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Maravillas de Pamplona que hay que ver al menos una vez en la vida

Las maravillas de Pamplona nos revelan una ciudad que invita a pasear y descubrir rincones llenos de historia. Un destino indispensable en el norte de España.
Las maravillas de Pamplona nos revelan una ciudad que invita a pasear y descubrir rincones llenos de historia. Un destino indispensable en el norte de España.

Conocida mundialmente por los Sanfermines, Pamplona guarda también un legado cultural y arquitectónico que merece ser explorado con calma. Su rico patrimonio histórico convive con un ambiente dinámico, moderno y muy acogedor.

La capital navarra ha emergido, además, como un referente en el panorama artístico contemporáneo, con galerías, museos y festivales de referencia que van de la mano con los solemnes monumentos que conforman estas maravillas de Pamplona.

Descubriendo el alma de Pamplona a través de sus joyas imprescindibles

La catedral, serena majestuosidad

Catedral de Pamplona
Catedral de Pamplona. | Shutterstock

La catedral metropolitana de Santa María de la Asunción es un verdadero portal al alma de la ciudad, que detrás de su armoniosa fachada neoclásica esconde varias sorpresas. La primera es que se trata de una construcción fundamentalmente gótica, una bella sucesión de ojivas que dirige nuestra atención hasta la imagen de Santa María la Real.

La catedral de Pamplona tiene, además, un rasgo que la hace única, y es la conservación de elementos como la cillería, el refectorio, la sala capitular o la cocina, que en las demás catedrales españolas han desaparecido. Especial atención merece el claustro, una magistral filigrana de tracerías góticas que nos enamoran bajo la atenta mirada de sus gárgolas.

La ciudadela, estrella de Pamplona

La ciudadela
La ciudadela. | Shutterstock

La ciudadela de Pamplona fue una impresionante fortaleza renacentista, construida durante el reinado de Felipe II y símbolo de la importancia estratégica de la ciudad durante siglos. Su forma de estrella de cinco puntas es un ejemplo vistoso de la arquitectura militar de la época, y hoy contiene un maravilloso parque público que acoge también todo tipo de actos culturales.

La unión entre las severas formas defensivas y el verde que inunda este gran espacio da como resultado uno de los lugares más emblemáticos de Navarra, de una belleza que ofrece mil ángulos para la fotografía o para el simple placer visual. Si bien hasta 1964 no perdió su carácter militar, hoy la Ciudadela es un símbolo de la apuesta de Pamplona por el verde y la cultura.

El ayuntamiento, un toque barroco

Ayuntamiento de Pamplona
Ayuntamiento de Pamplona. | Shutterstock

Del edificio del siglo XVIII solo queda la fachada, pero una fachada que por sí sola hace especial al ayuntamiento. Su estilo barroco aporta dinamismo y variedad al patrimonio de la ciudad y, además, es un lugar íntimamente ligado a la fiesta pamplonica por excelencia. Cada 6 de julio, desde el segundo piso del ayuntamiento, se lanza el famoso chupinazo que da inicio a los Sanfermines, al grito de «¡Viva San Fermín!».

Como curiosidad, hay que saber que el primer ayuntamiento se levantó en este punto cuando era considerado tierra de nadie. El Privilegio de la Unión, de 1423, daba comienzo a la historia de la moderna Pamplona tras la integración de los tres burgos que existían y el emplazamiento fue escogido para evitar rivalidades.

La Cámara de Comptos, un tribunal de origen medieval

Cámara de Comptos
Cámara de Comptos. | Dreamstime

La Cámara de Comptos de Navarra es aún hoy el tribunal de cuentas de la Comunidad Foral, el más antiguo de España. El edificio gótico que lo acoge da fe de su larga historia, y es que esos muros de piedra se remontan al siglo XIII. Su dilatada vida ha sido testigo de las vicisitudes económicas del reino, de las dinastías que lo han gobernado, del día a día de la vida pública.

El edificio tiene ese aire que nos transporta de inmediato al medievo, con su arco ojival en el patio, sus ventanas geminadas o los arcones metálicos antiguos, dotados de varios cerrojos para custodiar documentos. Además de ese papel institucional, ha sido sede del primer Museo de Navarra, del germen de la Universidad de Navarra e incluso de la Policía Foral.

La iglesia de San Nicolás, aires de fortaleza

La iglesia de San Nicolás
La iglesia de San Nicolás. | Shutterstock

Pamplona es una ciudad de abundante arquitectura religiosa, pero una de las muestras más sorprendentes es la iglesia de San Nicolás. Lo primero que llama la atención son dos torres más propias de un castillo que de una iglesia, con matacanes y almenas. Lo cierto es que la iglesia llegó a tener más de estas torres en la antigüedad, que nos hablan del turbulento pasado que ha tenido.

Para ilustrar esa agitación pasada, basta saber que la iglesia se levantó tras el ataque a una anterior, románica, por parte del burgo vecino, antes de la unión de 1423. En ese ataque se incendió y arrasó el primitivo templo, incluyendo a las personas que se habían refugiado dentro. Hoy, sus líneas elegantes apenas dejan entrever esos conflictos de hace siglos.

El Museo de Navarra, un templo de la historia

El Museo de Navarra. | Shutterstock
El Museo de Navarra. | Shutterstock

El lugar por excelencia para degustar con calma el enorme patrimonio histórico de la región es el Museo de Navarra, instalado en pleno casco antiguo, en un antiguo hospital del siglo XVI. De ese hospital, Nuestra Señora de la Misericordia, se conserva la fachada y una capilla renacentistas, ejemplos únicos de ese estilo en la zona.

El contenido del museo permite un recorrido privilegiado por varios miles de años, arrancando en la prehistoria para culminar en el siglo XX. Entre los objetos más antiguos destaca el mapa de Abauntz, considerado el más antiguo de Europa, así como mosaicos romanos que enlazan con varias joyas medievales e incluso una pintura de Goya.

La Pamplona jacobea

Portal de Francia
Portal de Francia. | Shutterstock

Poco después de entrar por Roncesvalles, los antiguos peregrinos llegados desde Francia pasaban inevitablemente por Pamplona, una ciudad que ha quedado vinculada desde entonces al Camino de Santiago. El recorrido jacobeo atraviesa el corazón de la ciudad, comenzando en el famoso portal de Francia o de Zumalacárregui. Este acceso medieval, que aún conserva su puente levadizo, permitía cruzar las murallas, dejando atrás el verde paisaje navarro para adentrarse en el acogedor bullicio del casco viejo.

En la calle del Carmen, de las más antiguas de Pamplona, se respira el eco de siglos de esos peregrinos, como en la cercana iglesia de San Saturnino o la icónica plaza del Castillo, donde aún hoy muchos se detienen a reponer fuerzas. La salida de la ciudad no es menos grata, con el puente de la Magdalena dejando en el recuerdo su aire medieval y la serenidad a orillas del río Arga.