A orillas del Mediterráneo: el bonito pueblo pesquero de la Costa Brava donde aún suenan habaneras
La capital oficiosa del Bajo Ampurdán fue señorío de los caballeros del Santo Sepulcro. Estos evitaron durante siglos las incursiones de piratas que sufrieron otras comarcas. Sus costumbres han sido inmortalizadas por los deliciosos textos del escritor Josep Pla. En las siguientes líneas, descubrimos lo mejor que ver en Palafrugell..
En esta localidad costera hay muchas cosas que admirarán al visitante. Por lo tanto, es necesaria al menos una jornada completa para poder disfrutar plenamente de todo lo que ofrece. Si se quiere continuar viajando después de recorrer el municipio, a muy poca distancia se encuentran otras muchas poblaciones de la Costa Brava, algunas de ellas tan interesantes como Pals, Begur o Calonge. También es recomendable acercarse a visitar las Islas Medas, al norte, un lugar perfecto para practicar el buceo.
Palafrugell, un emplazamiento costero habitado desde tiempos prehistóricos
Todo lo que hay que ver en Palafrugell está ligado a su historia. Este solar ya estaba ocupado en el lejano Neolítico, como lo demuestra el dolmen de Can Mina. Los íberos escogieron un promontorio para fundar un asentamiento en el siglo VI a. C., en el enclave conocido como San Sebastián.
En el período romano, desde el siglo II a. C., Llafranc sustituiría a San Sebastián como asentamiento preferido. Así, la villa prospera hasta el siglo IV con sus producciones cerámicas y vinícolas. Del periodo quedan vestigios de villas, una prensa de vino y una bodega.
A partir de la llegada de los visigodos en el siglo V, cobraría importancia Palafrugell, palabra de origen germánico compuesto con la raíz palau (casa fuerte) que la señala como lugar fortificado. El término aparece por vez primera en el año 988. En 1194, el rey Alfonso I de Aragón cede el señorío a la orden militar de los caballeros del Santo Sepulcro. Su priorato de Santa Ana, sito en Barcelona, nombró los administradores de estas tierras hasta comienzos del siglo XIX.
Como el resto de la costa catalana sufrió los ataques piratas a partir del siglo XV. Palafrugell y Vila Seca serían amuralladas y se edificarían a lo largo de los años hasta una quincena de torres de vigilancia costera para comunicar la presencia de invasores. Entre ellas estuvo la Torre de San Sebastián (1441) en Llafranc.
De esta manera, se evitaron los graves saqueos e incendios de otras localidades próximas. Pero la inseguridad retrasó el desarrollo demográfico y económico, pues la amenaza de un desembarco disuadió el establecimiento de poblaciones permanentes y puertos en la costa. En cambio, tenían chozas con barcas de pesca.
En 1638, el ejército del rey alojó a más de trescientos soldados en la localidad, algo de lo que estaba exenta por privilegio real de 1271. El gasto y las incomodidades desembocarían en el motín del 20 de julio, con una represión desproporcionada, que incluyó el incendio y el saqueo.
La Guerra dels Segadors devastó la población. Un desastre agravado por la epidemia de peste de 1652, que causó 230 muertos. A partir de 1705, la sublevación contra el rey Felipe V provocó nueve años de guerra en la historia de Palafrugell, con una nueva invasión francesa en apoyo de la nueva dinastía. Superado el conflicto, se abrió un período de expansión gracias al negocio del corcho y la posibilidad de exportar a América. En la localidad llegaron a existir hasta una treintena de manufacturas a mediados del siglo XIX.
La invasión napoleónica y las guerras carlistas retrasaron el desarrollo de la población, pero esta siguió siendo un referente por su ingente producción de corcho. En 1900 se funda aquí la mayor empresa de España. Tras el declive de la explotación del alcornoque, el municipio fue un pionero centro de veraneantes. Entre estos se encontró el joven literato barcelonés Josep Pla, que magistralmente relató la vida de las gentes y los veraneantes de la comarca.
Qué ver en Palafrugell, villa mediterránea salpicada de patrimonio
La visita a Palafrugell puede comenzar por el yacimiento íbero de Sant Sebastià de la Guarda. Se encuentra ubicado en un alto que se precipita sobre el mar y que permite contemplar todo el litoral del municipio. En este bello enclave destaca la silueta de una torre de vigilancia. Existen otras muchas construcciones que ver en Palafrugell: por ejemplo, el Faro (1857), una pequeña ermita (1707) e incluso una hospedería, de considerables dimensiones y organizada en torno a un hermoso patio.
Dispersos por las alturas del término municipal más cercanas a la costa, están las Torres de Santa Margarita y Can Vilà (s. XVII), de silueta circular. Junto a la Torre de los Moros está Can Borrull (siglos XVI-XVII), que incluye una capilla dedicada a Santa Margarita.
En Palafrugell, la Iglesia de Sant Martí (ss. XV y XVIII) suscita interés por su campanario y, en el interior, se encuentra la Capilla Fonda, cuyo espectacular altar de época barroca se destruyó en 1936. El casco urbano presenta aún fragmentos de sus murallas (ss. XV-XVI), siendo especialmente destacado el arco visible en la plaza Nueva.
En el casco urbano del pueblo está la Fundación Josep Pla. Esta contribuye a divulgar la exquisita obra de este escritor que difundió por el mundo la belleza y las gentes de la comarca. La Fundación Ernest Moratò, situada en el entorno de la iglesia parroquial, se dedica al fomento de las habaneras, género musical en el que el municipio destaca por su importante certamen internacional.
Varias casas notables de Palafrugell llevan asociadas torres fuertes, como Can Boera. En la localidad de Ermedàs se puede contemplar la de Mas Fina. Otra de las construcciones más notables de la industrialización en Palafrugell es el interesante Museo del Corcho, en Can Mario. Permite entender tan importante actividad fabril para un país vinícola como España. El arte contemporáneo catalán, por su parte, tiene su sede en la Fundación Vilà Casas, que tiene instalada en Can Mario su colección de escultura de la segunda mitad del siglo pasado.
Hacia el interior del municipio está Llofriu, bella localidad de arquitectura en piedra tradicional, por la que parece no haber pasado el tiempo. En ella destaca la iglesia parroquial de Sant Fruitós (medieval reformada en el siglo XVIII), cuyo altar mayor también resultó destruido en 1936.
En la costa, a apenas unos kilómetros de lo que ver en Palafrugell, se encuentra Calella. Se trata de un pequeño y pintoresco pueblo de pescadores que se desarrolla desde el cese de los ataques piratas, avanzado el siglo XVIII. Allí está el Jardín Botánico del Cap Roig, que cubre 17 hectáreas y concentra cientos de especies naturales. Este espacio es el espectacular marco donde cada verano se celebra un renombrado festival musical, con la destacada presencia de las habaneras.
Datos prácticos para visitar Palafrugell
Coordenadas
41° 55′ 9″ N, 3° 9′ 55″ E
Distancias
Girona 51 km, Barcelona 126 km, Madrid 723 km.
Aparcamiento
Es recomendable dejar el vehículo en las inmediaciones de las vías de acceso al casco urbano.
Altitud
64 m
Habitantes
24 300 (2024)
También puedes leer este artículo en inglés y en francés.
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