Casi sumergido en un embalse: así es el pueblo en un parque natural de Asturias que poca gente conoce
Las aguas prístinas de un pequeño embalse reflejan la belleza del interior de Asturias. Es uno de esos rincones poco conocidos que regala el principado, pero que seducen a primera vista. Un racimo de casas desafía a esas aguas y dibuja un pueblo diminuto que vio cómo su vida cambiaba con la construcción de la obra hidráulica, pero que se negó a desaparecer.
Tanes, reflejos de tranquilidad
Medio siglo después de su construcción, ese embalse que se llevó una parte del pueblo se integra en un paisaje idílico. A su orilla, Tanes se mira en él, mostrando la autenticidad y sencillez de esa vida rural que pasa despacio.
Casas de piedra con balcones de madera y algún que otro hórreo acompañan en un paseo breve, pero que se disfruta cada segundo, entre el frescor del embalse y el verde del Parque Natural de Redes que envuelve a Tanes.
Un poco más allá se descubre la colegiata de Santa María de Tanes. Es un bonito templo de origen medieval, aunque el tiempo, los gustos y las necesidades han modificado su aspecto original. Lo que no ha cambiado es la calma que lo rodea, rota solo por el murmullo de la vegetación y el movimiento de las aguas del embalse a sus pies.
Rutas en el Parque Natural de Redes
Ese entorno maravilloso vestido de hayas y robles, de montes y desfiladeros que es el Parque Natural de Redes se puede descubrir a través de diversas rutas que parten de Tanes. No muy lejos se esconde un lugar mágico, la cueva Deboyu, en la que el río Nalón se pierde para aparecer 200 metros más allá.
Hay que seguir el curso de ese río para llegar a Veneros, donde un Museo de la Madera recuerda la importancia de la tradición maderera en la comarca. Mientras, al otro lado del embalse, espera una experiencia diferente, la que propone la Ruta del Alba, una evocadora sucesión de cascadas y pozas donde el protagonista es este pequeño río.
Por tierra y también por agua
El ambiente apacible de Tanes invita a la tranquilidad, a conectar con la naturaleza y a disfrutar de un auténtico paraíso natural a pie o en bici de montaña. También se puede hacer sin mover las piernas, lo que va más allá de la simple contemplación del paisaje, a pesar de que sea una posibilidad no carente de atractivo.
Aunque el calor apriete y la tentación sea grande, en las gélidas aguas del embalse no está permitido el baño. Sí se pueden practicar algunos deportes acuáticos, como piragüismo y kayak, lo que da una oportunidad magnífica de disfrutar de las fabulosas vistas que rodean Tanes.
Un broche final muy sabroso
Después del esfuerzo solo quedará reponer fuerzas. Para ello, nada mejor que probar las delicias gastronómicas de la zona, tan contundentes como deliciosas. Los potes, la carne de vacuno y la trucha son los grandes protagonistas.
También hay que probar el queso Casín. Es uno de los quesos más antiguos de Europa y tiene denominación de origen. Esconde un pequeño secreto que no vamos a desvelar, aunque sí daremos una pequeña pista: tiene un sabor que a nadie deja indiferente.