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Rodeado de ríos y con un castillo: el pueblo medieval de Girona a un paso de los Pirineos

Este bonito pueblo catalán fue escenario de batallas históricas y posee un patrimonio histórico de excepcional valor.
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Este bonito pueblo catalán fue escenario de batallas históricas y posee un patrimonio histórico de excepcional valor.

La monumental silueta del château afrancesado de Peralada preside, cada verano, un importante festival musical. En el Medievo, tuvo el triste honor de ser una población incendiada por los almogávares catalanes para ganar una batalla a los franceses. Hoy en día, es una bonita localidad de Girona llena de atractivos, situada en la llanura norte de Figueres. Además, tiene suficientes reclamos como para pasar toda una mañana recorriéndola.

Un lugar marcado por batallas históricas

La historia de Peralada es muy interesante y completa, y conviene leerla antes de conocer el lugar. Los íberos tuvieron una fortaleza en la colina desde el siglo VI a. de C. Más tarde, la ocuparían los romanos, que fueron desplazados por los godos desde el siglo V. Los árabes dominaron la historia de Peralada entre los años 715 y el 785, cuando los francos toman el control.

Hacia el siglo IX, el conde de Empuries crea el vizcondado de Peralada para controlar esa zona desde el llamado castillo Tolón. A finales del siglo XI, el caballero Berenguer (tercer hijo del conde Ponce I de Empuries) se convierte en Señor de Peralada. Al casarse con Arsenda de Rocabertí, sus descendientes optarían por el apellido de la madre.

En 1265, nace allí el gran cronista medieval Ramón Muntaner. En la primavera de 1285, un ejército francés comandado por el rey Felipe III se encuentra con el ejército de Pedro II de Aragón en las inmediaciones de Peralada. Los guerreros almogávares catalanes incendiaron el castillo durante la batalla y, al final, los franceses fueron derrotados, debiendo retirarse.

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Vista aérea de Peralada. | Shutterstock

El vizconde de Rocabertí tomó la decisión de edificar una nueva fortaleza, pero trasladando su emplazamiento fuera de la muralla. En 1293, cedió un solar a una comunidad religiosa carmelita para edificar un convento con una cláusula de reversión, por el que los vizcondes recuperaban el dominio si se iban las carmelitas.

En el siglo XIV el vizconde edifica un nuevo cinturón de murallas. Durante la Guerra de las Remensas, el vizconde combate contra del rey Juan II, tras lo que en 1472 este toma el castillo.

Los vizcondes de Peralada se transforman en condes por orden del rey Felipe III en 1599. En los siglos XVII y XVIII se produce una expansión de los cultivos, que redunda en unos beneficios que se invierten en la edificación y reforma de viviendas.

En 1835, a causa de la Desamortización, las carmelitas abandonan el convento. Hacia 1855, la propiedad de las ruinas retorna a los nobles que lo habían ocupado anteriormente. Hacia finales del siglo, los condes se instalan definitivamente en Peralada dejando su residencia habitual de París. Reformaron el edificio al estilo de un château, y en el año 1877 construyeron un parque de estilo francés y unas escuelas para los pobladores.

El castillo pasó a manos del marqués de la Torre, que lo compra en 1925 al coleccionista Mateu. Actualmente, es sede de un casino y una bodega. Durante la Guerra Civil, el castillo se empleó como depósito temporal de obras sacadas del Museo del Prado.

Qué ver en Peralada, un pueblo repleto de patrimonio

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Castillo de Peralada. | Shutterstock

Comenzamos la visita a los monumentos de Peralada en su Castillo del siglo XIII, que se transforma en château a finales del siglo XIX. Éste custodia una imponente biblioteca en la que sobresale el fondo cervantino y, en concreto, las ediciones del Quijote. Esta riquísima librería (1889) se suma al primer fondo condal reunido de forma progresiva por Mateu y dos centenares de incunables (primeros impresos, s. XV). Además, se completa con un valioso archivo.

El Museo de Peralada ocupa el antiguo Convento del Carmen (s. XIV). En su interior destacan los artesonados de algunas estancias, además del espectacular claustro. La Iglesia del Carmen mantiene su primitivo aspecto gótico, cuyo espacio se distribuye en una única nave.

Se restauró a finales del siglo XIX, momento en que se eliminaron las reformas sucesivas a las que había sido sometido el templo. En el interior destacan los tapices flamencos (s. XVII) y un magnífico crucificado del s. XVI. Sorprenden en la zona de la capilla mayor varios capiteles románicos procedentes de Sant Pere de Rodas. También hay una curiosa exposición de lápidas expuestas en el claustro, donde se pueden contemplar un par de cañones antiguos.

En la bodega está instalado el Museo del Vino, relacionado con los monjes carmelitas, que guarda valiosas piezas incluso medievales. También son de interés las grandes prensas, así como los diferentes recipientes expuestos. El centro cuenta igualmente con la presentación de un comedor típico de la zona en el interior de un tonel. Hoy, parte de las instalaciones siguen en activo y el visitante puede seguir el proceso de elaboración del cava.

Por último, se incluye un Museo del Vidrio y la Cerámica, que exhibe los destacadísimos fondos pertenecientes a Miquel Mateu, objetos de cristal de todas las culturas y períodos desde la Antigüedad al siglo XIX. Las más representativas fábricas del mundo mantienen su presencia aquí a través de más de dos mil piezas. De la misma forma, se exhiben monedas, diversos restos arqueológicos y un completo repertorio de cerámica española, destacando la selección de aguamaniles.

El castillo se encuentra en un recinto de más de 70 000 metros cuadrados rodeado por un parque, diseñado por Duvilliers en 1877 como parte de la reinterpretación palaciega que se hace del conjunto medieval. Dispone de un lago artificial y cuenta con naranjos, magnolios, cipreses, fresnos y tejos. Aún existen algunos fragmentos y puertas de ingreso de su muralla medieval, construida a partir del siglo XIII. El centro de la población desde la Edad Media es la Plaza Grande.

Otra visita inexcusable es la Iglesia de Sant Martí (s. XVIII). Se trata de un monumento ecléctico en el que se pueden contemplar elementos de la primitiva fábrica románica entremezclados con los de la reforma gótica. En su interior, destaca entre sus bienes artísticos un cáliz del siglo XVI.

En pleno centro de la población está el Claustro de Sant Domènec (s. XIII), que ya había pertenecido a otra comunidad monástica (San Agustín), cuya iglesia se consagró en 1123. Los dominicos lo ocuparon en el siglo XVI, pero lo abandonan en 1835 a causa de la Desamortización. Muy deteriorado, hoy solamente podemos visitar el hermoso claustro románico, con sus capiteles historiados.

En la vecina población de Vilanova de la Muga se encuentra la Iglesia de Santa Eulàlia (ss. XI-XIII), un importante templo románico de tres naves. Además, sobresale su torre-campanario. En el interior, son dignas de contemplar las pinturas murales medievales del ábside, además de una curiosa pila bautismal.

Datos prácticos para visitar Peralada

Coordenadas

42º 18’ 31”N, 3º 0’ 32” E

Distancias

Girona 51 km, Barcelona 151 km, Madrid 748 km.

Aparcamiento

Existen zonas de aparcamiento por las inmediaciones del castillo.

Altitud

25 m

Habitantes

2047 (2024)

También puedes leer este artículo en francés.

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