Al pie de la montaña: la villa medieval de Tarragona con una plaza porticada y rutas en la naturaleza
Al pie de montañas ricas en fósiles y a pocos kilómetros de la magnífica Costa Dorada, Alcover es una villa de agitada de historia. Posee un pequeño y cuidado casco antiguo en el que destaca su museo municipal. A continuación, te animamos a conocer todo lo que hay que ver en Alcover.
La visita a lo que hay que ver en Alcover se hace en una mañana. Una excursión de día entero hacia el norte puede incluir unas horas en el recinto amurallado de Montblanc. Después de eso, es recomendable visitar el vecino Monasterio de Poblet y su parque natural. Una tercera opción es atravesar la Sierra de Prades hasta la bella villa del mismo nombre.
Historia de Alcover, una villa marcada por guerras y batallas
Alcover ya estaba habitada por comunidades humanas en la lejana Prehistoria, tal y como demuestran los materiales aparecidos en el yacimiento paleolítico de Pont de Goi. La remota ocupación tuvo su continuidad en la Edad de los Metales en el yacimiento de Cau d’en Serra.
De los íberos tenemos vestigios en Vilar de Valls. Fueron sucedidos desde el siglo III a. C. por los romanos, que se instalaron en distintos lugares del municipio, como Cogull. Los visigodos dejaron una lápida de mármol que se puede ver en el Museo Municipal.
Los árabes estarían en la zona desde prácticamente el comienzo de la conquista de la segunda década del siglo VIII hasta el siglo XI, surgiendo entonces el nombre de Alcover. No sabemos cuándo fue conquistada por los cristianos. Sin embargo, debió de ser un lugar poco poblado hasta el año 1059, cuando aparece por primera vez el nombre de Santa María de Alcover.
En 1127, el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona donó el lugar al obispo de Tarragona. En 1166, le concede la Carta Puebla la reina Petronila de Aragón, en nombre de su hijo menor de edad, Alfonso II.
El 21 de agosto de 1464, en el segundo asedio, las tropas del rey Juan II de Aragón penetraron en las murallas de esta población. El motivo es haberse declarado partidaria de la causa del príncipe Carlos de Viana frente a su padre. El arzobispo Pere d’Urrea de Tarragona, señor de Alcover, juzgó y ajustició a las autoridades locales suprimiendo todos los privilegios otorgados por la carta puebla. De esta manera, se destruyó prácticamente toda la documentación del pueblo.
Para culminar el escarmiento procedió a cambiar el nombre a la localidad, que pasó a llamarse Vilanova del Camp. La represión casi despobló la zona. A partir de 1476 recupera el nombre y algunos de sus privilegios, comenzando a recuperarse.
Alcover después de la Edad Media
En los siglos XVI y XVII ganarían fama los paños que allí se producían, una prosperidad económica que se reflejó en nuevas construcciones. En esos siglos, la multiplicidad de escondites del macizo montañosos de Prades y su posición orográfica respecto a las comarcas del Camp, la Conca y las Garrigues, en la carretera entre Lleida y Tarragona, facilitó que se reunieran en la zona importantes partidas de bandoleros. Estos se fueron beneficiando del auge comercial y de la débil presencia de las fuerzas del orden.
La amenaza llegó a ser tan importante que en 1634 se amplió la muralla para poder incluir a los arrabales del pueblo. En la población nacieron tres de los más famosos bandoleros: Miquel Morell, Miquel Catalá y Pere Voltor. Incluso llegaron a tener numerosos partidarios y a disputar la primacía. Su memoria se conserva en su localidad natal, formando parte del imaginario popular.
En el siglo XVIII se instalaron, en el cauce del próximo río Glorieta, molinos para la fabricación del papel empleando la madera de los montes y la fuerza motriz del río. Alguno de estos edificios todavía son visibles.
En el marco de la guerra de la Independencia, el vecino conocido como Batistó (por la casa medieval de su familia) reclutó y pagó a sus expensas una compañía de voluntarios para luchar contra los franceses. Fue luego una zona de intensa actividad guerrillera. En febrero de 1809 se celebró una batalla en las inmediaciones del Puente de Goi (1809), en la carretera entre Tarragona y Lleida. Aquí el general Saint-Cyr derrotó al ejército español del general Reding, que moriría poco después a causa de las heridas recibidas.
En 1936 los milicianos saquearon y quemaron la iglesia románica del siglo XII. El edificio se acabó derrumbando en 1937 y solo subsisten las ruinas de dos de sus paredes. También quemaron el altar renacentista de la llamada Eglesia Nova.
Qué ver en Alcover, un tesoro medieval tarraconense poco conocido
Del recinto amurallado que tanto significado tuvo en la historia de la localidad permanecen dos de sus puertas de acceso. Se conocen como el Portal de Sant Miquel (siglo XIII), todavía dotado de su aspecto medieval, y el Portal de La Saura (1316-1360). Este cuenta a su derecha con otro arco más alto y grande, edificado en 1634, cuando se amplió el recinto amurallado.
Dentro de la muralla, tras este último portal se encuentra la Casa Batistó. Se trata de un edificio medieval rehabilitado para acoger una de las secciones del Museo de Alcover. Este museo está dedicado a mostrar una exposición sobre el modo de vida y la cultura protagonizada por la burguesía local en el cambio de siglo. Aún más interesante es su exposición paleontológica que exhibe fósiles de enorme valor. Uno de ellos es un pez con unos 240 millones de años de antigüedad.
Alcover conserva dos paredes de un primitivo templo románico conocido como la Iglesia Vieja (siglo XII). Fue declarada Monumento Histórico Artístico e incendiada por los milicianos en 1936.
Estos también saquearon la Iglesia Nueva (siglos XVI-XVII), situada extramuros. Este bello edificio se caracteriza por tener su torre campanario sin finalizar y, en sus paredes, se puede apreciar una mezcla de los estilos renacentista y barroco. Poco queda de su interior original.
Ya en la Plaza Nova encontramos el ayuntamiento (1591) que, sobre unos soportales, muestra una cuidada fachada. Entre las casas de interés sobresale la del médico Lluis Domingo, obra de Martinell, quien la levanta en 1919.
Por otra parte, la Casa de Cultura de Alcover ocupa una de las construcciones más notables del lugar conocido como Ca Cosme Vidal. Se trata de una antigua vivienda nobiliaria, edificada por el arquitecto Pere Blai en 1618 para unos célebres vecinos regresados enriquecidos de América. Estos también encargaron al mismo arquitecto la gran vivienda conocida como l’Abadía, que actualmente es sede de un cine.
Muy próximo a lo que ver en Alcover está el Convento de Santa Ana (siglos XVI-XVIII). Se fundó a partir de una iglesia anterior y fue reedificado en la Edad Moderna. Aparte del templo, destaca por su claustro. Dentro de lo que ver en Alcover, también es reseñable la Ermita del Remei (siglo XVIII).
Alcover cuenta también con diversas rutas naturales, entre las que destacan las que unen el sendero hacia el Niu de l'Àliga con las fuentes del río Glorieta. Estas rutas presentan distintos niveles de dificultad, desde paseos fáciles y aptos para toda la familia hasta recorridos más exigentes que incluyen el ascenso a la zona de las fuentes y el barranco.
Datos prácticos para visitar Alcover
- Coordenadas: 41º 15’ 43” N, 1º 10’ 16” E
- Distancias: Tarragona 26 km, Barcelona 113 km, Madrid 527 km
- Altitud: 240 m
- Habitantes: 5348 (2024)
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