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Más que campos de lavanda: el secreto que esconde Brihuega

Uno de los mayores tesoros de Brihuega permanece oculto a la vista desde hace siglos. Testigo de la historia de la localidad alcarreña, se esconde en su subsuelo.
Imagen: Shutterstock
Imagen: Shutterstock
Uno de los mayores tesoros de Brihuega permanece oculto a la vista desde hace siglos. Testigo de la historia de la localidad alcarreña, se esconde en su subsuelo.

Sobran razones para visitar Brihuega. Adentrarse en esta villa medieval es como viajar en el tiempo y, según la época, también en el espacio. Un magnífico patrimonio histórico rememora viejos tiempos de gloria, batallas y asedios. Mientras, en la distancia, se descubre la belleza de un entorno que en verano se viste del púrpura de la flor de la lavanda para dibujar postales que poco tienen que envidiar a las de la lejana Provenza francesa.

Ni la luz del sol ni los calores estivales bañan uno de los mayores tesoros de Brihuega. Es un lugar escondido que ha sido testigo mudo del devenir de su historia y de la vida de sus gentes, un laberinto subterráneo donde cada recodo y cada rincón parecen susurrar viejos secretos.

Pasadizos, arcos y silencio en el subsuelo de Brihuega

Cuevas Árabes
Cuevas Árabes. | Shutterstock

Bajo las calles de Brihuega discurren otros caminos. Son los que dan forma a las Cuevas Árabes, una enrevesada red de ocho kilómetros de galerías excavadas en la roca caliza hace ya mil años. Son pasillos que suben y bajan, que se cruzan y bifurcan, que se conectan a través de pequeñas ventanas y que por momentos parecen querer engullir a quienes los recorren en penumbra.

Esas cuevas, que se excavaron entre los siglos X y XI, proponen un viaje por la historia de uno de los pueblos más bonitos de Guadalajara. Su razón de ser fue la necesidad de contar con un lugar en el que esconderse y una vía de escape en caso de ataques o asedios. Las cuevas cumplieron esa función hasta bien entrado el siglo XX, de hecho, sirvieron de refugio a la población durante la Guerra Civil. 

En épocas de calma, sin embargo, este laberinto de pasadizos se transformaba. Una temperatura estable de 12 ºC lo convertía en una fresquera ideal para almacenar alimentos y para conservar aceite y vino. En el recorrido aún pueden verse algunas tinajas fabricadas en las propias cuevas por alfareros cuyo sello aún permanece marcado en ellas.

Las Cuevas Árabes de Brihuega, un recorrido lleno de sensaciones

Cuevas Árabes
Cuevas Árabes. | Shutterstock

De los ocho kilómetros que tiene este laberinto, apenas se pueden recorrer 700 metros. Es una visita breve pero intensa a un espacio a veces inquietante y que en cada rincón esconde una historia. Son, al fin y al cabo, mil años de vida que se reflejan en sus paredes, en arcos a veces singulares, en escaleras que parecen llevar directamente al Averno o en huecos hoy vacíos destinados a barricas y tinajas.

Al salir de nuevo a la superficie, aún quedará jugar a encontrar esas salidas secretas que permitían a los antiguos briocenses escapar de la villa sin ser vistos. Un juego que llevará a descubrir otras joyas como el castillo de la Piedra Bermeja, las murallas o la Real Fábrica de Paños que, por supuesto, hay que visitar.