A 1040 metros sobre el nivel del mar: el pueblo pirenaico con una de las estaciones más bonitas de España
El famoso núcleo medieval pasó a un segundo plano tras la construcción de una espectacular estación ferroviaria internacional. Gracias a ello guarda uno de los mayores hitos arquitectónicos del Aragón del siglo XX. Enclavado entre las imponentes cumbres de los Pirineos, este pueblo de Huesca promete una visita inolvidable.
Una historia de fronteras
Aquello que ver en Canfranc está ligado a su historia. Esta población es la más próxima al llamado Summus portus, el más alto puerto de esa parte del Pirineo. Tal condición hace que se le conozca como Somport. El pico sirve como puesto fronterizo entre España y Francia.
Su estratégica posición provocó que ya en el siglo XI se fortificara. Además se instaló una aduana para cobrar lezdas y peajes a las mercancías u hombres que circulaban hacia Jaca. Somport era el paso más accesible en aquellos tiempos en que se viajaba a pie o sobre cabalgaduras. Gracias a ello, Canfranc concentró una intensa actividad comercial transfronteriza entre Aragón y el Bearn francés. Esto definiría su carácter y se alzaría como su principal fuente de riqueza a lo largo de los siglos.
Las mismas razones que lo hacían un gran paso comercial lo erigieron como punto clave del hoy llamado Camino Aragonés. Esta variante original del Camino de Santiago Francés tenía en el 1095 un albergue privado ubicado en el pueblo. Sin embargo, durante el siglo XI ganó fama como parada jacobea gracias a un milagro. Unos peregrinos franceses se atrevieron a cruzar por allí en plena nevada. Tras sobrevivir por intercesión divina fundaron el celebérrimo Hospital de Santa Cristina.
Durante el siglo XI Canfranc vio pasar al famoso Aymeric Picaud. Se trata del autor del libro V del Codex Calixtinus, obra que entregó en 1140 en Santiago para redención de sus almas. El galo completó el viaje junto a su compañera Girberga de Flandes.
El núcleo poblacional o villa real de Canfranc se asentó al fondo del valle. Es estrecho e impedía por eso la roturación de tierras para cultivos, lo que incentivó todavía más la actitud comercial de sus habitantes. Su planificación urbanística fue de barrio viario, con casas a ambos lados del Camino de Santiago. La localidad obtuvo un molino, un mesón y un horno de panificación en el siglo XI.
El 26 de octubre de 1288 se firmó el Tratado de Canfranc. Gracias a esto Alfonso III de Aragón consiguió el intercambio de Carlos de Anjou por sus hijos Roberto y Luis. Su rival se comprometió a conseguir del Papa Nicolás IV la revocación de Carlos de Valois como Rey de Aragón, algo que no lograría. Asimismo, el noble prometió cumplir el Pacto de Olorón, que suponía la tregua de Sicilia con Aragón.
A pesar de los ingresos de los peregrinos, las condiciones de vida en el medievo fueron muy duras. Por ello, en el siglo XIV, Pedro IV de Aragón concedió a su habitantes el llamado “privilegio del vino”. De esta manera, estos podían importar vino francés sin pagar impuestos.
Como nudo de comunicaciones, sus infraestructuras militares medievales quedaron desfasadas. Se requería de nuevas instalaciones, como el fuerte de Coll de ladrones (siglos XVII-XIX) y la torreta de fusileros (siglo XIX). Hacia 1928 se inauguró la Estación Internacional de Canfranc, que unía ambos lados del Pirineo por ferrocarril. Su presencia a cuatro kilómetros del pueblo provocó la urbanización y dotación de servicios a sus alrededores.
Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, ocurrió el llamado episodio del “Oro de Canfranc”. Toneladas de oro alemán proveniente de Suiza pasaron a España a través de la estación. En dirección opuesta circuló hierro y wolframio con los que se reforzaba la producción de tanques nazis.
Ya en 1944 se produjo un devastador incendio en el pueblo original. Por lo tanto, se decidió trasladar la actividad administrativa y hacer las nuevas construcciones en la zona anexa a la Estación Internacional de Canfranc. De este modo se produjo una despoblación progresiva del núcleo medieval. En marzo de 1970 un tren francés descarriló en la vía, al otro lado de la cordillera. La subsecuente interrupción del tráfico ferroviario con Francia que se produjo dura hasta hoy. Con todo, ambos países han mostrado su interés por reparar la infraestructura necesaria para revivirlo.
Qué ver en Canfranc, un pueblo de Huesca con una estación única
El atractivo más grandioso que ver en Canfranc es la Estación Internacional de Canfranc, concebida como escaparate de España para el viajero extranjero. Es un enorme edificio de transición del modernismo al Art Déco. Se halla rematada con un tejado curvo apizarrado, con cuatro pináculos piramidales en sus extremos.
Las compañías Midi Francés y Norte de España presentaron su proyecto en 1910. De este modo la construcción comenzó en 1915, dirigida por el ingeniero alicantino Ramírez de Dampierre. Tras su muerte, la Estación Internacional de Canfranc fue finalizada, en 1925, por el vizcaíno Domingo Hormaeche. Su empresa construyó también el primer tramo del Metro de Madrid e introdujo el hormigón armado en tales proyectos.
La Estación Internacional de Canfranc consta de un edificio principal destinado a pasajeros, con un gran desarrollo longitudinal y tres volúmenes en altura. El vestíbulo con taquillas se sitúa en el cuerpo central. Ventanales, pilastras y ebanistería evidencian rasgos Art Decó. Hay además varios muelles para el trasbordo de mercancías y el depósito de máquinas, lo único visitable en la actualidad. El conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural en 2002.
Canfranc más allá de su estación
El pequeño y pintoresco núcleo medieval de Canfranc apenas cuenta con tres calles. Pese a ello es Conjunto Histórico Artístico. El principal hito es la Iglesia Parroquial de la Asunción, con sus tres retablos barrocos. A su vez, los restos de la antigua Torre de Aznar Palacín (siglo XII) son asimismo notables. En sus alrededores, sobre el río Aragón, se encuentra el Puente de los Peregrinos, de estilo románico.
La naturaleza fronteriza de Canfranc queda evidente por los restos de antiguas estructuras militares situados en sus accesos. Por ejemplo, el Fuerte del Coll de los Ladrones (siglo XVII) o la Torreta de Fusileros (siglo XIX).
Camino de Somport se extiende el yacimiento arqueológico del Hospital de Santa Cristina (siglo XI). Este icónico lugar recibía a los peregrinos que habían conseguido atravesar Somport. En el siglo XII Aymeric Picaud lo calificó como uno de los tres grandes hospitales de la cristiandad, al nivel del de Jerusalén y del Gran San Bernardo. Su lema era Unum Tribus Mundi.
Por aquel entonces integraba el palacio del prior y la Ermita de Santa Bárbara. También la iglesia románica, flanqueada por la sacristía, la sala capitular y el cementerio. El monasterio poseía estancias conventuales como dormitorio, refectorio y cocinas.
Por otro lado, el edificio dedicado a hospital de peregrinos albergaba ocho estancias regidas por un lego hospitalero. Hoy solo perdura un mesón construido entre iglesia y hospital en época moderna.
A la salida del pueblo se encuentran también las ruinas de la Iglesia de la Trinidad. El templo se fundó en el siglo XVI por Blasco de Les. Se conservan los muros perimetrales, la fachada renacentista de la capilla y la esbelta torre campanario de aspecto fortificado. Terminando con lo que ver en Canfranc cabe destacar que en invierno se convierte en un centro de recepción para los amantes del esquí y el resto del año es perfecto para senderismo o montañismo.
Datos prácticos para visitar Canfranc
Coordenadas
42° 42′ 36″ N, 0° 31′ 12″ W
Distancias
Huesca 87 km, Zaragoza 158 km, Barcelona 460 km, Madrid 474 km.
Altitud
1040 m.
Habitantes
612 (2024).
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