Cárcavas y casas-cueva: la escapada geológica de Marchal
Entre la Hoya de Guadix y las laderas arcillosas de Marchal, la erosión ha esculpido un paisaje de surcos, crestas y zanjas profundas que parecen sacadas de otro planeta. Las Cárcavas de Marchal, protegidas como Monumento Natural desde 2003, se entienden mejor con dos miradas: la del mirador que revela el ‘dibujo’ completo del terreno y la del pueblo, donde las cuevas recuerdan que aquí la geología también se ha habitado.
EL ORIGEN DEL RELIEVE
Según cuentan fuentes de turismo granadino, el origen de la depresión se remontaría a unos 25 millones de años; en todo caso, el paisaje actual se explica por el posterior relleno de sedimentos blandos y la erosión continuada. Los movimientos tectónicos habrían provocado un hundimiento, dando origen a una fosa tectónica. Después, la lluvia, sobre un terreno con escasa vegetación, fue dando forma al relieve: una panorámica caracterizada por barrancos, regueras y profundas zanjas (cárcavas), además de crestas y pináculos puntuales. Así, la erosión modeló el macizo que hoy conocemos como Cárcavas de Marchal.
Ubicadas en la Hoya de Guadix, estas cárcavas o badlands (malas tierras) contienen materiales blandos como las arcillas y limos, lo que facilita la erosión con el paso del tiempo, junto a la propia climatología. Desde hace siglos, esta característica favoreció a la población: aprovecharon la facilidad de excavación y el aislamiento que ofrecen estos materiales para abrir cuevas como refugio y vivienda, y en algunos casos otros usos comunitarios. Además, el terreno contribuía a mantener una temperatura más estable en su interior. Estas estancias no siempre contaban con una única entrada: a veces, junto a la puerta, se abría una pequeña ventana para ventilar y regular el ambiente.
Aunque los habitantes encontraban en estas cuevas su hogar, su barrio en un paisaje privilegiado de tonalidades marrones y ocres sobre el verde de la vegetación, el terreno no era el mejor para cultivar. El rendimiento agrícola era escaso y, por ello, este tipo de paisajes son también conocidos como badlands.
Con el paso del tiempo, los habitantes de Marchal comenzaron a salir de las cuevas y se trasladaron a viviendas, dando origen al municipio que existe hoy con el mismo nombre. Este enclave cuenta con algo más de 400 habitantes y se asienta en un territorio reconocido por su valor geológico y paisajístico. Desde el casco urbano, la panorámica de las viviendas-cueva, un casco urbano singular y, en determinados días, unas cumbres nevadas de fondo componen una estampa muy característica del interior granadino.
LAS DOS MIRADAS DE MARCHAL
Algo fascinante de este lugar es que permite al visitante disfrutar del paisaje desde dos puntos de vista. Por un lado, desde abajo, junto al pueblo, donde se puede percibir la escala real del talud y las cuevas. Por otro lado, desde el mirador oficial de las Cárcavas de Marchal, delimitado perimetralmente y con una caseta-mirador, es un lugar perfecto desde el que entender el conjunto y apreciar el patrón de surcos y la dirección de los cortes.
En la escapada a Marchal en el Geoparque de Granada, además de las cuevas, es imprescindible visitar la Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación por su gran contenido histórico, además del Palacio de los Gallardos.
Marchal resume una idea poco común: el paisaje no es un fondo inmóvil, sino un proceso en marcha. Desde el pueblo, a la escala humana de las cuevas y el talud, y desde el mirador, donde el relieve se convierte en mapa, las Cárcavas muestran cómo el agua ha ido tallando estas ‘malas tierras’ y cómo la población aprendió a convivir con ellas. Un enclave para mirar el territorio con calma: primero como forma, después como historia.
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