No es Cadaqués: el pintoresco pueblo de Girona que se asoma a Francia a orillas del Mediterráneo
El Cabo de Creus suele considerarse el último suspiro de los Pirineos antes de sumergirse en el Mediterráneo. Sin embargo, más al norte aún se alzan pueblos que conservan ecos de la montaña en diálogo con las aguas transparentes del mar.
Portbou, un pueblo de Girona con espíritu de frontera
El lugar donde acaba (o comienza) la Costa Brava
Portbou es el último pueblo antes de entrar en Francia por la costa mediterránea, pero en su relieve algo abrupto y en lo cristalino de sus aguas se reconoce todavía el carácter de la Costa Brava. La orografía ondulante, último compás de la Sierra de l’Albera y del Pirineo, define a este pueblo de tradición pesquera.
Precisamente la playa, con el característico color gris de sus pequeños cantos, es otra de las señas de identidad de Portbou: una amplia curva de mar, bien resguardada, que ha influido en la vida del municipio tanto o más que su situación fronteriza. Este paisaje peculiar ha mantenido el carácter recoleto del pueblo, que hoy apenas supera los mil habitantes.
Un lugar de paso donde vale la pena detenerse
Portbou no fue un pueblo de frontera hasta mediados del siglo XVII. Aún así, sus pescadores mantuvieron una vida apacible hasta que, en el siglo XIX, se inauguraron el ferrocarril y la estación internacional. Durante décadas, la demora del cambio de vía hacía que multitud de viajeros tuvieran horas para recorrer el pueblo.
Quien cruza la frontera en coche, sin embargo, no puede evitar admirar las vistas desde la sinuosa carretera, que revelan un paisaje sugerente y lleno de vida, iluminado por el sol mediterráneo y, a menudo, sacudido por la tramontana. De hecho, los miradores repartidos por el contorno de Portbou son uno de sus mayores tesoros.
Playas tranquilas y un patrimonio singular
Incluso en pleno verano, las playas de Portbou mantienen un ambiente apacible y nada masificado. Tanto la Playa Gran como las calas y pequeñas playas que ribetean el litoral son una delicia para un baño reposado entre suaves colinas. En otros puntos, la roca forma imponentes acantilados que contrastan con el agua turquesa.
El centro de Portbou mantiene el aire plácido de cualquier pueblo de Girona, pero la gran iglesia neogótica enseguida capta la atención de quien la advierte. Más cerca de la playa, el monumento a Walter Benjamin, que murió aquí, añade otra capa de significado y evoca la relevancia de este paso fronterizo en la historia íntima y colectiva de miles de personas.
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