El calvario de Manuel de Falla (1936-1946): guerras, salud y ruina financiera
La biografía de los últimos años de Manuel de Falla ha sido maquillada de forma injusta, deduciendo que su viaje a Argentina fue un exilio antifranquista; algo que no se desprende de su correspondencia ni de los testimonios de sus más allegados. Durante una década extremadamente adversa el Maestro fue capaz de mantener unos comportamientos asombrosamente coherentes con sus valores católicos y cosmopolitas; conviene repasar la abrumadora lista de achaques dolorosísimos, golpes morales demoledores y una angustiosa situación financiera, para entender la grandeza de su última década. Más que Ortega, Marañón o Zuloaga, fue el máximo ejemplo de la ‘Tercera España’.
La destrucción emocional, física y económica de un hombre justo (julio 1936 – Octubre 1939)
Cuando comenzó el golpe de Estado de 1936 el músico se encontraba en un estado psíquico y físico muy deteriorado. Como persona profundamente religiosa (de misa diaria), había sufrido enormemente con los repetidos incendios de sus queridas iglesias granadinas: en 1931 (proclamación de la República), 1932 (golpe de Estado del general Sanjurjo), 1933 (victoria de la derecha en las elecciones legislativas) y 1936 (elecciones ganadas por el Frente Popular). Hasta el punto de negarse a recibir un homenaje en Sevilla por la reacción de aquel consistorio al incendio de iglesias. En un periodo (1931-1933) en que fue ministro su amigo Fernando de los Ríos.
El impacto emocional se acrecentaría en el verano de 1936, pues desde su casa Falla pudo ver los feroces combates del 18 al 20 de julio en el barrio del Albaicín. Además, durante todo el verano escucharía los continuos fusilamientos realizados en las tapias del cercano cementerio de San José. La reacción de las milicias republicanas provocó que la ciudad de Granada quedara casi aislada y sin suministros continuados durante todo aquel verano. Para asegurar su retaguardia, el comandante Valdés Guzmán autorizó una implacable represión contra cualquier simpatizante de la República; siendo Federico García Lorca una de las muchas víctimas. A pesar de que Manuel de Falla medió para salvarle. A este golpe se sumó el asesinato de su mejor amigo, mecenas y asesor: el abogado y exministro Leopoldo Matos, asesinado en Guipúzcoa por los republicanos.
Semejante ambiente deterioró aún más la salud de una persona extremadamente débil. No hay más que ver el aspecto cadavérico con el que le había pintado su íntimo amigo Zuloaga cuatro años antes. La extensa lista de graves dolencias estremece a cualquiera. Manuel de Falla sufría crisis gástricas violentas, que con el estado de tensión de aquel momento le provocaron crisis de hematemesis (vómitos de sangre debido a lesiones esofágicas y gástricas de origen tensional). Además se le reactivaron antiguas lesiones derivadas de una tuberculosis mal curada en su juventud. Y se le agravó la neurastenia que siempre le había aquejado: su hipocondría e higienismo se radicalizaron, convirtiéndose en una fobia patológica a las corrientes de aire y a los gérmenes. Invertía extenuantes jornadas en rituales de desinfección y aislamiento físico, limitando el contacto humano al mínimo indispensable, gestionado por su hermana María del Carmen.
A tan tremendo panorama se le añadieron las dificultades de aprovisionamiento que sufrieron los granadinos hasta casi el fin de la guerra. Especialmente Don Manuel que pasó tres años entre grandes estrecheces financieras, pues sus cuentas exteriores y sus ahorros en forma de acciones no le generaban ingresos. Al producirse la sublevación los gobiernos español y francés clausuraron el acceso a transferencias internacionales, que no se restablecerían hasta después de la partida de Falla hacia Argentina. La cartera de valores de Manuel en sus bancos españoles no le producían dividendos ni podía ser vendida.
La actitud de Falla hacia el Gobierno franquista
Se ha denominado ‘exilio’ al viaje de Falla a Argentina, especulando que no quiso regresar por motivos políticos. Basadas más en suposiciones interesadas que en el contenido de documentos originados por el músico.
Manuel de Falla se resistió a ser utilizado por la propaganda franquista. En primer lugar, por su desmentido de su supuesto fusilamiento por los republicanos; y también por su reiterada protesta a la nómina de personalidades que si apoyaron un manifiesto en favor de los sublevados publicado en la revista Occident de París (financiada por Francesc Cambó). Esa adhesión si la firmaron Ramón Menéndez Pidal, Pío Baroja, José María Sert, Gregorio Marañón, Azorín, Ignacio Zuloaga y Concha Espina. Menos esta última, todos habían sido conocidos partidarios de la República (algo que nunca fue Falla).
En cuanto a su solicitud para ser relevado del cargo de presidente del nuevo ‘Instituto de España’ resultaba lógica. Falla le escribió a su íntimo amigo Zuloaga que dicho nombramiento era de gran importancia y trascendencia, que le había honrado y que no sabía cómo agradecerlo; pero, que no lo podía ejercer porque lleva enfermo veintiséis meses (y subrayó esta cifra para darle énfasis). Podía haber añadido que solo el desplazamiento desde Granada (una ciudad casi rodeada de territorios leales a la República) le supondría un viaje de varios días hasta Sevilla, pasando cerca de la frontera portuguesa para llegar hasta Salamanca (sede del cargo). Además, a Falla lo que le importaba era reducir sus padecimientos físicos para poder concentrarse en componer lo que iba a estrenar en Argentina (su única opción de un estreno en medio de guerras europeas). Así se lo contó en septiembre de 1939 a Zuloaga: «no sabe Vd. Hasta que punto han sido difíciles estos meses para mí, y tanto por las alternativas que ha sufrido mi curación (aun no completa) como por la terminación de lo que había ofrecido estrenar en Buenos Aires» .
Por pudor no le comentó a su amigo que solo le quedaban 3.408 pesetas en su cuenta corriente del Banco Rodríguez Acosta. Por aquel entonces España no estaba para conciertos de música que le representaran cantidades apreciables a Falla. Y todavía no se habían reabierto las transferencias internacionales (y la posibilidad de la gran cantidad de dinero que Falla tenía en su agente de París); existiendo el riesgo que ese bloqueo se mantuviera, pues Francia y Alemania se preparaban para la guerra. En Argentina se aseguraba paz (pues nadie podía descartar que la España franquista no entraría en guerra apoyado a la Alemania nazi) e ingresos seguros.
Don Manuel fue un católico extremadamente devoto, conservador y familiar, que aceptó de buen grado la condecoración de Alfonso X ‘el sabio’ y no se le conoce ni un escrito ni comentario en contra de los franquistas. Lo cierto es que la invitación se la cursó en plena guerra alguien tan destacado como Alfonso García Valdecasas: fundador de Falange Española, miembro de una de las familias más ricas de Granada, y enviado por el Gobierno de Franco como ‘embajador cultural’ (previamente fue subsecretario del Gobierno franquista de Burgos). Este actuaba conforme a las instrucciones del ministro Sainz Rodríguez, quien quería que Falla realzara los dos grandes actos propagandísticos del franquismo en Buenos Aires durante noviembre de 1939: el concierto de XV Aniversario del Instituto de Cultura Española en Argentina y el concierto del IV Centenario del nacimiento del músico Tomás Luis de Victoria. Es lógico que Sainz Rodríguez le escribiera: «celebro vivamente Ud. esté dispuesto a aceptar la invitación…».
El Exilio en Argentina: gravísimos problemas y una ayuda anónima (Noviembre 1939 – 1946)
El duro viaje en barco desde España, con varias escalas, y la urgencia de preparar inmediatamente dos importantes conciertos (el 11 y el 18 de noviembre) provocaron un drástico agravamiento de la salud del maestro. Por una parte, su insuficiencia cardiaca le provocaba asfixia ante el menor esfuerzo físico, fatiga crónica y edemas. Agravando su ya extrema intolerancia al frío. El músico necesitaba vestir gruesas prendas de lana pesada, mantas y dobles calcetines incluso en los días más calurosos del verano austral. Además, la dispepsia crónica y caquexia le impedían ingerir alimentos sólidos, por lo que debía seguir una dieta restrictiva extrema, basada en caldos muy filtrados y purés ligeros. Su desnutrición severa provocó una pérdida extrema de masa muscular que redujo su cuerpo a un estado de aún mayor fragilidad.
La humedad de Buenos Aires puso en riesgo inmediato su vida tras sus primeros conciertos en el Teatro Colón. Por ello los médicos le prescribieron un traslado a un clima seco, instalándose en las sierras de Córdoba en mayo del año siguiente. Allí mejoraron sus pulmones, pero también requería de un estricto aislamiento y calefacción para mitigar su severa intolerancia al frío. Además, el continuo cuidado de los doctores locales y los medicamentos de difícil acceso durante una guerra mundial, devoraron sus escasos ahorros. Una guerra mundial no era época propicia para reunir a los cantantes y orquestas necesarios para representar las obras de Don Manuel. Tampoco podía esperarse de un hombre tan enfermo que se pusiera a dar conciertos de piano en los cafés.
La Segunda Guerra Mundial volvió a cortar el acceso a los fondos que tenía en París, donde radicaban su sociedad de derechos de autor SACEM (Société des auteurs, compositeurs et éditeurs de musique) y la editorial Max Eschig, pues los ocupantes alemanes prohibieron la salida de divisas hacia países neutrales americanos como Argentina. Falla acumulaba una fortuna teórica en París mientras carecía de efectivo para pagar sus tratamientos en Argentina.
Consciente de la asfixia económica del músico, Francesc Cambó, residente en Buenos Aires, asumió muchos de los costes de Alta Gracia, pagando facturas médicas y manutención sin herir el orgullo ni la estricta moral del compositor. Es de notar que Cambó había sido el editor de la revista franquista Occident, contra cuyo manifiesto había protestado Falla. En el tramo final de su vida, la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música logró ordenar y liquidar de forma regular los derechos de ejecución devengados en el continente americano, proporcionando un pequeño y tardío alivio en sus últimos meses.
En enero de 1941, en su habitual línea de radical dignidad personal y civismo, Falla rechazó la sustancial ayuda económica alegando que dadas las enormes dificultades que atravesaba España, le parecía insolidario aceptarla. También alegó que el clima de Córdoba le ayudaba con sus enfermedades. No lo mencionó, pero cualquier persona inteligente, y Manuel de Falla lo era, sabía que volver en aquel momento era peligrosísimo: porque los alemanes hundían continuamente barcos de países neutrales y porque en aquel momento era probable que España acabara entrando en guerra del lado de Alemania e Italia. Falla aprovechó la ocasión para pedir clemencia para el director teatral Cipriano Rivas Cherif (cuñado del último presidente republicano, Manuel Azaña) y del músico Miguel Salvador Carreras; teniendo éxito en ambos casos.
Conclusión
Tras años de desgaste multiorgánico y con las fuerzas completamente agotadas por la desnutrición, Manuel de Falla falleció debido a insuficiencia cardiaca aguda el 14 de noviembre de 1946; por la misma causa que su amigo Zuloaga y casi un año después
Resulta muy difícil encontrar una abnegación y coherencia parecida a la que manifestó Manuel de Falla a lo largo de toda su vida. A pesar de sus grandes padecimientos físicos, psicológicos y económicos, mantuvo una admirable fidelidad a sus principios religiosos y cívicos. No se me ocurre ninguna personalidad de su época que se merezca más los calificativos de ‘noble’ y de ‘varón justo’ (en su sentido bíblico).
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Fuentes
BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA (BNE) / BIBLIOTECA NACIONAL DE FRANCIA (BnF): Occident: revue internationale d'action espagnole. Número 1, Noviembre de 1937. París (Imprimerie de la Société d'Éditions Périodiques).
DE PERSIA, Jorge (1993): Los últimos años de Manuel de Falla: de Granada a Alta Gracia. Sociedad General de Autores de España (SGAE).
ARCHIVO MANUEL DE FALLA (Granada):
Epistolario Manuel de Falla - Leopoldo Matos Massieu. (Legajos 1910-1936; administración de bienes y constancia de su estrecha amistad).
Epistolario Manuel de Falla - Max Eschig / SACEM (1936-1945; justificación documental de la retención de fondos por el clearing y la ocupación alemana).
Correspondencia y facturas médicas en Alta Gracia (1940-1946).
Legajo de reclamaciones y correspondencia sobre la revista Occident (París, 1937-1938).
GARCÍA, A. V.; TITOS MARTÍNEZ, M.; VALLEJO, J.; DE PERSIA, J. (2017): Falla. Noche en los confines de España (1931-1939). Catálogo de exposición, Diputación de Granada. (Saldos bancarios del Banco Rodríguez Acosta, inmovilización de valores, asaltos religiosos de marzo de 1936 y presiones propagandísticas).
FERNÁNDEZ TERÁN, R. E., & GONZÁLEZ REDONDO, F. A. (2011): Las cátedras de la «Institución Cultural Española» de Buenos Aires... Revista Historia de la Educación (USAL), Vol. 29.
MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES DE ESPAÑA / ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL: Documentos sobre los Acuerdos Comerciales y de Pagos franco-españoles (noviembre de 1939).
SÁNCHEZ DE ANDRÉS, Leticia (2013): Pasión, música y foniatría: La salud de Manuel de Falla. Editorial Alpuerto.
VALLEJO, JOSÉ (2022): Epistolario Manuel de Falla – Ignacio Zuloaga (1913 – 1946). Fundación Archivo Manuel de Falla y Universidad de Granada.


