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Rodeado de pinares en la Sierra de Gredos: el pueblo de Ávila que esconde piscinas cristalinas en plena naturaleza

Entre gargantas, bosques y cielos estrellados, es un lugar que ofrece naturaleza en estado puro y planes al aire libre para todos los gustos.
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Entre gargantas, bosques y cielos estrellados, es un lugar que ofrece naturaleza en estado puro y planes al aire libre para todos los gustos.

Encajado entre montañas, a sus espaldas se alzan las afiladas agujas graníticas de Los Galayos, centinelas pétreos de la Sierra de Gredos. Solo el murmullo de pequeñas corrientes de agua que se deslizan por gargantas rompe el silencio, mientras el manto vegetal que abraza el pueblo pone una nota de color diferente en cada estación. Es una de las joyas ocultas que salpican la provincia de Ávila.

El Hornillo: piedra y agua

Esta pequeña localidad serrana muestra una belleza sencilla, sin más artificios que los de su privilegiado entorno. Las casas de piedra de El Hornillo se arremolinan en una ladera del Valle del Tiétar. Sus calles, estrechas y laberínticas, ocultan a la vista su mayor tesoro: los magníficos paisajes que la envuelven. 

A su alrededor, riachuelos y arroyos descienden con ímpetu entre lanchas y berrocales hasta que se remansan en pequeñas pozas. Son paraísos acuáticos, perfectos para refrescarse cuando el calor aprieta o para relajarse en un escenario idílico si el tiempo no invita a sumergirse en unas aguas tan limpias como gélidas.

Una paleta de colores de fantasía

Vista de la Sierra de Gredos. | Dreamstime
Vista de la Sierra de Gredos. | Dreamstime

El telón de fondo grisáceo de los picos más altos de Gredos contrasta con el verde de pinares infinitos que impregnan el ambiente con el aroma de la resina. Pero el entorno de El Hornillo ofrece una paleta de colores mucho más rica, gracias a su singular microclima.

En primavera, el blanco de las cumbres nevadas da paso a otro espectáculo natural que rivaliza en brillo: el de los cerezos en flor. Esta es también la estación en la que florece el piorno, que alfombra las zonas altas de un amarillo intenso. Ya en otoño, los protagonistas son los castaños, que se despojan de sus hojas para crear una sinfonía de ocres y dorados que transforma el paisaje.

Un mirador privilegiado

Panorámica de El Hornillo. | Asqueladd, Wikimedia
Panorámica de El Hornillo. | Asqueladd, Wikimedia

El Hornillo es punto de partida de un sinfín de rutas que recorren el valle y se adentran en la sierra. Algunas llevan a pequeñas atalayas desde las que se domina toda la comarca y se aprecia la imponente silueta del macizo montañoso. También se adivinan pueblos cercanos, como Candeleda o Arenas de San Pedro.

Cuando cae la noche, el espectáculo es diferente. El Hornillo cuenta con un mirador estelar, el de La Risquera. Allí, el cielo, libre de contaminación lumínica, parece al alcance de la mano. Es un lugar para dejarse seducir por la magia del firmamento en todo su esplendor, de hecho, el pueblo se integra en la Reserva Starlight del Parque Regional de la Sierra de Gredos.

El Hornillo se convierte así en un refugio donde vegetación, agua, piedra y cielo se funden en armonía. Un rincón que no siempre se busca en el mapa, pero que, cuando se descubre, se convierte en uno de esos destinos a los que siempre se sueña con volver.

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