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570 km² y 4 valles: así es la bonita comarca escondida en los Picos de Europa

Es un rincón donde la montaña marca el carácter, la naturaleza lo envuelve todo y la tradición se respira en cada pueblo.
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Es un rincón donde la montaña marca el carácter, la naturaleza lo envuelve todo y la tradición se respira en cada pueblo.

Encajada entre las altivas cumbres de los Picos de Europa se oculta una comarca fascinante. Es un pequeño reino donde cada piedra y cada sendero guardan el recuerdo de peregrinos, de viejas leyendas y de tradiciones que se resisten a morir. Sus paisajes, abruptos y conmovedores, parecen adormecidos por la melodía del río Deva que los atraviesa. Sin embargo, esa calma es solo aparente, porque cada mirada despierta mil emociones.

Liébana: cuatro valles que se abrazan

Valdebaró, Cereceda, Camaleño y Cillorigo son los valles que dibujan el alma de esta comarca, oculta entre montañas en un rincón remoto de Cantabria. En Liébana sorprenden los viñedos, los alcornoques, los castaños y los olivos. Crecen bajo un cielo limpio, al abrigo de la muralla natural que abraza estas tierras y las regala un microclima tan generoso como inesperado.

Esa muralla fue también frontera a lo largo de la historia. Liébana permaneció durante siglos aislada del mundo, moldeando un carácter sereno y firme, profundamente apegado a la tierra. Este es un territorio de silencios que invitan a la contemplación de una naturaleza esplendorosa y de rincones donde la espiritualidad se talló en piedra.

Pueblos tradicionales con encanto

Mogrovejo
Mogrovejo, uno de los bellos pueblos de la comarca. | Dreamstime

Cada uno de los pueblos de montaña que salpican Liébana es un pequeño tesoro. Potes, su capital, seduce con sus vetustos puentes, callejuelas empedradas y balcones que florecen asomados al río Deva. El murmullo del agua acompaña cada paso, mientras que el aroma del cocido lebaniego invita a reponer unas fuerzas que harán falta para continuar el camino.

A pocos kilómetros, Mogrovejo muestra el austero encanto de la arquitectura tradicional de montaña y una vieja torre defensiva que desafía orgullosa al macizo que le hace sombra. Un poco más allá, también las casonas de Espinama o los hórreos de Las Ilces y Luriezo conservan intacto el sabor de la tradición y de una forma de vida donde no caben las prisas.

Un refugio espiritual con siglos de historia

Monasterio de Santo Toribio de Liébana
Monasterio de Santo Toribio de Liébana. | Shutterstock

La serena belleza de los paisajes y la atmósfera de recogimiento hicieron de esta comarca un refugio espiritual. Su corazón es el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, guardián del Lignum Crucis, el mayor fragmento conocido de la cruz de Cristo. Sus muros custodian otro secreto: aquí, el Beato de Liébana plasmó en pergamino una fascinante visión del Apocalipsis, cuya fuerza y simbolismo siguen cautivando. 

También resisten al tiempo otras joyas de la arquitectura religiosa, como la iglesia mozárabe de Santa María de Lebeña o la románica Santa María la Real de Piasca. Y es aquí donde el Camino Lebaniego comienza su recorrido, entre valles y silencio, hasta fundirse con ese otro camino que lleva a Santiago de Compostela.

Los espectaculares paisajes de Liébana

Fuente Dé, en Liébana. | Shutterstock
Fuente Dé, en Liébana. | Shutterstock

Los Picos de Europa despliegan en Liébana toda su grandiosidad. Dibujan un espectáculo natural de lagos glaciares que reflejan la desnuda belleza de las cumbres, de hayedos que en otoño se tornan mágicos y de collados donde el viento acaricia al caminante. 

La conexión natural de Liébana con el resto del mundo es el profundo desfiladero de La Hermida, cuyas paredes alcanzan en algunos puntos 600 metros. El contrapunto a ese abismo es el vertiginoso teleférico de Fuente Dé, que permite alcanzar sin esfuerzo un mirador ante el que se abren las vistas más sobrecogedoras de Liébana, una comarca con alma propia.