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Regado por 2 ríos: el pueblo con hórreos por descubrir en los Picos de Europa

En el corazón de los Picos de Europa hay un pueblo donde los hórreos se asoman a los ríos y la vida transcurre al ritmo de los senderos, las brañas y el sonido del agua.
Puente sobre el río Nevandi en Espinama.
En el corazón de los Picos de Europa hay un pueblo donde los hórreos se asoman a los ríos y la vida transcurre al ritmo de los senderos, las brañas y el sonido del agua.

Desde la cima del pico de La Gobia se observa, en el fondo del verde y estrecho valle de Camaleño, en Cantabria, un pueblo de montaña que se abre paso entre laderas cubiertas de bosque y prados.

Casas de piedra y tejados rojizos se reparten a ambos lados de los cursos de los ríos Deva y Nevandi, cuyas aguas descienden claras y frías entre muros de piedra y pequeños puentes.

El bonito pueblo de los hórreos

La carretera que trepa por el valle va dejando atrás aldeas de la comarca de Liébana como Mogrovejo o Pembes hasta llegar a Espinama. Esta pequeña población se ha ido adaptando a las condiciones montañosas durante siglos y dibuja diferentes caminos en busca de las cumbres de la Cordillera Cantábrica.

Hórreo de Espinama
Hórreo de Espinama. | Vanbasten 23, Wikimedia

Con una vida tradicional ligada a la ganadería, un puñado de hórreos aún permanecen elevados sobre pilares de piedra o madera para seguir manteniendo a salvo de la humedad las cosechas o los aperos después de duras jornadas de trabajo en las brañas que se reparten por los alrededores.

Las calles del pueblo, con los colosos graníticos de Picos de Europa como testigo, mantienen intacto el espíritu rural de estas tierras, representado por sus casas tradicionales con escudos en las fachadas, balconadas de madera y tejados artesanales.

Dos iglesias que narran el paso del tiempo

Llama la atención que en este pequeño pueblo cántabro haya dos templos religiosos. Por un lado está la “vieja iglesia” de San Vicente Mártir, de estilo renacentista del siglo XVI y muy deteriorada tras su cierre al culto en los años 60 del siglo pasado.

Y por otro la moderna iglesia parroquial, dedicada también a San Vicente. Un edificio de arquitectura vanguardista en piedra con un peculiar campanario y que se integra a la perfección con el paisaje de montaña a su espalda.

La puerta alta a los Picos de Europa

Puente sobre el río Nevandi en Espinama.
Puente sobre el río Nevandi en Espinama. | José Luis Filpo Cabana, Wikimedia

La antigua «Cuadra del Toro» acoge hoy en día el Centro de Interpretación de la Montaña de Espinama. Se trata de un museo que recorre la memoria de los valles de Liébana a través de herramientas de minería, cencerros del pastoreo y fotografías que muestran un pasado ligado a un terreno fértil pero escabroso.

Sus picos y brañas han pasado en su mayor parte de ser instrumentos de un modo de vida a escenario de bonitas rutas de senderismo que llevan a las Invernales de Igüedri, a los Puertos de Áliva, sin necesidad de coger el teleférico de Fuente Dé, o por algunos de los bosques de acebos de la zona. Después de la caminata, nada mejor para recuperar fuerzas que el típico cocido lebaniego.

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