripollés. La dedicación industrial textil de Sant Joan puede comprobarse en el Casal Jaume Nunó, localizado en el lugar conocido como El Palmàs.

El casco histórico de la Vila Vella está rodeado por una muralla medieval del siglo XII. De esta se pueden ver una torre de vigilancia y diversos fragmentos dispersos como los que asoman al paseo Conde Guifré y al parque. Por otra parte, en la calle Mayor está la casa donde pasaba temporadas el poeta modernista Joan Maragall. Desde el siglo XIII, el centro de la vida social es la Plaza Mayor, donde tradicionalmente se celebra el mercado.

La villa posee una parroquia del siglo XII dedicada Sant Pol, reformada entre los siglos XV y XVIII. Asimismo, es de interés la plaza que rodea la iglesia, donde hay una fuente y un monumento que recuerda al célebre Conde de Arnau. Muy cerca está el Puente Viejo, originalmente de 1138, pero reedificado en estilo gótico tras el terremoto de 1428. Dicho puente sería de nuevo rehecho tras ser volado en 1939.

La fuerza del río Ter fue suficiente para posibilitar la industrialización de la comarca. Así, es posible seguir el rastro del aprovechamiento hidráulico del mismo en el Ecomuseo El Molino Pequeño. Se utilizó prácticamente desde el Medievo hasta el siglo pasado para la molienda de harina.

Datos prácticos para visitar Sant Joan de les Abadesses

Coordenadas

42º 14’ 10” N, 2º 17’ 12” E

Distancias

Girona 73 km, Barcelona 118 km, Madrid 658 km.

Aparcamiento

Existe un aparcamiento municipal subterráneo en pleno centro de la ciudad.

Altitud

773 m

Habitantes

3375 (2024)

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