Las 7 maravillas de Lloret de Mar que hay que ver al menos una vez en la vida
Lloret de Mar es un destino estelar de la Costa Brava gracias a sus playas, pero tiene otros muchos atractivos que lo hacen único. Esto es lo que hay que ver en Lloret de Mar.
Lloret de Mar es un destino estelar de la Costa Brava gracias a sus playas, pero tiene otros muchos atractivos que lo hacen único. Esto es lo que hay que ver en Lloret de Mar.
Lloret de Mar evoca el Mediterráneo acariciando el litoral privilegiado de la Costa Brava, generoso en playas doradas y calas escondidas. Aunque se ha convertido en un destino famoso de sol y playa, sus bazas abarcan también la cultura, la historia y el patrimonio, además de algunos paisajes que enamoran a cualquiera. Pocos municipios hay tan completos como Lloret, así que vale la pena repasar las siete principales maravillas de este paraíso gerundense.
Los esenciales de Lloret de Mar, el esplendor de la Costa Brava
La iglesia de Sant Romà: el encuentro de dos mundos
Paseando por el centro de Lloret de Mar, es imposible no detenerse ante esta singular iglesia. Parece antigua, y lo es, pero hay algo en ella que nos rompe los esquemas. ¿Qué son todos esos colores en los laterales, en esas curiosas cúpulas? El secreto es que la iglesia de Sant Romà es gótica y modernista al mismo tiempo.
Dedicada al patrón de la localidad, la iglesia lleva ahí desde el siglo XVI, levantada en un estilo gótico tan tardío como austero. Pero si hoy llama tanto la atención es por la espectacular intervención realizada en el siglo XX, que añadió dos capillas laterales y mucho, mucho color. Los responsables fueron los indianos regresados de América, que deseaban algo deslumbrante para la iglesia de su pueblo. Y lo consiguieron.
Los jardines de Santa Clotilde, una historia de amor
En 1917, cuando los viñedos cubrían esta zona situada sobre un acantilado, llegó a Lloret de Mar Clotilde Rocamora. Su pareja, el marqués de Roviralta, un enamorado de los jardines italianos del Renacimiento, compró el terreno e hizo en su honor estos fantásticos jardines, que encargó al reputado paisajista Nicolau Rubió i Tudurí. Estamos en la época del novecentismo, cuando Cataluña miraba a Grecia y a la belleza clásica, aunque lo cierto es que los jardines no se acabaron hasta terminada la Guerra Civil.
Santa Clotilde es hoy el espacio definitivo para alejarse del mundo y sumergirse en una belleza que aflora en cada rincón, desde las magníficas vistas sobre el mar hasta la última escultura de las que pueblan los jardines, todas de inspiración grecolatina. El Mediterráneo nos rodea también con el aroma de los cipreses, pinos, tilos y otras especies.
El Castell d’en Plaja, emblema de Lloret de Mar
La imagen de la playa de Lloret de Mar, y casi la de todo el municipio, está íntimamente unida a la de esta peculiar construcción que se eleva junto a una colina. Desde cualquier punto de este tramo de costa, el castillo nos escolta con sus almenas evocadoras y sus arcadas propias de otros tiempos. Será por eso que su imagen ha pasado a ser logotipo del pueblo.
Lo cierto es que el Castell d’en Plaja, a pesar de sus aires góticos, tiene menos de un siglo de historia: lo mandó levantar un fabricante de galletas como símbolo de su prosperidad, en la década de 1930. En su día fue una obra polémica, pero el paso del tiempo ha hecho de ella el mayor emblema de Lloret, un elemento más del bello paisaje.
El litoral, beso salado del Mediterráneo
El paisaje salvajemente hermoso de la Costa Brava deja, en su tramo lloretense, una maravillosa colección de rincones donde enamorarse de ella. Hay playas amplias como la de Fenals, con el viejo Castell de Sant Joan como vigía, o la del propio casco urbano, famosas por su arena dorada y las encantadoras colinas arboladas que las envuelven. Pero una experiencia imprescindible en Lloret de Mar es tomar un camino de ronda y explorar más allá.
Así descubrimos playas de ensueño como Sa Boadella, inconfundible por la gran roca que la parte en dos, igual que la de Canyelles, otro escenario idílico. Las pequeñas calas también son numerosas y reúnen la magia de la roca y el bosque con el mar a sus pies, fragmentos de paraíso donde encontrar calma total bajo el sol.
El cementerio, belleza solemne
Como en otros puntos de la costa catalana de donde partieron los que luego serían conocidos como indianos o americanos, en Lloret de Mar el cementerio es uno de los lugares donde más se deja notar la influencia de estos potentados. Deseosos de hacer perdurar su grandeza en el pueblo de origen, encargaron grandes panteones e hipogeos a los artistas más destacados de la época, los años del modernismo.
Paseando por este lugar tan especial, descubrimos algunos de los mejores ejemplos de escultura funeraria modernista, además de hermosos sepulcros neogóticos, alguno firmado por arquitectos tan destacados como Puig i Cadafalch. El silencio inunda las calles del camposanto, la brisa marina acaricia las opulentas sepulturas y todo en este cementerio se conjura para hacernos reflexionar.
Sorpresas en el bosque: el santuario de Sant Pere del Bosc
Toda la franja litoral de Lloret es un continuo de rincones pintorescos, pero si nos encaminamos al interior, también podemos divisar verdaderas joyas. En mitad de la Serra de Marina, rodeado por un frondoso bosque, nos topamos con un extenso edificio sacado de alguna vieja novela inglesa. Tan monumental como aislado, con trazas neogóticas que apuntan al cielo, el santuario de Sant Pere del Bosc es más que una iglesia.
Documentado desde tiempos medievales, el conjunto fue también abadía benedictina, residencia privada y asilo, gracias a la amplia construcción porticada que rodea la iglesia. Con sus arcos ojivales y el elegante pináculo del campanario, el santuario llena de personalidad todo este sector del término municipal.
Las casas de indianos, una ruta llena de distinción
Además de la iglesia parroquial o el cementerio, la huella de esos hombres que se fueron a Cuba a hacer fortuna es patente en las llamativas casas que dejaron en Lloret a su regreso. Sus mansiones dotaron al paseo Verdaguer y otros puntos de una vistosidad desconocida, con una arquitectura de una calidad inédita.
La estética colonial se funde con el modernismo de la época, y aparecen casas tan notables como la Casa Garriga, actual Museo del Mar, la Casa de Nicolau Font o las llamadas Casitas del Ángel, un abanico de edificaciones a menudo coloristas y fantasiosas, que imprimen en Lloret de Mar un carácter señorial y al mismo tiempo imaginativo.


