Los desconocidos pueblos del Valle de Boí, uno de los secretos mejor guardados del Pirineo
El Valle de Boí, perteneciente a la comarca de Alta Ribagorza en Lleida, es un destino que cautiva a primera vista. Este rincón del Pirineo catalán alberga una colección de lugares que parecen sacados de un cuento medieval, alguno de ellos entre los más bonitos de la provincia leridana.
Con sus calles adoquinadas y casas de piedra, estos núcleos rurales invitan a dejarse llevar por la paz y la tranquilidad de un modo de vida diferente.
Los pueblos de ensueño del Valle del Boí
Barruera: la puerta del valle
Considerado como la capital de la zona, Barruera da la bienvenida a los pueblos del Valle del Boí con su inmaculado encanto rural a orillas del río Noguera de Tor.
La iglesia románica de Sant Feliu, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es el principal atractivo de un municipio que conserva tradiciones como la feria de ganado o el concurso de dalladores a mano.
Boí: el corazón histórico
El municipio que da nombre al valle es un verdadero tesoro arquitectónico. Su casco antiguo, con restos de murallas medievales, rememora la importancia estratégica que tuvo en el pasado y que ha quedado plasmada en la espectacular iglesia de Sant Joan, otra joya del románico Patrimonio de la Humanidad.
Boí también alberga la Casa del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, el único parque nacional de Cataluña.
Taüll, el portal de la Vall
Este pueblo pintoresco presume de tener dos iglesias románicas, las de Santa María y San Climent, ambas Patrimonio de la Humanidad y cada una a un lado del barranco de Remediano que divide su núcleo urbano embellecido con casas de piedra oscura.
Al tratarse del principal punto de acceso al Parque Nacional de Aigüestortes, es un gran reclamo para los visitantes que buscan naturaleza y deportes de nieve, ya que se encuentra muy cerca Boí Taüll, una de las mejores estaciones de esquí de España.
Durro: un balcón sobre el valle
Encaramado en las alturas, Durro ofrece vistas panorámicas impresionantes del Valle de Boí y es considerado por muchas personas como uno de los pueblos más bonitos de España.
La conservación de su atmósfera rural, plasmada en la estética medieval de sus calles y construcciones, aumenta un atractivo turístico ya de por sí consolidado por la iglesia de la Natividad y la ermita de Sant Quirc, ambas Patrimonio de la Humanidad.
Erill la Vall: guardián del románico
Erill la Vall es hogar de otra de las iglesias románicas que forman parte del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad de esta zona: la de Santa Eulàlia.
El estilo medieval también predomina entre las estrechas calles empinadas y adoquinadas de esta pequeña población en la que respirar la tranquilidad del Pirineo leridano.

