Más de 10 000 hectáreas y 3162 hm³: así es el segundo embalse más grande de España
Algunas obras humanas parecen querer competir con la naturaleza en grandiosidad. Es el caso de este embalse, un mar interior en el corazón de la península.
Algunas obras humanas parecen querer competir con la naturaleza en grandiosidad. Es el caso de este embalse, un mar interior en el corazón de la península.
En medio de un delicioso paisaje ondulado, en el que la roca se viste de verde durante gran parte del año, se abre una enorme masa de agua. El río, poderoso ya antes de llegar a este punto, expande su fuerza hasta llegar a unas proporciones que nos dejan sin palabras. El espectáculo es tan impactante como la capacidad humana de modelar el entorno natural.
Un mar creado por la ingeniería
Sus cifras son de tal magnitud que apenas permiten hacerse una idea. Lo mejor es acercarse a ver esta obra colosal en un río impresionante de por sí, el Tajo, y en una tierra que lo tiene todo para enamorar. Se trata del embalse de Alcántara, en Cáceres.
El nacimiento del embalse de Alcántara
La imagen de Franco inaugurando pantanos es de las que mejor definen el desarrollismo de los años sesenta en España, una época en que las autoridades trataban de impulsar el país con, entre otras cosas, obras de ingeniería que proporcionasen energía eléctrica. En ese contexto, en 1969, se finaliza el embalse José María de Oriol-Alcántara II, más conocido como el embalse de Alcántara, que fue entonces el segundo mayor de Europa.
La presa cuenta con una central hidroeléctrica junto a la mole de hormigón, un llamativo contraste con el paisaje de alrededor. Las 10 400 hectáreas inundadas se alargan durante 91 kilómetros, en un verdadero mar extremeño que rivaliza con otro, el de La Serena, el mayor de España.
Historia y emociones a la orilla del pantano
El de Alcántara no es solo un pantano que admirar por su enormidad, sino que está lleno de posibilidades para una visita. Además de las sendas y miradores que se reparten alrededor, existen instalaciones que permiten hacer deportes náuticos y meterse, literalmente de cabeza, en esta maravilla.
El patrimonio de la zona no es menos brillante, con el famoso puente romano de Alcántara, a escasos 600 metros. También se encuentra en las inmediaciones el Convento de San Benito de Alcántara, restaurado en su día para que vivieran los ingenieros de la presa. Por la zona, además, se oyen los ecos de una de las grandes órdenes militares españolas, la Orden de Alcántara.
El encanto de los damnificados
Algunas construcciones históricas se vieron afectadas por el embalse, pero le dan hoy un encanto paisajístico singular. Es el caso del Castillo de Floripes, cuya torre se yergue todavía entre las aguas, o del puente romano de Alconétar, uno de los puentes segmentados más antiguos del mundo, que tuvo que ser reubicado.
Sin embargo, hubo también monumentos que no pudieron salvarse, como la sumergida ermita de Nuestra Señora del Río. En este caso, se levantó una nueva en 1971. Este rincón extremeño cambió para siempre, pero hoy es una visita que no deja de sorprender.

