Entre valles y con un castillo medieval: así es el pueblo con el único museo del mundo dedicado a un solo libro
«Un pueblo subido sobre una loma». Así lo describía Camilo José Cela al inicio de su viaje por tierras de la Alcarria. Han pasado casi ochenta años y la torre del viejo castillo sigue recibiendo al visitante como un silencioso centinela. Una esencia medieval que se respira en cada rincón, aderezada por un seductor toque literario.
Torija: puerta de entrada a la Alcarria
Torija da la bienvenida a tierras alcarreñas. Es un pueblo sencillo y discreto que se saborea sin prisa. Se alza sobre un paisaje áspero en el que se adivinan campos que en verano se tiñen del violeta de la lavanda y se perfuman con el aroma del tomillo.
Su historia se refleja en la poderosa silueta de su fortaleza, en los restos de la antigua muralla y en la Iglesia de la Asunción, cuya torre rivaliza en porte y belleza con la del castillo. A solo un paso, en la Plaza de la Villa se respira esencia castellana, con soportales que dan paso a callejuelas que invitan a imaginar mil y una historias.
Un castillo especial: de atalaya a museo
El viejo castillo tiene grabada en piedra una vida de tintes novelescos. Su imponente figura recuerda que hubo un tiempo en el que este lugar fue cruce de caminos y bastión estratégico. Aquí dejaron su huella caballeros templarios y en sus estancias pernoctaron insignes personajes, como Carlos I o Felipe II.
Sus recios muros fueron testigos de la historia, pero también sucumbieron a ella. El Empecinado ordenó su voladura durante la Guerra de la Independencia para frenar el avance francés y la batalla de Guadalajara, durante la Guerra Civil, lo hirió casi de muerte.
De la ruina al esplendor
Ese castillo, apenas un fantasma de lo que había sido en su época de esplendor, recibió a Cela en su primera visita a Torija. Años después, como ave fénix, renació de sus cenizas y el premio nobel de literatura fue testigo de excepción. Reconstruido con mimo, recuperó toda su prestancia, aunque los ecos de andanzas caballerescas dieron paso a otro tipo de aventuras: las literarias.
Torija se convirtió así en el único pueblo con un museo consagrado en exclusiva a un libro. Adentrarse en él es recrear el paso tranquilo de aquel viajero que quiso mostrar en su Viaje a la Alcarria la belleza de una comarca singular. Seguir su itinerario por estas tierras, ver sus cuadernos, objetos de la época y ediciones especiales de la obra es una experiencia íntima que conecta al lector con el escritor y con el viajero que fue.
La Alcarria: el país al que hay que ir
Aseguraba Camilo José Cela que «La Alcarria es un hermoso país al que a la gente no le da la gana ir». Torija y su peculiar museo se convierten en una magnífica excusa para contradecir al carismático escritor, o darle la razón, según se mire.
Merece la pena llevarle la contraria y aventurarse en tierras de La Alcarria. Será un viaje en el que no habrá por menos que darle la razón: desde la sobria elegancia de Pastrana hasta el alma barroca de Brihuega, desde las hoces del Río Dulce hasta las vistas del Castillo de Anguix sobre el río Tajo, la Alcarria despliega una magia a la que es muy difícil resistirse.
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