Aislado por 23 curvas de vértigo: el pueblo asturiano que sobrevuela un gran desfiladero y los Picos de Europa
A vista de pájaro, una carretera serpentea por la montaña con un trazado casi tan vertiginoso como el escenario natural que atraviesa. A ras de suelo, apenas se intuye la aventura que supone seguir el asfalto. Es un viaje a cámara lenta que tiene como recompensa descubrir uno de los rincones más genuinos del Principado de Asturias.
Casielles, entre el cielo y el abismo
En su tramo inferior, la carretera se incrusta en la roca. En el ascenso, árboles y empinados terraplenes impiden ver lo que espera poco más adelante. En menos de cuatro kilómetros, esa carretera se retuerce sobre sí misma sin dar un respiro. Son 23 curvas de herradura que se suceden en un paisaje tan abrupto como magnífico por su belleza.
El silencio es compañero de viaje, aderezo indispensable para disfrutar de cada recta y cada recodo hasta llegar a Casielles. Es uno de los pueblos de Asturias más auténticos, en realidad, un caserío diminuto que mira de frente a los colosos pétreos de los Picos de Europa.
Asturias en estado puro
Casielles parece congelado en el tiempo. Se esconde allí donde Asturias y León se dan la mano, en el concejo de Ponga. Sus escasas construcciones son de piedra y gruesos muros para resistir los rigores de la alta montaña. No faltan una pequeña iglesia ni los tradicionales hórreos, testigos de ancestrales formas de vida.
Pero no es la modesta arquitectura de este pueblo asturiano su mayor tesoro. Es el entorno sobrecogedor que lo abraza y lo envuelve en la calma más absoluta. Aquí el cielo parece estar al alcance de la mano, aunque el camino para llegar sea casi infernal.
Una atalaya excepcional
Casielles es un mirador privilegiado para sumergirse en la belleza de los Picos de Europa. A sus pies se abre el desfiladero de Los Beyos, una profunda garganta tallada por el río Sella en su camino hacia el mar. A su alrededor, bosques de hayas y robles cambian de color con las estaciones para crear un espectáculo visual hipnótico.
Es solo una pequeña muestra de la belleza del Parque Natural de Ponga, un espacio protegido que muestra la parte más agreste y salvaje de Asturias. Seguir sus senderos es descubrir pequeñas corrientes de agua que dan vida a cascadas, prados que parecen suspendidos en las alturas y miradores de infarto.
Rutas de vértigo cerca de Casielles
Esa carretera endiablada que lleva a Casielles es un reto para ciclistas y amantes de las motos; no en vano, la han comparado con las etapas de montaña alpinas más desafiantes. A pie se puede seguir el desfiladero de Los Beyos, ascender al Pico Tiatordos o pasear sin prisas por los senderos que atraviesan el Parque Natural de Ponga.
No importa el camino elegido, cualquiera de ellos invita a una conexión profunda con la naturaleza. Es lo que ofrece Casielles, un pueblo de montaña para olvidarse de todo lo superfluo entre curvas imposibles y montañas infinitas.
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