5 castillos que hay que visitar para decir que conoces España
Los castillos son testigos de la historia que nos pueden contar mil anécdotas sobre España. Es hora de escucharlos.
Los castillos son testigos de la historia que nos pueden contar mil anécdotas sobre España. Es hora de escucharlos.
Si hay un escenario privilegiado de muchos de los principales sucesos históricos, son los castillos. Erigidos casi siempre en zonas altas y bien visibles, sus siluetas han estado siempre asociadas al poder, y entre sus muros se han fraguado pactos, traiciones y decisiones de gran importancia, además de librarse las batallas más decisivas. A continuación, repasamos algunos de esos castillos que toda persona interesada en la historia y la arquitectura de España debería visitar al menos una vez en la vida.
Los castillos de España que mejor explican su esencia
1. La Alhambra, el esplendor andalusí
La Alhambra de Granada, el monumento más visitado y admirado de toda España, es muchas cosas, y entre ellas un castillo. De hecho, uno de los más emblemáticos del mundo entero, símbolo de la época dorada del reino nazarí que ocupó estas tierras del sur peninsular durante siglos.
El complejo palaciego se alza sobre Granada, con la cautivadora estampa de Sierra Nevada al fondo, y ofrece impresionantes vistas. Sin embargo, sus exquisitos jardines, las ricas decoraciones y su enorme valor histórico hacen que el interior eclipse esas vistas. El sonido de las fuentes todavía nos transporta a la época en que una refinada corte llenaba estas estancias.
La entrada de los Reyes Católicos en la Alhambra en 1492 es uno de los episodios más trascendentes de la historia española, punto final de la llamada Reconquista. Los reyes cristianos no dudaron en convertirla en su palacio real, y ha permanecido ligada desde entonces a la realeza, como atestigua la visita en 1893 de la emperatriz consorte de Austria conocida como Sissi.
2. El Castillo de Loarre, guardián de la llanura
El de Loarre es el castillo románico mejor conservado de Europa, un milagro que aún hoy nos asombra con su porte robusto y la fotogenia de sus muros. Con raíces en una época tan lejana como el siglo XI, el castillo ilustra de manera excelente las disputas y tensiones fronterizas entre los reinos de la época.
Ubicado estratégicamente entre la montaña y la llanura (la Hoya de Huesca), fue una iniciativa del Reino de Navarra para mantener bajo control una zona donde había importantes plazas musulmanas. Su base en un lecho de roca caliza le aportaba una gran ventaja defensiva, puesto que impedía minarlo para burlar sus muros.
El fastuoso castillo, además de haber sido abadía durante parte de su historia, ha ejercido también como un inmejorable escenario de películas y series de televisión. Su gran muralla, la Torre del Vigía o la iglesia románica de San Pedro invitan a viajar con la imaginación hasta el Medievo.
3. El Castillo de Peñafiel, imponente barco de piedra
El emplazamiento en una loma alargada y estrecha confiere a este castillo un aspecto inconfundible, el de un impresionante buque de guerra que hubiera sido tallado en la piedra. Localizado en la provincia de Valladolid, cuenta además con las características habituales que dieron nombre propio a los castillos vallisoletanos.
Si su forma inusual lo convierte en uno de los castillos más llamativos de Castilla y León, su emplazamiento en plena Ribera del Duero hace además que fortaleza y paisaje creen una imagen difícilmente superable. De hecho, el castillo alberga hoy el Museo Provincial del Vino, otro de los tesoros de estas tierras.
Desde las torres del Castillo de Peñafiel, la vista apenas consigue abarcar la extensión de los viñedos que llenan todo el horizonte. Su historia es también la de España entera, con asaltantes tan destacados como Almanzor, Urraca I de León o Juan II de Castilla.
4. Las vicisitudes del Castillo de Belmonte
Cuando el marqués de Villena mandó levantar esta fortaleza-palacio, allá por el siglo XV, poco imaginaba la ajetreada historia que tendría esta joya arquitectónica. En aquel momento, el principal conflicto eran las luchas internas en la corona castellana, pero llegarían otros. Por ejemplo, la Guerra de la Independencia, que hizo del castillo escenario de fusilamientos.
A finales del siglo XIX, unos monjes dominicos franceses convierten el castillo brevemente en monasterio, tras lo cual sirve de vivienda de algún aristócrata e incluso de cárcel. Con tanto cambio, es una gran suerte que el Castillo de Belmonte, en Cuenca, luzca una conservación tan sobresaliente.
Su excelente estado nos permite visualizar sin esfuerzo el aspecto que tendría aquella época lejana en que grandes señores y linajes se enfrentaban por el poder. Si coincidimos con alguna recreación caballeresca de las que se realizan, el viaje en el tiempo está garantizado.
5. El Alcázar de Segovia, la joya inexcusable
Con sus formas majestuosas y las características torres puntiagudas, el Alcázar de Segovia parece que haya salido de algún cuento de hadas. No en vano sirvió en su día para ilustrar la fantasía de varias películas de Disney. Sin embargo, su innegable carga histórica es bien palpable, y de ella dan fe los miles de visitantes que recibe cada año.
Pocos castillos pueden presumir de haber visto desfilar por su interior a 22 reyes a lo largo de una historia que en realidad se remonta a tiempos de los romanos. Tras unos inicios como castro, el castillo medieval se convirtió en palacio real, luego custodio del tesoro de la corona, prisión estatal, Real Colegio de Artillería y finalmente Archivo General Militar.
De su torre vieja salió el dinero para financiar el primer viaje de Colón y ha protagonizado otros importantes eventos como la proclamación como reina de Isabel la Católica o la boda de Felipe II con Ana de Austria. Su papel como escenario clave de la historia española no se ha detenido ni mucho menos. En 2014, por ejemplo, albergó el último acto oficial al que asistió Juan Carlos I, poco antes de su abdicación.
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