Los corruptos medievales, no tan distintos de los actuales
Cuando repasamos los grandes escándalos de corrupción española tendemos a pensar que son síntomas de una democracia con una clase política inmoral en un Estado con instituciones débiles, pero estas prácticas son mucho más antiguas.
Cuando repasamos los grandes escándalos de corrupción española tendemos a pensar que son síntomas de una democracia con una clase política inmoral en un Estado con instituciones débiles, pero estas prácticas son mucho más antiguas.
En los siglos XIV y XV ya se documentó a quien se construyó una imagen de falsa inocencia para acumular bienes de forma corrupta, el miembro de una familia real que convierte una institución pública en plataforma de poder, el líder que monopoliza el poder ilegítimamente y el político que dedica su cargo a engrandecer la empresa familiar.
Cuatro personajes de la Castilla bajomedieval permiten verlo con claridad. Su estudio no pretende criminalizar a hombres del siglo XV con categorías del siglo XXI (algo que se hace a menudo con los Conquistadores de América); pues el poder medieval recompensaba a sus líderes mediante sustanciosas mercedes y la jurisdicción sobre territorios. Por ello, la frontera entre recompensa legítima y apropiación abusiva era distinta de la que hoy conocemos. Pero, precisamente por eso, demuestran que ciertos mecanismos de corrupción no son errores modernos del sistema, sino tentaciones que desde siempre acompañan al poderoso no se sujeta a tiempo al control de la justicia. Una justicia que no siempre se hace efectiva, entonces y ahora.
Ruy López Dávalos: el militar que se hizo demasiado rico
Ruy López Dávalos (1357 – 1428) llegó a convertirse en el hombre más poderoso de Castilla a través del mérito. Nació en Úbeda, en el seno de una familia dedicada a defender plazas fuertes fronterizas; el también se distinguió en el servicio militar y en la administración de la frontera con Granada. Sus éxitos provocaron que el rey Enrique III (1379 - 1406) le fuera recompensando con cargos, señoríos, rentas y una confianza extrema. A pesar de no proceder de alguno de los grandes linajes, Dávalos fue nombrado condestable de Castilla, el más alto oficial militar del reino, y multiplicó su patrimonio con las mercedes regias.
En el Medioevo, como se recompensaba el servicio con bienes y cargos jurisdiccionales, la desmedida acumulación de propiedades puede volverse indistinguible de la apropiación. El patrimonio de Dávalos creció sin parar mientras duró la confianza del rey. Pero cuando esa confianza terminó, el cambio de reinado y la lucha de facciones durante la minoría de edad del nuevo rey Juan II lo dejaron en el partido perdedor, sus bienes fueron confiscados y repartidos entre sus rivales; él se debió de exiliar en Valencia donde murió arruinado.
En la España actual, la cercanía al poder también facilita el acceso a recursos públicos; algo que puede traducirse en enriquecimiento ilícito mientras dura la cobertura política. El caso Gürtel, red de financiación irregular del Partido Popular entre 1999 y 2018, muestra que el tesorero de un partido que recibía donaciones ilegales es una figura tan medieval como actual. Luis Bárcenas fue acumulando en cuentas suizas fondos que la sentencia acreditó procedentes de una caja B de su partido. Cómo a Dávalos, sufrió cárcel, confiscaciones y el ostracismo social.
Enrique de Trastámara: cuando la familia captura la institución
Enrique de Trastámara (1400 - 1445) era hijo de «Fernando de Antequera», un infante castellano que fue elegido rey de Aragón; por ello, Enrique era miembro de la «familia real» de Castilla, y primo carnal del rey Juan II (1406 - 1454). Parentesco que le permitió acceder, con solo nueve años de edad, al cargo de maestre de la Orden de Santiago (la organización militar más poderosa del reino); en lugar de servir su cometido frente a los musulmanes, Enrique la convirtió en una plataforma política al servicio de sus ambiciones familiares. Y en 1420, una vez consolidado un control absoluto sobre la Orden, la utilizó para secuestrar al Juan II y poder repartir cargos y propiedades entre sus seguidores con apariencia de legitimidad. Tras su derrota en la batalla de Olmedo, murió a causa de las heridas sufridas.
En la España reciente, el uso de instituciones públicas como plataformas para intereses privados tiene referentes documentados. Este fue el caso de Iñaki Urdangarín, yerno del rey Juan Carlos, que utilizó su ascendencia sobre cargos públicos para enriquecerse y enriquecer a su socio. También parece el caso de Begoña Gómez, esposa del presidente Pedro Sánchez, acusada de emplear sus conexiones privilegiadas para conseguir negocios personales, apropiarse de una web universitaria, y dedicar a su negocio a una empleada pagada por el Estado.
Álvaro de Luna: el favorito que se volvió imprescindible
Álvaro de Luna (1390 - 1453) no era un príncipe de sangre ni un gran señor; pero su orfandad y una oportuna presentación en la Corte le permitió pasar unos años en el mayor centro de poder del reino: el entorno del niño-rey Juan II (1406 – 1454). A pesar de la diferencia de edad, ambos tenían un mismo trauma: no haber conocido a su padre y crecer sin la figura paterna.
Don Álvaro llegó a convertirse en el principal aliado de un rey acosado por la formidable oposición que representaban el antes mencionado Enrique de Trastámara, y sus seis hermanos, entre estos «María de Aragón», que era la esposa del propio Juan II. Álvaro consiguió rescatar al rey de manos de sus primos y devolverle la autonomía; pero a partir de ese gesto fue acumulando un enorme poder, que comenzó a emplear en beneficio propio. El rey y sus rivales acabarían hartándose, llegando a formarse una amplia coalición que le llevó a juicio, condenó y ejecutó.
En la política española, la figura del colaborador singularmente servicial que consigue concentrar un enorme poder informal también tiene sus émulos. Uno es el famoso comisario José Manuel Villarejo, instructor de miles de páginas de escuchas, informes y operaciones reservadas, al servicio simultáneo de la Policía, de empresas privadas y de grupos políticos, que durante décadas resultó imprescindible para todos: quien quería que algo se investigara o que algo se bloqueara tenía que pasar por él. A pesar de considerarse intocable por tener información de muchas personalidades, la acumulación de ilegalidades y de enemigos acabó provocando que fuera detenido en 2017 y hasta ahora acumula condenas que suman 24 años de cárcel (aunque está en libertad provisional). También puede ser el caso de Rodríguez Zapatero, que desde el año 2021 se convirtió en un asesor en la sombra del presidente Sánchez, así como en su «embajador oficioso» para Venezuela y China; tras muchos años de sospechas, acaba de ser acusado de cobro de comisiones ilegales y enriquecimiento ilícito.
Juan Pacheco: convertir un alto cargo en «empresa familiar»
Juan Pacheco (1419 – 1474) fue introducido en la Corte por el antes mencionado Álvaro de Luna, y llegó a hacerse íntimo amigo del príncipe heredero Enrique. Al luchar en favor del rey Juan II en la batalla de Olmedo, este le otorgó el marquesado de Villena en 1445, así como grandes propiedades. Cuando su amigo se convirtió en el rey Enrique IV (1454) el marqués de Villena, de acuerdo con su hermano, Pedro Girón, y su tío, el arzobispo de Toledo, acapararon todo el poder. A partir de este momento, Pacheco y sus familiares adquirieron señoríos, villas, fortalezas, alianzas matrimoniales, redes clientelares, incluso el maestrazgo de Santiago. Usaron el poder para construir una «empresa familiar» (de la época) que pudiera sobrevivir con independencia del rey. Para evitar las consecuencias que podrían acarrear un enfrentamiento directo, Enrique IV e Isabel I fueron pactando con ellos distintos tipos de perdón y confinamiento.
La analogía española más directa es la de la familia Pujol. El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol reconoció en 2014 haber ocultado al fisco durante décadas una fortuna heredada y ampliada, y la instrucción judicial posterior reveló que varios de sus hijos habían participado en tramas de comisiones vinculadas a contratos públicos durante los años en que el padre presidía la Generalitat. El poder del padre, como el de Pacheco, se había convertido en el paraguas bajo el que se construyó un proyecto económico familiar. En ambos casos, cuando el paraguas desapareció, el entramado quedó expuesto. A día de hoy, al igual que Juan Pacheco, Pedro Girón y el arzobispo Carrillo de Acuña, Jordi Pujol ha conseguido evitar ser sometido a juicio.
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