Una ruta secreta: el desfiladero leonés entre osos, rocas y leyendas
Entre imponentes paredes rocosas, esta ruta se adentra en uno de los paisajes más sobrecogedores y también desconocidos de Castilla y León.
Entre imponentes paredes rocosas, esta ruta se adentra en uno de los paisajes más sobrecogedores y también desconocidos de Castilla y León.
Un profundo cañón de roca caliza donde las paredes casi se tocan, un riachuelo que juega al escondite entre las piedras y un silencio que conmueve. Escondido en la montaña leonesa, este desfiladero es un capricho de la naturaleza tan abrupto y sombrío como fascinante.
Los Calderones de Piedrasecha, entre tajos y cuevas
La belleza escénica de Los Calderones de Piedrasecha impresiona. Con una infinita paciencia, el agua ha moldeado a su antojo un angosto pasillo de paredes verticales, pasos tan estrechos que parecen imposibles de atravesar y cuevas que se asoman al vacío.
La escasa luz que consigue alcanzar la base del cañón y la quietud que lo envuelve crean una atmósfera íntima que invita a desvelar cada uno de sus secretos. El sendero, pedregoso y encajado entre sombras, traza una ruta de senderismo impactante. Es accesible para realizar en familia, pero siempre con precaución y con calzado adecuado para caminar por un terreno a veces muy irregular.
Pequeñas maravillas en el camino
El sendero parte del pequeño pueblo de Piedrasecha. Desde allí, sigue el curso del arroyo que ha horadado la roca hasta crear ese profundo corte en la montaña. Sin embargo, el sonido de sus aguas cristalinas no siempre acompaña, buena parte del año su cauce se muestra esquivo, ocultándose entre las piedras.
El Serrón, un enorme peñasco teñido de amarillo por el liquen, anticipa la naturaleza abrupta de la ruta. Un poco más allá mana la Fuente del Manadero, puerta de entrada a la zona más escarpada del desfiladero. Y, antes de adentrarse en él, aparece la cueva de las Palomas. Es un abrigo natural que alberga un pequeño santuario rupestre y que ofrece unas vistas espectaculares del entorno.
A medida que se avanza, el desfiladero se estrecha entre paredes infinitas. Es un corredor que parece conducir directamente al Averno. Sin embargo, ese espacio sombrío desemboca en un lugar de luz, la vega de Santas Martas, una inmensa pradera donde el cielo se abre de nuevo y el paisaje cambia por completo.
Entre la historia y la leyenda
Los Calderones no solo se distinguen por su insólita belleza. En este corredor que discurre entre valles aún parecen resonar los pasos de antiguos pastores. También los de peregrinos que seguían el Camino Olvidado, una ancestral ruta jacobea.
Conserva también algunas leyendas. Una de ellas cuenta que en Santas Martas hubo un poblado y que sus habitantes murieron tras comulgar con pan elaborado con agua contaminada por una salamandra. Solo sobrevivió una anciana que no pudo ir a misa.
Los Calderones de Piedrasechas dibujan uno de los rincones más sorprendentes de León, un lugar donde no caben las prisas y que se siente a cada paso. Aventurarse en esta ruta es más que una experiencia al aire libre, permite también descubrir una maravilla natural que es punto de interés geológico.
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