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Bañado por el Cantábrico: el pueblo con torres medievales y una iglesia apodada la 'catedral de las Siete Villas'

Se asoma al mar con sus edificios llenos de historia, envueltos en paisajes que reflejan la esencia de Cantabria.
Vista aérea de Isla y sus alrededores. | Shutterstock
Se asoma al mar con sus edificios llenos de historia, envueltos en paisajes que reflejan la esencia de Cantabria.

Es un rincón del norte donde historia y paisaje se entretejen de forma extraordinaria. El rugido del Cantábrico resuena a lo lejos, meciendo el ambiente de un pueblo que se esconde entre colinas, marismas y prados. En ese escenario idílico se alzan viejas construcciones cuyos muros guardan los secretos de un pasado nobiliario.

Isla, diálogo entre la tierra y el mar

Pasear por Isla, que pertenece al municipio de Arnuero, es adentrarse en un escenario de contrastes. Tierra adentro, sus calles conservan la serenidad que envuelve a los pueblos de Cantabria más auténticos. Es una calma vestida del gris de una piedra que perfila edificios levantados en tiempos de esplendor.

Mientras, a lo lejos, el paisaje cambia de forma radical. Las olas rompen contra los acantilados de una costa que no siempre es abrupta. Allí donde el abismo se suaviza aparecen playas de arenas doradas que se llenan de vida y algarabía cuando el tiempo acompaña.

Un legado monumental

Torre de Cabrahigo, en Isla. | 	Lourdes Cardenal, Wikimedia
Torre de Cabrahigo, en Isla. | Lourdes Cardenal, Wikimedia

Declarado Bien de Interés Cultural, el casco histórico de Isla resume una parte de la historia cántabra. A las afueras despuntan dos torres medievales que familias nobles levantaron para defenderse de las amenazas. Aquellas rencillas se olvidaron, pero la torre de Cabrahigo y la del Rebollar, con sus recios muros, siguen custodiando estas tierras igual que antaño.

No muy lejos se descubre otra construcción magnífica, aunque sus piedras hablen de un pasado menos convulso. Es el Palacio de los Condes de Isla-Fernández, un buen ejemplo de esas casonas blasonadas de aires palaciegos que destacan en la sobria arquitectura montañesa.

El alma de Isla

Isla también rebosa espiritualidad. De ello da fe la Iglesia de San Julián y Santa Basilisa, un templo que sorprende por su porte regio. Esta joya barroca que esconde un bello retablo mayor es la ‘catedral de las Siete Villas’, un apodo que muestra el orgullo y la admiración que hacia ella sienten los habitantes de la comarca de Trasmiera.

Casi a su sombra se alza un edificio medieval más sencillo, parada y descanso para quienes recorren el Camino del Norte hacia Santiago de Compostela. El antiguo hospital de peregrinos ofrece un cobijo modesto, pero necesario para reponer fuerzas antes de iniciar la siguiente etapa hasta Santander.

Naturaleza, sabores y planes sin prisas

Vista aérea de Isla y sus alrededores. | Shutterstock
Vista aérea de Isla y sus alrededores. | Shutterstock

Isla es un festín para los sentidos. Todo invita a relajar el ritmo y disfrutar de pequeños placeres. Un abanico de paisajes singulares se despliega en el Ecoparque de Trasmiera. La bravura del Cantábrico se siente a cada paso en la ruta de los acantilados de Cabo Quejo, mientras que las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel muestran un delicado crisol de colores. 

Este pequeño pueblo también se disfruta con el paladar. En sus huertas se cultiva un apreciado pimiento, mientras que de su mar llegan langostas y bogavantes de fama reconocida. Son los protagonistas de una gastronomía irresistible que deja el mejor sabor de boca después de recorrer uno de los secretos mejor guardados de Cantabria. 

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