A 925 metros sobre el nivel del mar: el desconocido pueblo rodeado de bosques en los Picos de Europa
El corazón de Cantabria esconde infinidad de tesoros al abrigo de los Picos de Europa. En lo más alto del valle de Camaleño, allí donde el verde de los bosques se rinde al gris de las cumbres más elevadas, se esconde un pueblo diminuto y pintoresco que desborda encanto. A él no se llega por casualidad, pero quien lo descubre tiene el privilegio de admirar paisajes épicos desde una atalaya privilegiada.
Pido: un mirador de los Picos de Europa
Para llegar a Pido hay que desviarse del camino hacia Fuente Dé. La localidad se asoma discretamente al río Deva, aunque las hayas, robles y castaños que lo abrazan lo ocultan a la vista. Casi engullido por ese frondoso entorno, ha sido el aislamiento el que le ha permitido mantener intacta la esencia montañesa. Una esencia que se refleja en la calma que lo envuelve y en esa arquitectura diferente de casas de piedra, ventanas de madera y tejados rojizos.
Pido no presume de grandes monumentos, tan solo una pequeña ermita y un viejo hórreo evocan retazos de su modesta historia. Su mayor tesoro es un entorno virgen que cambia de color al ritmo de las estaciones, con los Picos de Europa como guardianes silenciosos. Es un escenario grandioso con el que prácticamente se funde.
Puerta de entrada a los Picos de Europa
Pido es una de las piezas más modestas y desconocidas de ese mosaico que forma la comarca de Liébana, antesala de los Picos de Europa. Su sencillez permite apreciar, como en pocos lugares, la magia de los paisajes lebaniegos en todo su esplendor: densos bosques, montañas escarpadas, valles glaciares y pequeñas corrientes de agua.
Su ubicación privilegiada, a los pies de colosos que superan los dos mil metros de altura, convierte a Pido en un paraíso para senderistas y montañeros. Desde sus alrededores parten rutas que conducen al imponente Pico Coriscao, al hayedo de las Ilces o al lago Salvorón. Son caminos más o menos exigentes, pero que tienen algo en común: ofrecen vistas prodigiosas de los Picos de Europa.
Un lugar para desconectar
No todo es aventura en Pido. El silencio que se respira en el pueblo invita a relajarse, a disfrutar de los sonidos de la naturaleza y del aire puro. Una alternativa no mucho más fatigosa es recorrer los pueblos cercanos, que muestran mil matices diferentes de Liébana, desde el sabor tradicional de Mogrovejo hasta el encanto y la excelente gastronomía de Potes.
Aquí no solo se viven experiencias inolvidables con los sentidos, también con el alma. Solo hay que seguir los pasos de antiguos peregrinos por el Camino Lebaniego hasta el monasterio de Santo Toribio de Liébana o subir al teleférico de Fuente Dé para admirar las vistas más conmovedoras de los Picos de Europa. Todo ello a un paso de Pido, un pueblo que quizá no se encuentre sin buscarlo, pero que deja una huella eterna en la memoria.


