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La Fondue de Tell: un pedazo de Suiza en el corazón de Madrid

Entre Malasaña y Fuencarral, en pleno corazón del Madrid más castizo, se esconde un rincón suizo llamado La Fondue de Tell.

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Entre Malasaña y Fuencarral, en pleno corazón del Madrid más castizo, se esconde un rincón suizo llamado La Fondue de Tell.

Seguro que habéis oído hablar de un concepto que me gusta mucho y que me sirve de hilo conductor en este nuevo episodio de España Fascinante: construir recuerdos. Y si no lo  habéis escuchado como tal, estoy convencido de que lo habéis sentido.  

¿Cuántos domingos de infancia guardáis en la memoria alrededor de una mesa familiar,  ya sea en casa o en un restaurante? ¿Qué platos preparaban vuestros padres que todavía  os hacen cerrar los ojos y sonreír? ¿Y qué sitios compartíais con hermanos y primos,  donde después de comer os ibais a jugar mientras los mayores alargaban la sobremesa? 

Hoy os traigo un lugar ideal para esos domingos en familia, en pleno centro de Madrid, donde se come francamente bien, distinto y con la certeza de que saldréis con un nuevo recuerdo bajo el brazo.  

Elena y Eric son la punta de lanza de sala y cocina, respectivamente, y lo hacen con oficio  y cariño tras más de veinte años como nexo perfecto entre ambos espacios. Pero los  verdaderos artífices son Mariano y Marlene, matrimonio hispano-suizo que en 2001  decidió abrir las puertas de su casa. Parece que no hace tanto, ¿verdad? Para situarnos: aquel fue el último año en que se pagó con pesetas y el Madrid levantó la novena Copa de  Europa con la inolvidable volea de Zidane. 

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El restaurante La Fondue de Tell. | Cristóbal Mazarrasa

Lo importante, lo de verdad, es lo que se encuentra al entrar: se come muy bien, de una  forma distinta y con un trato que equilibra lo profesional con lo familiar. La decoración os  la dejo para que la descubráis vosotros: cálida, ordenada, y con un aire tan suizo que por  un momento parece que has aterrizado en Ginebra sin pasar por Barajas.  

Lo esencial: la comida  

La experiencia empieza con dos entrantes que ya son marca de la casa:  

  • El canapé de toda la vida, que, si tuviera que apostar, diría que es de queso y  puerro.  
  • Y el Tête de Moine, ese queso suizo único del Jura bernés, con Denominación de  Origen Protegida. Difícil imaginar un arranque mejor.  
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Queso suizo Tête de Moine. | Cristóbal Mazarrasa

En cuanto a la comanda, mi consejo es sencillo: pedid las tres fondues, tanto si es vuestra  primera visita como si sois reincidentes:  

  • La de queso: la clásica, con pan, el pimentero siempre a mano y un poco de agua bendita para bautizar cada pinchazo (preguntad a Mariano, que os contará el  ritual).  
  • La de carne: acompañada de ocho salsas (alioli, curry, mostaza, salsa rosa, yogur, picante, finas hierbas y tártara), con patatas fritas y arroz blanco de escoltas.  
  • La de dulce de leche: con fruta fresca, para los más golosos.  

Confieso que esta vez hice un poco de trampa. Mientras el resto de la mesa pedía las fondues, yo me lancé a por la ternera especial Café de París. Buenísima. Esa salsa única, las patatas en su punto… una elección redonda

Todo ello lo regamos con un tinto nacional, un Montevannos Ribera del Duero, que  acompañó de maravilla.

Una mención especial  

La carne merece un capítulo aparte. Durante más de veinte años, el hermano de Mariano fue el proveedor de las mejores piezas de tapa y tapilla hasta su jubilación. Desde hace un par de años, ese testigo lo lleva un nuevo carnicero del Mercado de los Mostenses, que no solo ha mantenido el listón, sino que quizá lo haya subido un peldaño. 

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Carne preparada para la fondue. | Cristóbal Mazarrasa

En definitiva, tanto si buscáis seguir construyendo recuerdos con la familia o los amigos, como si queréis sorprender a un cliente con una fondue inolvidable, acercaos a ver a  Mariano, Marlene y a todo su equipo. Porque al final, lo importante es eso: comer bien y  seguir construyendo recuerdos. 

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