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A 1500 metros sobre el nivel del mar: el pueblo escondido entre arroyos en el Parque Natural del Alto Tajo

En uno de los parajes más puros de España, donde nace el Tajo y apenas hay huella humana, se esconde un auténtico diamante en bruto.
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En uno de los parajes más puros de España, donde nace el Tajo y apenas hay huella humana, se esconde un auténtico diamante en bruto.

La zona alrededor del Sistema Ibérico se cuenta entre las más serenas y sobrecogedoras de toda la península. Aquí nace el Tajo, entre parajes apenas alterados por la mano humana. Lo ejemplifica uno de los pueblos más privilegiados de la zona, que atesora riquezas de todo tipo.

El pueblo más alto de Castilla-La Mancha

Parque Natural del Alto Tajo
Parque Natural del Alto Tajo. | Shutterstock

A 1500 metros de altitud, donde el aire es cristalino y la tierra quiere rozar el cielo, se asienta Orea. Sus 200 habitantes viven a los pies de la Sierra del Tremedal, con los sugerentes Montes Universales a un paso, y cerca también de la Serranía de Cuenca. La región ha sido noticia por su problema de despoblación, pero también lo es por la belleza innegable que ofrece.

El pueblo se encuentra en un extremo de la provincia de Guadalajara, dentro del Parque Natural del Alto Tajo. Pero no solo ese gran río lo acaricia: también el Cabrillas y el Hoz Seca recorren estos parajes, así como un par de arroyos más que hacen de este rincón una delicia.

El corazón de la España interior

Vista aérea de Orea
Vista aérea de Orea. | LucasGallego1997, Wikimedia

Aunque hoy parezca apartado de todo, Orea fue pujante en el pasado, como punto de paso entre Molina de Aragón y Albarracín. Durante largo tiempo, albergó industrias como la fabricación de paños, vidrios e incluso balas de artillería. Hoy, su mayor tesoro es la armonía entre naturaleza y arquitectura popular, que se respira en cada calle y plaza.

Llama la atención el Pairón de las Ánimas, situado a la entrada del pueblo y típico del Señorío de Molina, así como la iglesia, de un encendido color rojizo. Casas señoriales y alguna ermita sobria completan el patrimonio arquitectónico de Orea, que permite un agradable paseo lleno de hallazgos.

Una naturaleza desbordante en cada rincón

Paisaje de los callejones de Peñas Rubias, Orea
Paisaje de los 'callejones de Peñas Rubias', en Orea. | Lucas Gallego García, Wikimedia

A los alrededores de Orea no les falta variedad de escenarios, desde miradores excepcionales como el Cerro de San Cristóbal hasta una laguna salina, la de Salobreja, que acoge a una buena cantidad de fauna. Hay hasta pinos con nombre propio, como el de las Siete Garras, famoso por su monumentalidad.

El singular trasfondo geológico del municipio se manifiesta en otros puntos, cada cual más llamativo. Así, en este lugar se encuentra incluso un antiguo volcán, del que queda un cúmulo de cristales minerales, o el insólito "río de piedras" que baja del cerro

Por último, hay que mencionar otro atractivo inesperado: la ciudad encantada de Orea, conocida también como los 'callejones de Peñas Rubias'. Esta particular ciudad está formada por enormes rocas que evocan ruinas de otro mundo, y que son la guinda de cualquier recorrido por este pueblo sin igual.

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