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El cañón salvaje de Murcia donde la aventura se mezcla con la Prehistoria

Aguas vibrantes, precipicios y un pasado grabado en la piedra protagonizan uno de los rincones más sorprendentes de la Región de Murcia.

Fuente del Gorgotón en el Cañón de Almadenes. | Dreamstime

Aguas vibrantes, precipicios y un pasado grabado en la piedra protagonizan uno de los rincones más sorprendentes de la Región de Murcia.

Entre Cieza y Calasparra, en el curso alto del río Segura, la tierra se parte en dos. Durante millones de años, las aguas del río han horadado la roca caliza hasta dibujar una profunda herida. Ese paisaje agreste esconde mucho más que una extraordinaria riqueza natural. Sus abrigos conservan la huella de quienes habitaron estas tierras hace miles de años.

El Cañón de Almadenes, un paisaje de roca y agua

Son once kilómetros de paredes vertiginosas que superan los cien metros de altura. El Cañón de Almadenes es uno de esos caprichos geológicos que transforman el paisaje en cada recodo. A veces aparecen formas rocosas que proyectan siluetas fantasmagóricas. Otras veces se descubren en él pequeñas playas fluviales o incluso manantiales de aguas templadas.

El río Segura atravesando el Cañón de Almadenes. | Dreamstime
El río Segura atravesando el Cañón de Almadenes. | Dreamstime

Diferentes rutas de senderismo recorren el cañón, y cada una ofrece una experiencia singular. Algunas, más accesibles, llevan a miradores con vistas espectaculares. Otras discurren casi colgadas de las paredes en algunos de sus tramos. Al fondo, el río serpentea para dar vida a un pequeño paraíso para los amantes de los deportes de aventura.

Adrenalina en estado puro

A su paso por el desfiladero, el Segura ofrece su cara más viva. Sus aguas discurren limpias y enérgicas, entre rápidos y remolinos ideales para el rafting o para deslizarse en kayak. Desde el agua, la perspectiva cambia por completo, las paredes parecen descomunales y el silencio de las zonas altas se convierte en un suave rugido.

Río Segura a través del Cañón de Almadenes. | Dreamstime
Río Segura a través del Cañón de Almadenes. | Dreamstime

Las emociones intensas no acaban ahí porque el tramo final del cañón ofrece la posibilidad de practicar barranquismo. Además, es posible admirar su belleza y desafiar al vértigo desde una vía ferrata o un puente suspendido sobre el abismo.

Un espacio natural protegido con memoria histórica

La biodiversidad del cañón es tan espectacular como sus paredes. En sus cortados anidan águilas perdiceras, aguiluchos y halcones peregrinos. Son también dominios de búhos reales y murciélagos. En este refugio de especies también es fácil observar nutrias, galápagos o incluso cabras monteses en las zonas más escarpadas.

Pero hace miles de años hubo otros habitantes que se guarecieron en sus abrigos y dejaron una huella imborrable. Las paredes de las cuevas de los Monigotes y de La Serreta fueron los lienzos en los que dibujaron figuras humanas, animales y misteriosos símbolos.

Cueva de Serreta en el Cañón de Almadenes. | Dreamstime
Cueva de La Serreta en el Cañón de Almadenes. | Dreamstime

Esas pinturas prehistóricas forman parte del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo, Patrimonio de la Humanidad. Pero, más allá de ese reconocimiento por su valor, son el testimonio de que el entorno salvaje y escarpado de este desfiladero ya fascinó hace miles de años a quienes se adentraron en él.

Recorrer el Cañón de Almadenes es descubrir una cara de la Región de Murcia singular e inesperada. Es un lugar donde la fauna salvaje, el agua y la piedra crean un escenario cautivador y vertiginoso. Aquí la aventura es adrenalina, pero es también la experiencia de adentrarse en un escenario que custodia una herencia ancestral.

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