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El Camino Francés de Palas de Rei a Arzúa: una etapa fascinante a través de ríos y puentes

La etapa 31 del Camino Francés combina un impresionante patrimonio histórico con una naturaleza y una gastronomía que conquistan a todos los peregrinos que confluyen en este cruce de caminos.
Puente de Furelos
La etapa 31 del Camino Francés combina un impresionante patrimonio histórico con una naturaleza y una gastronomía que conquistan a todos los peregrinos que confluyen en este cruce de caminos.

El Camino Francés, la más popular de las rutas que conducen a Santiago, comienza su tramo final con una etapa apasionante que abandona tierras lucenses y se adentra en A Coruña cruzando bosques, ríos y pueblos con un apabullante patrimonio histórico y cultural. Aquí confluyen los peregrinos de las principales rutas jacobeas para recorrer juntos los últimos kilómetros hasta llegar a Santiago.

Donde se encuentran los caminos

Los casi 30 kilómetros que separan Palas de Rei de Arzúa constituyen una etapa exigente que transcurre entre bosques de robles, castaños y eucaliptos y praderas atravesadas por arroyos y ríos.

La etapa parte de la comarca que inmortalizó Emilia Pardo Bazán en Los pazos de Ulloa y fusiona en su trayecto el Camino Francés con el Camino Primitivo y el Camino del Norte, sirviendo como punto de unión para los peregrinos que afrontarán juntos las últimas etapas hacia Santiago entre la alegría por haber conseguido culminar la aventura y la nostalgia adelantada por el fin de una experiencia que perdura en el corazón y en la memoria de por vida.

Un punto de partida digno de una novela

La etapa 31 del Camino de Santiago Francés arranca en el noroeste de la provincia de Lugo, atravesando nada menos que la comarca de A Ulloa, escenario elegido por Emilia Pardo Bazán para retratar la Galicia rural y la decadencia de la aristocracia en su obra más célebre.

Castillo de Pambre en la comarca de A Ulloa.
Castillo de Pambre en la comarca de A Ulloa. | Pablo Becerra Lago, Wikimedia

Tierra de casonas, pazos y palacetes, esta primera fase de la etapa permite visitar dos lugares cargados de magia e historia: la pequeña aldea de San Xulián do Camiño, con una iglesia románica del siglo XII dedicada al patrón de los posaderos, y el monumental Castillo de Pambre, rodeado de un entorno espectacular, que constituye uno de los ejemplos más destacados de arquitectura militar medieval de Galicia.

Un tesoro histórico y gastronómico en mitad de la etapa

Tras abandonar la comarca de A Ulloa, la etapa continúa atravesando pequeñas aldeas lucenses entre frondosos bosques hasta alcanzar la provincia de A Coruña, donde el eucalipto sustituye a los castaños y robles y donde aguardan algunas de las joyas de esta etapa, como la iglesia románica de Santa María do Leboreiro o el fantástico puente medieval de San Xoán de Furelos, por el que se accede a Melide.

Puente de Furelos
Puente de Furelos. | Dreamstime

La localidad de Melide, donde el Camino Francés se une con el Camino Primitivo, bien merece dedicar el tiempo necesario para recorrer su impresionante patrimonio, como el antiguo hospital de peregrinos o el Convento del Sancti Spiritus, y disfrutar de su exquisita gastronomía, en la que destacan las pulperías y los dulces tradicionales como los melindres y los ricos.

Un colofón con sabor a despedida

Tras salir de Melide, el peregrino continúa atravesando preciosas aldeas como Boente, Figueroa o Ribadiso da Baixo y cruza el último puente medieval sobre el río Iso, que le regala una bucólica estampa antes de alcanzar Arzúa, donde la ruta confluye ahora con el Camino del Norte.

Tras reponer fuerzas con una deliciosa tapa de queso Arzúa-Ulloa acompañado de una copa de Ribeiro, un paseo por la Iglesia de Santiago y la Capilla de la Madalena pondrán el broche de oro a esta fascinante e intensa etapa.

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