José Luis Bonet: «El progreso es tradición, innovación, talento, trabajo y tenacidad»
En esta entrevista, el presidente de la Cámara de Comercio de España, José Luis Bonet, nos habla de las pymes y el legado, además de asegurar que «una marca país la sostiene la gente, todos y cada uno de ellos desde su posición».
En esta entrevista, el presidente de la Cámara de Comercio de España, José Luis Bonet, nos habla de las pymes y el legado, además de asegurar que «una marca país la sostiene la gente, todos y cada uno de ellos desde su posición».
José Luis Bonet, presidente de la Cámara de Comercio de España y presidente de honor de Freixenet, conoce en profundidad cómo se construye un país desde el tejido empresarial, el liderazgo, la marca país y el legado. En esta entrevista, ha tenido la amabilidad de compartir con nosotros algunas de las ideas y vivencias que ha obtenido a lo largo de su extensa carrera profesional como empresario y docente, así como algunas pinceladas de carácter más personal y crítico.
Si tuviera que explicar España a alguien joven a través de una sola escena, ¿cuál elegiría y por qué?
Elegiría un compendio de todo ello: una mesa familiar con amigos, un lugar en el que hubiera luz y la sensación de calidez. Y, por otro lado, productos encima de la mesa de la dieta mediterránea, particularmente el pan, el vino y el aceite.
¿Recuerda cuando entendió que en ciertos casos una empresa ya no vende solo lo que produce, sino que acaba representando una forma de ser país?
Desde que tengo uso de razón, porque en las empresas familiares enseguida te das cuenta de que estás en un proyecto empresarial familiar con proyección más allá. Quizá al principio no lo relacionas directamente con el país, pero lo acabas relacionando desde tu propio territorio a lo que son las autonomías, a lo que es España, a lo que es Europa. Es decir, uno va viendo que lo que hace tiene un efecto exterior.
¿Hay alguna anécdota o momento en el que lo viera muy claro, que diga, en esta empresa no solo vendemos una manera de hacer país, esto representa un poco lo que somos nosotros?
Sí, yo creo que desde el momento en que Freixenet se convierte en número uno del mundo, pues ya ves que estás representando a España de alguna manera. Esto me llevó a conspirar con cuatro o cinco empresarios más de trayectorias paralelas, justamente en Barcelona, buscamos el cómo nosotros podíamos beneficiar de alguna manera al conjunto de empresas del país. Y de ahí nace el Foro de Marcas Renombradas Españolas (FMRE).
Venir de una empresa familiar da una relación distinta con el tiempo. ¿Qué le enseñó ese mundo sobre la continuidad? ¿Qué cosas pueden cambiar y qué cosas, si se rompen, hacen que se pierda algo más profundo?
Evidentemente que tienes la sensación de saga, y a medida que vives eso con un éxito universal ves que eres un eslabón de una cadena. En mi caso he vivido plenamente esto, sobre todo por las vicisitudes que ha habido en la cadena. Por ejemplo, el asesinato de mi abuelo en la Guerra Civil por ser empresario, o como las mujeres de la familia cuando les devuelven la empresa colectivizada cuando la Generalitat ve que pierde la guerra, pues toman una decisión de feminismo de verdad, de continuar la empresa que pudieron haber renunciado.
En general todo el tiempo tienes esa sensación. Es verdad que también ves en determinado momento cómo esto se rompe, lo cual es realmente doloroso, y empieza una nueva etapa en la que tienes la conciencia de que el país pierde.
Usted ha pasado de mirar una empresa concreta a mirar el conjunto del tejido productivo español. ¿Qué descubre uno sobre España cuando amplía así la escala?
Que es un gran país, uno extraordinario, el mejor país del mundo. Pero también te das cuenta de que tiene algunos «atrasos» cuando lo relacionas con el ámbito empresarial, ya que es un país de pymes pero donde hay muchas que no han hecho los deberes.
Uno se da cuenta del recorrido inmenso que hay delante, y que es importante intentar movilizar a estas pymes y acompañarlas desde la cooperación público-privada. Por tanto, tienen las condiciones de hacerlo y nosotros la responsabilidad de acompañarlas, además de, por supuesto, los políticos facilitarles el camino.
Ha defendido en muchas ocasiones que las empresas son las que vertebran la sociedad. ¿Dónde se ve eso de verdad, en la vida real, más allá de los discursos?
Se ve claramente en la España actual, que es una España de pymes, que son empresas familiares donde no se da, como dice algún político erróneamente, una lucha de clases, sino un capitalismo cuasi familiar.
Hay un empresario que tiene un punto de patriarca y donde están con él algún hijo que se ha formado ya en la universidad, y unos cuantos trabajadores, que pueden ser 8, 10, 15, 20, 50, que van con él a muerte. Evidentemente tienen tensiones porque cada uno va a lo suyo, y cuando uno no llega a final de mes, pide por lo suyo. Pero, en definitiva, van juntos. Y eso es lo que ves que hay en el país realmente, en la economía del país, y como consecuencia también en la sociedad. Obviamente esto puede tener asechanzas, muchas de ellas desde la política, pero la realidad social es esta.
Durante muchos años ha combinado empresa y docencia. ¿Qué le enseñó el aula sobre España que luego confirmó o desmintió la realidad empresarial?
Yo me metí a intentar saber algo más de lo económico por dos razones. Una, porque en una empresa familiar, esto lo desayunas, lo comes, lo meriendas y lo cenas, es una economía aplicada claramente. Pero también porque cuando yo estudiaba en la Facultad de Derecho de Barcelona, me interesaron mucho los planteamientos que hacían al inaugurar las ferias de muestras de Barcelona los ministros, los llamados tecnócratas del Opus (Navarro Rubio, Alberto Ullastres), que iban allí y explicaban su plan de política económica o plan de estabilización. Y luego también la reactivación y el desarrollo. Eso me interesó mucho. Y eso me abocó al final a dedicarme a lo que me he dedicado.
Yo lo hice como profesor de universidad de Economía Política y Hacienda Pública durante 50 años y como directivo en la empresa. Esto me ha llevado a la conclusión de que esto debería ser lo normal. Todo empresario directivo tiene que ser, per se, profesor de universidad asociado, porque de lo suyo no hay nadie que sepa más.
Ahí transmites la realidad viva de la empresa y hay que hacerlo como un servicio más que prestan los empresarios. Esto tendría que ser de esta forma porque ayudaría mucho a los alumnos. Por otro lado, los profesores full time que están en la universidad deberían estar cada año quince o treinta días en la empresa para conocer la realidad y transmitirla.
Hay países que se explican mejor desde fuera que desde dentro. Después de tantos años ligado a la internacionalización, ¿qué cree que España ve mal de sí misma y qué, sin embargo, fuera se valora con más claridad?
El pesimismo es uno de los males de la patria. Hay un exceso de pesimismo. Cuando ves el reñidero político actual, hay razones para el pesimismo. «¿Qué hacen? ¡Qué insensatez!». Pero cuando lees los medios de comunicación también tienden al pesimismo. No sé exactamente por qué, por eso dicen que «las malas noticias venden más», pero yo no me lo creo. Creo que hay un mal que se ha inoculado en personas muy importantes como son los periodistas, que al final adoctrinan mucho.
Ya en el siglo XIX se habló de la economía como la ciencia lúgubre, una tendencia al pesimismo. Por fortuna en la vida he tendido al optimismo, y creo que es la base para crear, porque, en definitiva, el pesimismo puede ser también lúcido, pero para crear, yo creo que tienes que ser optimista.
En sectores muy ligados a la historia y al origen, la tradición puede ser en ocasiones fuerza y en otras ocasiones una excusa. ¿Cómo distingue usted entre respetar un legado y refugiarse en él?
Yo creo que el progreso viene de la suma de tradición y respeto a la tradición, pero también transformación, talento, trabajo y tenacidad. Con esto consigues lo que quieras en la vida. Un poco de suerte también... Pero en este momento la transformación se ha hecho más importante porque hay un crecimiento acelerado de las nuevas tecnologías que se hacen indispensables para la creación en cualquier ámbito, por eso la necesidad de sumar tradición e innovación desde las otras tres «T»: talento, trabajo y tenacidad.
¿Recuerda alguna decisión en la que sintiera con claridad que no solo se jugaba el futuro de una compañía o de una institución, sino también una cierta idea de España?
Sí, bastantes. Y sobre todo aquí, en la Cámara de Comercio de España, porque aquí se ha podido corroborar que es un instrumento indispensable para el desarrollo del país, desde luego económicamente pero también socialmente. Nosotros aquí estamos para mejorar la competitividad de las pymes, ayudar a las grandes que ya van mucho más potentes por el mundo, pero que también a veces se las puede ayudar.
Y por otro lado, para la formación de las personas y también para la internacionalización de las pymes. Nosotros en esta institución debemos abordar el ámbito de la alta política o de la defensa institucional. La defensa de España lo primero, y lo segundo la defensa de las instituciones que están consagradas en la Constitución del 78 y que han permitido el desarrollo gigantesco que ha tenido España en los últimos años.
Esto empieza ya antes de la transición, en los años 60, pero solo eran apuntes en una dirección, pero cuando realmente se consagra es en la transición y el mérito fundamental es del Rey emérito y de la gente que eligió para que le acompañase, como Adolfo Suárez, Torcuato Fernández-Miranda y algunos más. Si no hubiera estado él, difícilmente se hubiera materializado la transición. Esto se puede discutir, pero a mí me lo parece. Y en este sentido, la gran suerte de España en este momento es la del Rey actual; los reyes, pero sobre todo el Rey actual es un personaje ejemplar y una persona que está, en definitiva, trabajando mucho y que tiene un afán de servicio muy importante.
Lo que necesita el país son instituciones, el Rey es una, que sirvan al país, que tengan ese afán. Las cámaras somos otras instituciones que tienen afán de servicio. Si no tienen esto, no cumplen su cometido. Afortunadamente esto existe ahora y podríamos hablar de muchas otras instituciones y empresas que tienen afán de servicio. Van a su propio crecimiento y progreso, como es lógico, pero también realizan servicios al conjunto de la sociedad. Y esto se ve poco, porque el relato dominante no va por ahí, y es una de las cosas que tenemos que esforzarnos para que cambie y así la sociedad se dará cuenta de que es lo que les conviene realmente.
¿Cree que al país le falta cierta vocación de servicio o considera que es algo que puede mejorar?
Yo creo que no falta, el problema es que no se ve, pero el servicio está ahí. Y nosotros mismos estamos ahora pensando, a partir del éxito del programa Kit Digital, un programa de internacionalización de pymes. Y ahí echaremos mano de todo lo que podamos, y al menos lo propondremos: cooperación público-privada inexcusablemente, pero por otro lado, a las propias empresas. Las grandes empresas pueden ayudar mucho porque ya están en el mundo, y aunque sea para aconsejar a gente que necesita agarraderos para ir por el mundo, son muy importantes y hay que pedirles que ayuden en este terreno.
Usted ha estado muy cerca de la construcción de reputación de España a través de sus marcas. ¿Qué cree que sostiene de verdad una marca país?
La gente, todos y cada uno desde su posición. Empezando por el Rey, pero siguiendo por todos los que tenemos responsabilidades, mayores o menores, pero que en definitiva podemos aportar nuestro grano de arena en conseguir que la gente del resto del mundo se dé cuenta que este es un país serio, potente, al que le está llegando una hora muy importante y que en definitiva está siendo crucial para el futuro.
Por ejemplo, desde aquí hemos montado una alianza con el Fondo de Marcas Renombradas Españolas, la Confederación de Directivos, el ICEX y la Cámara, llamada Conexión España, para aglutinar, conectar y servir a los miles de expatriados que han posicionado mucho más a España desde el punto de vista económico en el mundo. Y esta gente son los héroes de la película.
Desde la Fundación Conexión España, que es muy reciente y tenemos cerca de 5.000 miembros, hemos creado una herramienta llamada Observatorio del Valor Directivo, que sirve para medir el impacto y reputación de líderes españoles en el extranjero como activo estratégico en el mundo. Por ejemplo, Estados Unidos o Asia los valoran por la capacidad técnica y cómo se mueven, pero los iberoamericanos, que son sus parientes, no solamente los valoran por su capacidad técnica, sino que son sus hermanos. Por lo tanto, hay muchas posibilidades de llevar a España hacia arriba y sobre todo si tenemos éxito y se monta un plan de internacionalización de pymes.
España tiene talento empresarial, producto, capacidad exportadora y marcas con peso. ¿Qué cree que nos falta todavía para confiar más colectivamente en lo que somos capaces de hacer?
España, país de pymes. En el momento en el que las acompañemos, cooperación público-privada y más allá, va a dar un salto monumental, porque lo que falta ahí es esa ambición y esa determinación que ha llevado a algunos a hacerlo ya con éxito. Por tanto, yo soy una persona que cree mucho en la potencia de este país y el recorrido que está ahí delante. España sigue siendo competitiva. Lo que hay que hacer es ir a por ello.
Cuando dentro de unos años se mire su trayectoria con perspectiva, ¿qué le gustaría que se entendiera que intentó defender o construir en España?
Bueno, un humilde servidor de la patria, nada más.
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