Al pie de los Picos de Europa: el pequeño pueblo de Cantabria que conserva castaños centenarios
En una ubicación privilegiada a los pies del macizo oriental de los Picos de Europa, una pequeña localidad cántabra acumula razones para entrar en el radar turístico por la exquisita combinación de belleza paisajística, patrimonio histórico, tradición y gastronomía que solo atesoran los rincones más apartados y llenos de magia del norte de España.
Pendes, a medio camino entre la montaña y el valle
La localidad de Pendes pertenece al municipio de Cillorigo de Liébana, uno de los tres enclaves de la comarca lebaniega incluidos en el Parque Nacional de los Picos de Europa. Situada entre las cumbres de este bello conjunto montañoso y el extenso y frondoso valle que forma el río Deva, Pendes alberga uno de los mayores tesoros naturales de Cantabria: un bosque de castaños de gran valor histórico y ecológico con unas vistas que cortan el aliento de cualquiera que se acerque a disfrutar de sus majestuosos troncos centenarios.
El Habario y las tradiciones de un valle
El atractivo que más visitantes atrae a este pueblo cántabro es el Habario de Pendes, uno de los conjuntos de castaños más antiguos e importantes del país. Sus más de 200 ejemplares centenarios, de imponentes dimensiones, conservan la esencia y el legado cultural de una comarca ligada al castaño, que ha usado su fruto como alimento, su madera como herramienta y material de construcción y la sombra protectora de sus brazos retorcidos como refugio.
También hay quienes acuden al castañar de Pendes a disfrutar de sus poderosas vistas. Situado bajo el imponente perfil de la Peña Ventosa, una de las cumbres más bonitas de los Picos de Europa, cuenta con un mirador que permite admirar el Desfiladero de la Hermida, el más grande del país. Un entorno inigualable donde emocionarse bajo la atenta mirada de los buitres leonados que surcan los cielos y los colirrojos que observan, curiosos, desde las ramas de los castaños.
Las otras virtudes de Pendes
Más allá de su fantástico castañar, Pendes alberga otro puñado de razones para acercarse a pasear por sus calles, desde casonas blasonadas con siglos de historia como la Casa Torre, al templo románico de Nuestra Señora de la Batalla Naval, que conserva una imagen de la Virgen del siglo XVI.
La esencia de Cantabria se refleja también en su gastronomía. No se puede abandonar Pendes sin probar las bondades de su orujo, su miel y, por supuesto, llevarse en la maleta un buen quesuco de Liébana.
Pendes y su castañar forman parte del Camino Lebaniego, un ramal del Camino de Santiago que une el Camino del Norte con el Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Además de esta ruta de peregrinación, la comarca de Liébana ofrece una interminable colección de atractivos, como el casco antiguo de Potes, la iglesia prerrománica de Santa María de Lebeña, la aldea de cuento de Mogrovejo o Fuente Dé y su vertiginoso teleférico para subir a los Picos de Europa.
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