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De fortaleza a prisión: la mayor fuga carcelaria de España ocurrió en el monte Ezkaba.

En Pamplona se conserva un antiguo fuerte que condensa la memoria trágica de los años 30 y 40 en España. Hoy es un lugar donde revivir la historia del s. XX.
Fortaleza de San Cristóbal, Pamplona. | Shutterstock
En Pamplona se conserva un antiguo fuerte que condensa la memoria trágica de los años 30 y 40 en España. Hoy es un lugar donde revivir la historia del s. XX.

El monte Ezkaba ha sido durante siglos el guardián de la ciudad de Pamplona. Por su altura, de casi 900 metros, es la atalaya ideal desde donde controlar los alrededores de la capital navarra. En el siglo XIX se construyó en él una fortaleza militar, que quedó obsoleta muy pronto. Los dramáticos episodios vividos entre sus muros en las décadas siguientes la convirtieron en uno de los lugares de memoria más sobrecogedores de España.

EL FUERTE DE SAN CRISTÓBAL, SÍMBOLO DEL SIGLO XX

Llamado oficialmente Fuerte de Alfonso XII, por haber sido construido bajo el reinado de ese monarca, siempre ha sido más conocido como Fuerte de San Cristóbal, por el nombre tradicional del cerro. Basta detenerse ante sus muros imponentes para percibir la dureza de su historia. Un espacio marcado en la memoria de muchos navarros.

UNA PRISIÓN DE INFAUSTO RECUERDO

Los robustos muros, los fosos o su emplazamiento en el interior de la montaña poco podían hacer ante los últimos avances militares, como los nuevos proyectiles o la aviación. Por eso, el fuerte de San Cristóbal cambió pronto de uso. Tras unas obras de adecuación, se convirtió en prisión en 1929, primero militar, luego civil y, con la Guerra Civil, una prisión destinada a presos políticos republicanos.

Entrada al fuerte de San Cristóbal. | Wikimedia
Entrada al fuerte de San Cristóbal. | Wikimedia

Al quedar Navarra en zona sublevada, la prisión pronto se llenó de presos republicanos, que afrontaron una situación de hacinamiento y desnutrición alarmante. La mortalidad por tuberculosis y otros males hacía estragos, y las denuncias de los reclusos servían de muy poco. En mayo de 1938 el fuerte albergaba casi 2500 presos, amontonados de manera inhumana. Fue entonces cuando decidieron rebelarse.

LA FUGA DEL FUERTE DE SAN CRISTÓBAL, EL HEROÍSMO DE LA DESESPERACIÓN

La población reclusa del fuerte estaba compuesta en su mayoría por militantes políticos y sindicales, que sufrían frecuentes palizas, hambre y maltrato de todo tipo. Comunicándose en esperanto para no ser entendidos, una treintena de ellos urdieron un plan de huida. El 22 de mayo mataron al vigilante y tomaron las armas. Cerca de 800 presos huyeron como pudieron, la mayoría desarmados y desnutridos.

Fortaleza de San Cristóbal, Pamplona. | Shutterstock
Fortaleza de San Cristóbal, Pamplona. | Shutterstock

Este heroísmo, sin embargo, salió muy caro. Más de 200 huidos fueron abatidos por las fuerzas militares, y el resto detenidos, con fusilamiento para los supuestos cabecillas. Solo fueron tres los afortunados que llegaron a la frontera con Francia. Acabada la guerra, el fuerte se convertiría en hospital penitenciario, sin que mejoraran en absoluto las condiciones. El número de muertos llegó a colapsar los cementerios cercanos, hasta el cierre del penal en 1945.

LA ACTUALIDAD: UN LUGAR DE MEMORIA DEMOCRÁTICA

Después de años de abandono, la fortaleza militar del monte Ezkaba comienza una nueva etapa. Declarado Bien de Interés Cultural en 2001, sus vistas sobre Pamplona siempre han impresionado a quien lo visitaba. Pero pronto volverá a ser posible visitar el interior y revivir su oscura historia. El motivo es que el Estado lo ha declarado oficialmente Lugar de Memoria Democrática, en aras de preservarlo y dar a conocer la historia de aquellos años aciagos.

Monumento homenaje a los fugados del fuerte. | Wikimedia
Monumento homenaje a los fugados del fuerte. | Wikimedia

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