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Personas que hacen país

Ignacio Cirac, físico experto en computación cuántica: «La ciencia en parte es la base de la cultura»

Ignacio Cirac es un científico de gran prestigio internacional que fue nombrado Embajador Honorario de la Marca España.
(c) Bethel Fath_R7874
Ignacio Cirac es un científico de gran prestigio internacional que fue nombrado Embajador Honorario de la Marca España.

Nacido en Manresa, Cataluña, en 1965, Juan Ignacio Cirac está entre las mentes científicas más brillantes que han salido de España en las últimas décadas. Ha sido candidato a ganar el Premio Nobel de Física en varias ocasiones y ha obtenido prestigiosos reconocimientos como la Medalla Max Planck, la Medalla Franklin en Física y el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

Su notable contribución académica, especialmente en los ámbitos de la física y la computación cuántica, lo ha llevado a colaborar con diferentes universidades y entidades científicas de todo el mundo. En esta entrevista de la sección «Personas que hacen país», conversamos con Ignacio Cirac sobre su carrera y su visión de la ciencia tanto dentro como fuera de España.

Si tuvieras que definir España con una sola palabra, ¿cuál sería y por qué?

Tal vez sería «salero». España se conoce por muchas cosas, vista desde fuera, que es mi caso. Se conoce por esa chispa que tiene, esa forma de contar las cosas, esa forma de hacer que es distinta a la de comportarse con la gente, a la hora de vivir un problema, cómo resolverlo… Puede que «salero» no sea la palabra adecuada, pero creo que describe bien cómo es España.

Aunque vivas en Múnich, cuando vuelves a España, ¿qué pequeños gestos, lugares u objetos te hacen sentir inmediatamente «estoy en casa»?

Es el ambiente, empezando por el ruido que hay, mucho más que en Alemania. La gente es mucho más sociable, hay más cercanía y la gente está más fuera de casa, porque hay más sol que en otros sitios.

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Por otra parte, como he vivido mucho tiempo en España, sobre todo en mi juventud, me siento más seguro, de alguna forma sé cómo reaccionar mejor, porque mi intuición me hace comportarme como un español.

Si tuvieras que señalar un lugar concreto de España que haya sido importante en tu vida, ¿cuál sería y por qué?

Uno sería Madrid, porque realicé ahí los estudios universitarios y es donde me adentré en mi campo de trabajo.

Otro que valoro mucho es Barcelona, porque ahí viví de joven y es donde mis padres me educaron. Tal vez Barcelona y Manresa, que es donde estuve viviendo.

En tercer lugar, la Universidad de Ciudad Real. Estuve viviendo cinco años en Ciudad Real y llegué muy joven, lleno de ganas de hacer cosas. Entablé muchas amistades, los compañeros que tenía ahí se portaron muy bien conmigo y creamos unos lazos que han durado hasta ahora.

Si volvemos al principio, ¿en qué momento nació tu curiosidad por entender cómo funciona el mundo?

Yo creo que fue desde muy pequeño. No estaba identificado como tal, pero si uno lo analiza o habla con mis padres, desde muy pequeño yo lo preguntaba todo, quería entender las cosas desde el punto de vista matemático, filosófico, físico… Tenía mucha curiosidad.

Y eso se fue desarrollando cuando empecé a leer. Leía muchos libros, entre ellos de ciencia ficción, que hicieron que tomase forma lo que es mi profesión.

¿Recuerdas alguna ocasión concreta en la que tuvieras que elegir entre distintos caminos y supieras que la ciencia iba a ser el centro de tu vida?

Sí, yo de hecho estudié físicas y estaba estudiando a la vez ingeniería, porque no sabía si me quería dedicar a la ciencia o a la ingeniería y trabajar en una empresa.

Y cuando estaba prácticamente decidido a escoger la ingeniería, pasé un tiempo en la Universidad de Innsbruck y, cuando volví, me di cuenta de que me quería dedicar a la ciencia. En ese momento, comprendí que la ciencia tenía muchas más posibilidades de las que había imaginado.

Para dedicarte a la ciencia al nivel al que lo has hecho, ¿has tenido que dejar algo atrás en el camino?

Sí, por supuesto. Como en cualquier oficio, si quieres ser un científico y progresar, tienes que trabajar mucho. Yo he trabajado muchísimo, los fines de semana, por las noches… Y en esos casos es inevitable dejar cosas de lado.

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Lo que pasa es que en mi caso tenía una vocación muy clara, disfrutaba haciéndolo. Y luego tuve la suerte de que mi familia lo tuvo en cuenta y me acompañó en todo momento.

¿Cómo ha estado presente España a lo largo de tu trayectoria, teniendo en cuenta que gran parte de tu carrera se ha desarrollado en el extranjero?

Ha estado presente en toda mi vida. Yo, cuando he estado viviendo en Estados Unidos, en Alemania, en Austria, en otros países… siempre he visitado España y, de hecho, lo he hecho muy a menudo.

Y he hecho cosas en España también. Tengo colaboradores en España, he trabajado con empresas españolas, tengo familia y amigos en España, veraneo ahí…

Yo siempre lo digo: aunque viva en Múnich, son solo dos horas de vuelo hasta Madrid. Cuando vivía en Castilla-La Mancha me costaba casi más llegar a Madrid que ahora. Así que, a pesar de estar lejos, sigo estando cerca.

Mirando tu trabajo con perspectiva, ¿de qué manera crees que la ciencia y la innovación ayudan a que un país crezca y sea respetado?

Yo creo que es muy importante. La ciencia en parte es la base de la cultura y tiene un gran impacto en la cultura de un país.

También en lo que es el desarrollo tecnológico, que crea la economía del futuro de cada país. Por otro lado, la cultura crea el humanismo que deben tener los seres humanos, por lo que creo que la ciencia afecta a ambos sectores.

Después de trabajar con talento de todo el mundo, ¿qué rasgos reconoces en los investigadores españoles que los hace destacar?

Yo creo que, por un lado, los investigadores españoles están muy bien preparados, al nivel de otros países.

Por otro lado, tienen a lo mejor una forma de comportarse en la que en seguida forman grupos entre ellos y construyen una vida social gracias a la que, aunque se encuentren en el extranjero, viven de una forma más agradable y social que los demás.

Y luego, en el lado negativo, se ve que los españoles normalmente no tienen esa facilidad de comunicarse o de comunicar lo que hacen. Eso es un defecto que tenemos y que se basa en la educación en España, pues es muy distinta a la de otros países, donde desde muy pequeños les enseñan que la comunicación es una parte muy importante de la vida y por lo tanto les enseñan cómo comunicarse en público, cómo presentarse…

La ciencia exige paciencia, visión a largo plazo y un esfuerzo silencioso. ¿Crees que como sociedad estamos aprendiendo a valorar ese tipo de trabajo?

Yo creo que cuesta mucho valorarlo y se entiende, porque las personas lo que viven es el presente y ven las consecuencias de lo que estamos haciendo en estos momentos.

Pero tal vez si uno se pone a pensar que el momento que estamos viviendo ahora, sobre todo en esta sociedad de la información, es la consecuencia de la ciencia que se hizo hace 20, 30 o 40 años, eso es lo que marca la diferencia. Pero, como decía, es difícil de percibir y especialmente en países como España, donde no tenemos esa tradición científica y tecnológica que hay en otros países y, por lo tanto, nos cuesta mucho más valorar la ciencia.

Siempre digo que, en algunos lugares del mundo, vas paseando por las ciudades y las calles tienen nombre de científicos, de tecnólogos, de industria… En España no tanto, y no es porque no se quiera, sino porque tal vez no ha habido tantos, porque la sociedad todavía no lo tenía asumido.

¿Crees que hay algo que se pueda hacer para que mejore esa concepción de la ciencia?

Creo que está pasando. Es decir, esto ha estado pasando durante los últimos 30 o 40 años. En España hay mucha más gente que se dedica a las ciencias y el valor de la ciencia en la sociedad ha aumentado. Para que siga mejorando hace falta que haya medios de comunicación que transmitan esta serie de cosas que están ocurriendo en la sociedad.

Y la ciencia no es algo que esté aislado, vive con una industria alrededor que hace que la ciencia pueda tener sus productos, que se transfieren a la sociedad.

Hace falta no solo resolver la visión que tenían los españoles de la ciencia, sino también que aparezcan las tecnologías y la industria, y que esta última se valore también para que todo vaya en conjunto.

Cuando tu trabajo sea recordado, ¿qué mensaje te gustaría que se interpretara no solo de tu contribución científica, sino de tu manera de aportar a la sociedad y al país?

Algo a lo que presto mucha atención y creo que se valora en el extranjero es la formación del talento joven. Yo siempre, a lo largo de toda mi vida, he sentido un gran apoyo para desarrollarme, y ese apoyo he intentado transmitirlo a las generaciones que vienen detrás de mí.

Muchos de ellos son españoles y españolas que están hoy en día repartidos por todo el mundo, pero yo creo que esa es una de las cosas más importantes, que además de hacer tu investigación tienes que pensar en darles las posibilidades y la libertad de expandirse y de tener éxito a las generaciones venideras, y tienes que darles todo el apoyo posible.

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