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Personas que hacen país

Sofía Osborne: «Lo que nos falta en España es confianza colectiva»

La presidenta del Grupo Osborne, Sofía Osborne, narra cómo el legado de la empresa familiar «no es una carga, sino una responsabilidad viva de honrar lo recibido». 

La presidenta del Grupo Osborne, Sofía Osborne, narra cómo el legado de la empresa familiar «no es una carga, sino una responsabilidad viva de honrar lo recibido». 

Sofía Osborne Coloma, primera mujer al mando de la corporación agroalimentaria andaluza Grupo Osborne, y la presidenta del Foro Marcas Renombradas de España (FMRE), relata en esta entrevista los puntos claves del liderazgo, la responsabilidad hacia el futuro y la importancia de mantener vivo el legado. 

Cuando piensas en España, más allá de las palabras, ¿qué imagen, olor o gesto cotidiano te viene primero? ¿Por qué ese y no otro?

Cuando pienso en España me viene a la cabeza muchas cosas: la familia, lo primero de todo, el sol espléndido y el cielo azul de mi querida tierra andaluza, la alegría de vivir, una cultura milenaria, una iglesia románica en un pueblo de Castilla, el carácter acogedor de una ciudad como Madrid, una mesa compartida sin prisa, la conversación y el tiempo compartido: somos un país abierto, cálido y profundamente relacional. 

¿Recuerdas la primera vez que sentiste el peso de la responsabilidad de continuar con el legado de una empresa con tanto recorrido? ¿Cómo fue?

Cómo olvidarlo: en la sala del Consejo de Osborne están colgados los retratos de todos los presidentes de la compañía, y entendí que no se trata de «heredar» algo, sino de mantener el legado de generaciones anteriores y entregarlo en mejores condiciones a las posteriores. No somos sólo propietarios: somos custodios. 

Sentí cierto vértigo, pero también una enorme motivación. No administras solo una empresa, sino una confianza acumulada. El legado no es una carga, sino una responsabilidad viva: honrar lo recibido haciendo que siga teniendo sentido hoy.

En una casa con tanta historia, ¿cómo distingues lo que debe permanecer intacto de lo que, si no evoluciona, se convierte en museo?

En un equipo de futbol juegan jugadores consagrados junto a jóvenes promesas. Lo mismo ocurre en nuestra empresa, con nuestra cartera de marcas. Mantenemos el propósito, los valores, la calidad y la fortísima conexión emocional de la familia con la bodega. Pero si algo hemos aprendido en estos 254 años de historia es adaptarnos a nuestro entorno. Sobrevivir y perdurar significa mantener incólume lo que te define y, a la vez, adaptarte al entorno cambiante en aquello que es accesorio. La tradición solo tiene sentido si esta viva y dialoga con su tiempo.

¿Qué parte de tu trabajo no se ve desde fuera y, sin embargo, es donde sientes que se juega la verdad del liderazgo?

En las conversaciones difíciles y las decisiones que afectan a personas. El liderazgo real no está en el brillo de los actos públicos, sino en cómo cuidas puertas adentro a las personas, como mantienes unido al equipo, como afrontas y gestionas la incertidumbre y cómo proteges la cultura de la empresa.

El liderazgo real ocurre siempre lejos del foco, en conversaciones discretas, en decisiones que no buscan aplauso sino coherencia desde el respeto y el amor a la verdad. Consiste en ser, no en aparentar.

España habla mucho de talento, pero menos de oficio. Para ti, ¿qué significa «hacerlo bien» de verdad, cuando nadie mira?

Hacerlo bien cuando nadie mira es una cuestión de carácter. Es responsabilizarse del trabajo de cada uno, sea este el que sea. Para ello, la persona debe de respetar su trabajo y dignificarlo.

Es tomar la decisión correcta, aunque sea más costosa o más lenta, pero a la vez aceptar con naturalidad el error humano, procurando aprender de él para no repetirlo. Es no rebajar un estándar, cumplir siempre con la palabra dada, y dar siempre un paso más, ir más allá de lo exigido, por iniciativa propia y propia satisfacción, y no buscar el aplauso externo. 

¿Qué hábito o ritual personal te ayuda a mantener el criterio y la calma (en medio de urgencias, expectativas y ruido)?

Mi gran apoyo, mi roca firme, son mi marido, mis hijos y mi fe. También intento reservar momentos de silencio interior y exterior, lejos de las pantallas: caminar, leer sin interrupciones y organizar el día antes de empezarlo. Me ayuda a ordenar prioridades y a no confundir lo urgente con lo importante. 

Cuando viajas o trabajas fuera, ¿qué crees que España no entiende de sí misma? ¿Qué deberíamos reivindicar con más serenidad?

A veces pienso que somos un país con la autoestima baja. Tenemos más claro nuestros defectos (que los tenemos) que nuestras virtudes. Nos creemos menos de lo que somos, y por ello a veces no somos conscientes de la sorpresa positiva que generan nuestras empresas fuera. España compite en todo tipo de sectores y con enorme solvencia.

Deberíamos reivindicar con más serenidad nuestra capacidad industrial, nuestra creatividad, nuestra fiabilidad y nuestra forma de hacer las cosas. Eso no es arrogancia, pues humildad es andar en verdad.

¿En qué momentos has sentido que lo que hacéis en una empresa (un estándar, una decisión, una cultura) termina teniendo efecto en algo más grande?

Cuando una marca se convierte en referente y eleva el estándar de todo un sector. En el Foro de Marcas Renombradas Españolas solemos hablar de ‘empresas tractoras’. También cuando una decisión responsable marca una pauta.

Las empresas no solo producen bienes o servicios; también influyen en comportamientos, expectativas y cultura económica. En general las empresas son un actor social y hay decisiones que dejan huella más allá del balance.

¿Ha habido una decisión especialmente difícil no por lo empresarial, sino por lo emocional, por el peso de la historia y de lo familiar? ¿Qué aprendiste de ese momento?

No particularmente. En efecto, no somos robots, sino personas; lo racional es una parte muy importante del ser humano, pero también lo es lo emocional y lo espiritual. Las decisiones más difíciles suelen ser las que tocan lo emocional, en uno mismo y en el otro. Y hay que tomarlas con serenidad, con dulzura hacia nosotros mismos y hacia los demás, pero con rigor y con firmeza.

Por otro lado, hay decisiones donde tradición y eficiencia no siempre coinciden, pero la responsabilidad es hacia el futuro, no hacia la nostalgia.

Desde el Foro de Marcas Renombradas, al ver tantas empresas y sectores, ¿qué rasgo común dirías que comparten las marcas españolas que de verdad «representan país» fuera, y qué nos falta todavía para creérnoslo dentro?

Aunque existen diferencias regionales, el carácter español es sobrio, austero, fuerte, y especialmente perseverante ante la adversidad. El español da lo mejor de si mismo cuando la situación es difícil. Nos gustan los imposibles, las remontadas.

Las compañías y marcas que formamos parte del Foro de Marcas Renombradas Españolas tenemos un carácter enormemente luchador y también un propósito compartido: contribuir al avance de nuestra economía y de nuestras empresas apostando por la marca, la innovación y el diseño como palancas clave de competitividad y de diferenciación, y como pilares de la Marca España ser a la vez embajadores de nuestro gran país.

Lo que quizá nos falta en general en España es confianza colectiva. A veces reconocemos antes el valor de lo extranjero que el propio. Necesitamos interiorizar que nuestras marcas cumplen con unos estándares de calidad excelentes y que son activos estratégicos del país.

Las personas estamos de paso, y debemos ver nuestra aportación individual con gran humildad. En mi caso, me gustaría que se dijera que ayudé a reforzar la imagen de España tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Y que contribuí a que las marcas españolas se entendieran no solo como empresas, sino como embajadoras de un país competitivo, innovador y creativo, un país extraordinario, como es el nuestro.

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