Declarado Conjunto Histórico: el pequeño pueblo de piedra con joyas renacentistas que cautivó el paladar de don Quijote
«Aquí llevo una calabaza llena de lo caro, con no sé cuántas rajitas de queso…». ¿De dónde? Miguel de Cervantes ensalza en Don Quijote de la Mancha un producto típico de la comarca del Maestrazgo de Teruel, concretamente de un pueblo de callejuelas estrechas, perfil de piedra y teja roja. Un Conjunto Histórico que representa como nadie el alma del Renacimiento aragonés y la vida en torno a los oficios tradicionales.
Una villa que supo adaptarse a los tiempos
Una vez cruzado el portal de una antigua muralla medieval, se abren las puertas de Tronchón. Una villa en la ruta templaria por el norte de España que conserva el trazado original de sus calles y buena parte de su fortificación.
Los siglos XV y XVI marcaron su edad dorada y la construcción de espléndidos edificios en estilo renacentista, dentro de un casco antiguo en el que convive con el desarrollo arquitectónico previo.
Arquitectura medieval
El origen de Tronchón se remonta al siglo XII, cuando fue fundada por Alfonso II tras la conquista cristiana iniciada en Covadonga, y su estructura urbana sigue reflejando el pasado de esa época. La entrada principal se realiza a través del Portal de San Miguel, uno de los pocos vestigios que quedan de la fortificación original.
El trazado de las calles mantiene la forma irregular y laberíntica propia de las villas medievales, con casas de piedra con patios interiores y elementos tradicionales. A nivel artístico destacan los restos de su castillo, la Iglesia de Santa María Magdalena, la cárcel vieja, los lavaderos de piedra y los hornos de cerámica.
El auge del Renacimiento
El florecimiento renacentista transformó la silueta de uno de los pueblos más bonitos del Maestrazgo y le dotó de una personalidad propia. Su principal exponente es la Casa Consistorial, de planta rectangular y mampostería reforzada con sillería y arcos de medio punto.
Junto a la Plaza Mayor se levanta el Palacio del marqués de Valdeolivo, un claro ejemplo del esplendor civil de la época. El patrimonio arquitectónico se complementa con el antiguo hospital, la horca y diversas edificaciones familiares como la Casa del Santo, la Casa Rectoral o la Casa Monforte.
El sabor que enamoró a Cervantes
No solo la contemplación de su núcleo urbano seduce a los sentidos. Tronchón presume de elaborar un queso artesanal con leche cruda de cabra y oveja que conquistó al mismísimo Alonso Quijano y situó al pueblo en la geografía literaria universal.
Al igual que ocurre con la gastronomía manchega del Quijote, probarlo en su lugar de origen, acompañado de pan candeal y vino de la comarca, es una forma de saborear la historia.
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