El molino de viento más grande del mundo está en un pequeño pueblo de Zaragoza
En el horizonte, un gallardo molino refleja con su blancura encalada los rayos de un sol cegador. Viéndolo, se diría que es un paisaje manchego, pero se trata de Aragón. Sus aspas todavía oscilan cuando sopla algo de viento, y una primorosa restauración ha hecho de él un portentoso homenaje a la vida tradicional.
UN GIGANTE AMABLE EN LA LLANURA ZARAGOZANA
Resplandeciente y solitario, el molino más grande del mundo se alza en el pueblo de Malanquilla, en Zaragoza. Tan emblemático es que hasta aparece en el escudo de la localidad. Los 12 metros que alcanza hasta la punta de la caperuza acreditan ese récord, y hacen de él un icono del campo zaragozano.
EL MOLINO DE MALANQUILLA Y SU HISTORIA
Los molinos de viento en Aragón pueden parecer una rareza, pero antaño eran importantes allí donde no había agua que permitiera uno hidráulico. Los extensos campos de cereal alimentaban la labor pausada del molino, y este a su vez daba de comer a todo un pueblo. Los orígenes de este gigante están documentados nada menos que en el siglo XVI.
Un par de siglos después, los vecinos de Malanquilla recibieron permiso para moler en una localidad cercana, por lo que su molino quedó en desuso. Épocas más recientes vieron cómo el molino de Malanquilla era una ruina, achaparrada y con su piedra a la vista. Pero lo restauraron e hicieron de él el monumento respetable que es hoy.
VISITANDO EL MOLINO QUE UNIÓ A TODO UN PUEBLO
El rescate del viejo molino de Malanquilla fue fruto del tesón de los vecinos, organizados para salvarlo. Y a ellos se debe también que en la actualidad se pueda acceder a un testimonio tan señalado de la vida agrícola en Aragón. Sus tres plantas y 22 metros de diámetro dan para una inmersión concienzuda en el destacado papel histórico de estas construcciones.
No es difícil imaginar cómo llegaba el cereal a la tolva, en la planta superior, y cómo las ruedas hacían su magia para convertir esa materia prima en la base de tantos alimentos. Las explicaciones del grupo de voluntarios que ofrece visitas guiadas permite evocar por un rato aquel tiempo, no tan lejano.
LA RECOMPENSA AL CARIÑO DE LOS MALANQUILLANOS
El primor del molino hoy día es la prueba de cómo el buen hacer de unos vecinos, aunque sean pocos, puede obtener grandes logros. Su molino sigue ahí, elegante y solemne, rescatado del olvido. El enorme cilindro blanco casi parece un tótem. Es así, desde las raíces, como mejor pueden reclamar en Malanquilla su lugar en un mundo que no suele mirar al pasado.
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