Eugenio Monesma: «La gente que conserva esa sabiduría son archivos de memoria, y están desapareciendo»
El documentalista Eugenio Monesma reflexiona sobre el medio rural, la relación de la naturaleza con el ser humano y las distintas formas de vivir en España.
El documentalista Eugenio Monesma reflexiona sobre el medio rural, la relación de la naturaleza con el ser humano y las distintas formas de vivir en España.
Durante décadas, Eugenio Monesma (Huesca), ha recorrido pueblos, caminos secundarios y oficios al borde de la desaparición con una cámara al hombro y una mirada paciente. Documentalista etnográfico autodidacta, ha construido uno de los grandes archivos audiovisuales de la cultura tradicional española. En esta entrevista habla de oficios, pero sobre todo de las personas que los conservan; de la vida en el medio rural, del respeto a la naturaleza y de una sabiduría tranquila que se desvanece con quienes todavía la recuerdan.
Si tuviera que definir España con una sola palabra, ¿cuál sería?
Un crisol de culturas. Somos una mezcla de muchísimas culturas que han pasado por esto que llaman la piel de toro, por esta península, desde íberos, romanos, árabes, invasores, bárbaros, alanos, suevos, etcétera, etcétera. Entonces, somos un crisol de culturas y hoy seguimos siendo un crisol de culturas, afortunadamente.
¿Y cuál es su crisol de culturas?
Por mi afición me siento más identificado por el mundo romano, y es que coincide que estoy investigando temas de arqueología, además de, sobre todo, vinculado a los oficios. Es un mundo que me interesa bastante, por eso quizás me siento identificado con ese tipo de cultura. Ya sé que es una cultura invasora en su momento, lógicamente, sé que estaban los pueblos íberos aquí anteriores, y luego llegaron los romanos, fueron invasores, pero al fin y al cabo dejaron también su impronta, que la tenemos desde las leyes hasta muchísimas tradiciones.
Usted comenzó haciendo cine en Super-8, con cortometrajes de carga simbólica y social. ¿En qué momento entendió que su cámara debía mirar hacia los oficios, tradiciones y pueblos?
Yo me compré una cámara de Súper 8 para grabar a mi hijo cuando nació, en el año 79, tenía la ventaja de que como había aquí un festival de cine, que sigue existiendo, que es el Certamen Internacional de Films Cortos Ciudad de Huesca, pues asistía y veía muchísimo cortometraje. Y hubo un cartel que me impactó muchísimo, que era un peón de ajedrez caído sobre el tablero y con sangre en la cabeza. Eso es lo que a mí me impactó y desde entonces, estuve dos o tres años realizando cortos de tema antibelicista, pacifista, etc. Pero en ese tiempo estaba muy vinculado yo también con el Instituto Aragonés de Antropología, que estaba en ese momento naciendo.
Uno de sus fundadores, que era Ángel Gari, con el que tenía bastante relación en aquel momento, me impulsó a ir grabando sobre todo rituales, porque él es especialista en brujería e inquisición. Y entonces él me trasladó a la idea de ir recogiendo todo lo que es la antropología y lo que es hacer un trabajo etnográfico de campo, pero audiovisual. Y empecé con los oficios quizás porque lo tenía muy próximo y porque también descendía de una familia obrera, mi padre era carpintero, mi madre era su ama de casa y lavaba la ropa de los ricos en el lavadero, etcétera. Entonces eso es lo que me llevó a dedicar la cámara más a recoger esas tradiciones que se estaban perdiendo. Y sin ninguna pretensión más, grabarlo, luego los proyectaba por los pueblos, iba por los pueblos con el proyector y siempre había alguien que me comentaba que su familia era, por ejemplo, alpargatera, y hablábamos un poco más y acabamos haciendo un documental de alpargatas. Era una forma de recoger y luego proyectar esas imágenes.
Ten en cuenta también que yo de aquellas trabajaba en una empresa y mi tiempo libre era bastante limitado, tenía un hijo recién nacido, etcétera. Pero si salía la oportunidad de un documental, yo lo hacía. En esa época me surgió un documental sobre una carbonera. Estuve durmiendo con el carbonero en la carbonera, lógicamente en fin de semana porque por semana estaba en la empresa. Pero siempre que me surgía algún documental nuevo, lo hacía, había temas que no podía dejar escapar.
¿Hubo algún oficio o tradición que le impresionara especialmente o que disfrutara mucho haciéndolo?
Me impresionaron todos, pero lo que sobre todo me interesaba eran los personajes. Por ejemplo, he grabado varias carboneras, pero en el 82, grabé una y fue muy interesante porque conocí al personaje muy a fondo. Era Hilario Artigas, con el cual hice muchos documentales con él y con su familia, porque era un hombre sabio, un hombre que sabía hacer todo tipo de oficios. Entonces para mí era más importante el personaje que el propio oficio, y siempre he tratado de respetar eso, al personaje, que fuera él el protagonista. Yo nunca salgo en mis películas, salvo cuando tenía el programa de televisión Nos vemos en la Plaza Mayor, pero yo nunca salgo, son ellos los protagonistas, no yo.
Su documental sobre los navateros marcó un punto de inflexión en su trayectoria. ¿Qué encontró en aquel mundo que le hizo quedarse en la etnografía audiovisual?
Fue un punto de inflexión tanto en la filmografía como en mi decisión vital. Yo estaba trabajando en una empresa, y en el 83 hicimos el documental de Navateros, que por supuesto, fue un esfuerzo impresionante, pero se hizo. Y este documental obtuvo algunos premios, y lo llegamos a llevar a Moscú, y se proyectó también en la Universidad de Leiden en Holanda y se llevó a varios sitios más.
Entonces fue ahí cuando tomé la decisión de dejar mi trabajo para dedicarme al cine. Vaya locura, ¿no? Con un hijo, en una ciudad pequeña como Huesca, dedicarte al cine… pero lo hice, y ese fue el punto de inflexión. Entonces tomamos la decisión, lógicamente con la aprobación de mi mujer. En el momento que dejo la empresa, mi hijo tenía seis años, entonces fue una decisión muy importante. Entonces creamos una pequeña distribuidora de cine, llevábamos el cine por los pueblos, y al cabo de un par de años, decidimos montar un pequeño videoclub. Ahí empecé a hacer bodas, bautizos y comuniones, lo que llamábamos la 'BBC' (ríe). Y fue un cambio total, porque era un riesgo. Ten en cuenta que hablamos de Huesca, 40.000 habitantes, y encima yo era autodidacta, no iba a las escuelas de cine que tienen las grandes ciudades.
Ha grabado miles de documentales sobre oficios perdidos, rituales y costumbres. Cuando empezó, ¿era consciente de que estaba construyendo uno de los grandes archivos audiovisuales de la cultura tradicional española?
No, en ese momento no, porque vas grabando y grabando, y vas como «coleccionando» cual coleccionista, siempre buscando más y lo más difícil. Y nunca me lo había imaginado, y cuando llegó el año 2000 más o menos, llegó el sueño de la Televisión Aragonesa. Fue en 2006 cuando tuve mi programa y empecé a darme cuenta de la respuesta del público, y mi programa estuvo seis años en antena.
Entonces cuando tienes un programa en tu propia tierra, la gente te llama, te habla de familiares con oficios, y estás en contacto más directo con los personajes, y empiezas a hacer más documentales. Y ahí me voy dando cuenta de que el archivo ya va siendo muy importante y tiene una referencia social importante.
¿Qué le ha enseñado el mundo rural sobre la identidad de España? ¿Y qué es lo que más admira?
Para mí lo que más me ha llamado la atención siempre ha sido el mosaico compuesto por múltiples culturas, lenguas e historias, y que todas coexisten en un mismo territorio, es decir, somos el resultado de muchos siglos de migración. Somos un crisol de culturas y para mí eso es lo más importante, tenemos un folklore interesantísimo y variado, desde la punta de Galicia al extremo de Andalucía, por cualquier lugar de España.
¿Hay algún oficio que, por su belleza, dificultad o carga simbólica, le parezca especialmente representativo de la España rural?
Son tantos los que he disfrutado... pero en este caso, el que me parece más representativo de la España rural, y que es el que más me duele que se esté perdiendo, es la ganadería extensiva, es decir, la trashumancia, el pastoreo. Los resultados de esa carencia, de esa ausencia, están siendo los incendios. Ya no se puede pasar al bosque, es casi imposible pasar por una zona boscosa, están invadiendo las cabañeras con cultivos de cereales, y lo poco que queda de trashumancia se va a perder.
La última que hice fue en 2020, bajé con los pastores en el pirineo navarro, ocho días caminando con ellos, durmiendo en la intemperie… y bajábamos 10.000 cabezas de ganado, cuando hace diez años eran 100.000 cabezas de ganado. Es un tema que se pierde, desgraciadamente, y la lana no vale para nada ya, antiguamente sí era un bien económico muy importante para la familia pero ya no. Y para mí es el oficio que más me duele que se esté perdiendo.
¿Por qué cualidades cree que España debería ser conocida en el extranjero?
Primero, como he dicho, por su variedad, por ese mosaico de culturas, es importante el patrimonio inmaterial y cultural que tenemos, insisto, sobre todo también en los pequeños pueblos, porque estamos acostumbrados a la monumentalidad. Nos hablan de patrimonio, de Gaudí, de la Sagrada Familia… y cuando alguien viene a Huesca van al Castillo de Loarre, y punto. Todos van a los mismos sitios, y eso lo pienso mucho.
Yo cuando viajo, voy a grabar los fogones tradicionales de los pueblos, voy por las rutas de los pueblos, voy conociendo a gente y me enseñan cosas que nunca nadie ha visto y yo me quedo sorprendido. Hay una cultura rural desconocida que creo que hay que conocer. Las tradiciones todos las conocen, pero ir a un pueblo y descubrir todo lo que tienen allí... Yo soy una persona que siempre coge carreteras secundarias y nunca la autopista. A mí me interesa una carretera en la que me pierdo y voy descubriendo cosas nuevas y parando.
Desde hace unos años, su archivo ha encontrado una nueva vida en YouTube. ¿Le sorprendió que los oficios tradicionales pudieran despertar tanto interés en el entorno digital?
Todo fue en 2020, en la trashumancia que estaba haciendo. Me llaman de EGEDA, una entidad de gestión de derechos que lleva mis documentales y me dicen que el patrimonio documental que tengo podría ponerse en redes sociales y monetizar. Yo no sabía lo que era monetizar, y cuando llegué abajo, tras la trashumancia, lo hablé con mis hijos. Y en el mes de diciembre subieron un documental para probar, y efectivamente fue una locura. El primer día hubo más de un millón de visionados.
Fíjate tú qué curioso, hace pocos días, una niña de 10 años, de un pueblo de Ávila, me escribió un correo diciéndome que estaba usando el correo de su papá, y que ella veía todos mis documentales y me los detalla y todo, y me dice que quiere conseguir mi libro pero que lo quiere firmado por mí, y claro, le respondo y le digo que por supuesto se lo regalo yo, se lo firmo y se lo envío.
¿Qué cree que busca una persona joven con sus documentales?
No sé lo que, yo creo que no conocen estos oficios, y quedan sorprendidos cuando ven los documentales y ven como una cosa tan sencilla como hacer una flauta con un trozo de la punta del pino, o con un hueso de ala de buitre y más cosas así. Con estas cosas alucinan, y al final son recursos a los que el hombre ha recurrido siempre, ha mantenido y respetado la naturaleza. Y yo siempre lo he dicho: el mayor ecologista es siempre el hombre del medio rural. El campesino, cuando iba a los ríos y pescaba truchas, no pescaba las truchas más pequeñas, sino que cogía la más gorda, que es la que se come a las pequeñas, y así las pequeñas algún día serían grandes. El río era su despensa.
¿Cree que hay una desconexión de las personas del mundo de ciudad y mundo rural? Teniendo en cuenta además, que la legislación se suele hacer para las ciudades más que para el mundo rural
Por supuesto. Primero, en el mundo rural no hay suficientes votos para mantener a ningún partido. Son pequeñas aldeas rurales que tienen 20 vecinos y se busca el voto, pero no les interesa hacer nada, porque «cómo voy a invertir yo en tu pueblo para hacer la canalización de aguas», pues no le interesa, entonces es un problema. Y luego el urbanita, cuando va al medio rural, entendiendo incluso a los que son descendientes de familiares de ese pueblo, pero ya van a la casa que se ha rehabilitado, y van de la ciudad y es el señor de la ciudad, el resto son aldeanos. Y yo con esta situación no tengo problema, esa situación me la encuentro muchas veces, pero claro, esos que viven en la capital y vienen en verano, un mes, con hijos y nietos… pero no tienen ese cariño que tienen los campesinos, los rurales, hay una diferencia social y cultural muy importante.
En muchas de sus grabaciones aparece una relación muy directa entre las personas y la naturaleza: aprovechar lo disponible, reparar, reutilizar… ¿Cree que esos saberes antiguos pueden ayudarnos a pensar el futuro?
En la ciudad se vive con prisas, en el medio rural es diferente. El campesino no tiene prisa, se va al huerto, sus recursos son mínimos, necesita muy poco para vivir, pero el urbanita es diferente, necesita más cosas para vivir. Yo lo que veo en muchos pueblos de España es que está llegando mucha gente joven, parejas jóvenes, y hay un problema y es que si tienen hijos, ya está el problema de las escuelas, porque están quitando las escuelas del medio rural y ya hay que llevar diariamente a los niños al pueblo más cercano donde esté la escuela.
Mira el centro más importante de un pueblo pequeño, y que tendría que estar subvencionado, es el bar, porque es el punto de encuentro, donde todos se juntan a tomar el café, y donde, cuando un vecino no está o nadie lo ha visto, pues lo comentan, se pasan por su casa o por su huerto a ver si está bien… Es el punto de encuentro porque no hay más de 30 vecinos y ahí es donde se ven y donde la gente nueva pasa a conocer a la gente también. Y si aparece una nueva pareja con dos hijos, y en el pueblo hay tres niños, pues ya son cinco y ya pueden abrir una escuela. Es una de las formas que podríamos tener para salvar estos pueblos que cada vez están en más agonía.
¿Qué tradición, oficio o forma de vida española cree que todavía estamos a tiempo de mirar con más atención antes de perderla?
Oficios es muy difícil, pero hay un oficio, y hay gente joven que trabaja en redes sociales, en internet, y que trabajan desde casa, y ahora cuantísimos oficios se pueden realizar desde casa sin necesidad de un transporte, de madrugones, horas en carretera con tráfico… y esta gente joven elige lo mejor, eso de tener su huerto, levantarse escuchando al gallo. Y creo que con las redes sociales puede haber una alternativa laboral muy importante, y hace falta que en los pueblos también haya potencia suficiente para mantener las redes sociales, pero yo creo que este sistema está bien. Y la forma de vida que hay en los pueblos es una alta calidad de vida.
Si tuviera que escoger un aprendizaje personal de toda su trayectoria, no como documentalista sino como persona, ¿cuál sería?
Si fuese el aprendizaje de un oficio sería el de carpintero porque ya lo he vivido, pero si se trata ya de la parte emocional, he aprendido muchas cosas, sobre todo a ser respetuoso con la naturaleza, para mí eso ha sido muy importante porque eso lo he aprendido con ellos, con los pastores haciendo la trashumancia, con los carboneros doce días haciendo carbón en el monte, con los tejeros… con todos he aprendido esa forma de vida sencilla y humilde, y eso es muy importante. El no ir con prisas, el grabar y disfrutar de la conversación, aprender de esa sabiduría de la gente del campo. Y es una pena porque esa sabiduría, gente que sabe todo esto, es gente que está desapareciendo, son archivos de la memoria, y en realidad son los que han transmitido esa cultura de sus antepasados ancestrales, de cientos años atrás, y la han ido transmitiendo.
Nosotros hemos tenido la suerte de haber vivido como en la edad media, porque hemos vivido como en tiempos pasados, y ahora vivimos en un futuro, con las nuevas tecnologías, que es todo una suerte. Para mí es eso, disfrutar de una vida lenta, tranquila, respetar la naturaleza, respetar a los vecinos, eso para mí ha sido muy importante.
Después de tantos kilómetros, conversaciones y horas de grabación, ¿qué España le sigue fascinando?
Esa España que hemos heredado, que nos han legado nuestros antepasados que es una fusión de muchísimas culturas, de culturas milenarias que han pasado por nuestro país, y que han dejado sus restos, sus posos, y esos posos son los que a nosotros, de alguna forma, estamos disfrutando ahora de esos matices culturales. Fiestas tradicionales, rituales festivos con orígenes romanos, otros árabes… es un crisol de culturas.
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