El Camino de Santiago Francés por Navarra: la etapa Pamplona-Puente la Reina
Poco más de 20 kilómetros separan Pamplona de Puente la Reina. Sin embargo, concentran toda la esencia del Camino de Santiago: una profunda espiritualidad, antiguas leyendas y rincones que guardan 1000 años de historia. No es una etapa de transición, es una jornada cargada de simbolismo que se graba en la memoria y en el alma.
Dos caminos que se hacen uno
Es al final de esta etapa donde se funden las dos grandes rutas jacobeas que atraviesan los Pirineos desde Francia: Roncesvalles y Somport. Ambas se abrazan cerca de Puente la Reina para avanzar hacia Santiago de Compostela ya convertidas en una sola, como un símbolo de hermanamiento.
Antes de llegar a ese punto, quienes parten desde la capital navarra deben coronar el Alto del Perdón. Allí, las figuras metálicas de un grupo de peregrinos desafían a un viento que sopla inmisericorde. «Donde se cruza el camino del viento con el de las estrellas», reza un letrero. Es la invitación a dejarse envolver por la belleza de un lugar en el que el cielo parece estar al alcance de la mano.
Historia esculpida en piedra
En esta etapa, el Camino transcurre entre campos dorados y pequeños pueblos que conservan su esencia medieval. Paso a paso se descubren tesoros como la iglesia románica de San Miguel Arcángel, en Cizur Menor, o la ermita templaria de Santa María de Eunate, un templo de planta octogonal rodeado de misterio.
Ya en Puente la Reina, las iglesias del Crucifijo y de Santiago aguardan a unos peregrinos que todavía tendrán que atravesar uno de los símbolos del Camino de Santiago: el viejo puente románico que, con sus seis elegantes arcos, salva el río Arga.
Leyendas del Camino
Las leyendas también marcan el ritmo del peregrinaje en la cuarta etapa del Camino de Santiago Francés. En el ascenso al Alto del Perdón, la fuente de La Reniega recuerda la historia de un caminante sediento que rechazó ofrecer su alma al diablo a cambio de agua. Fue el apóstol Santiago quien, en agradecimiento, sació su sed.
Un poco más allá, Obanos es el escenario de la leyenda de Santa Felicia y San Guillén. Narra la historia de una princesa que, tras peregrinar a Santiago, eligió servir a los pobres. Su hermano, incapaz de hacerla cambiar de opinión, decidió matarla. No tardó en arrepentirse, imponiéndose como penitencia el peregrinaje y una vida de ermitaño.
Una etapa con sabor a tradición
Tantas emociones exigen descanso y reponer fuerzas antes de reemprender el Camino. Para ello, nada como rendirse a la gastronomía navarra: pochas con codorniz, trucha con jamón o cordero en fritada, todo ello bien acompañado por un buen vino del Señorío de Sarría.
Será el final de una etapa de descubrimiento, de despedidas y de encuentro. En ella, Navarra se despliega con generosidad ante los peregrinos, recordando que cada paso no solo acerca a Santiago de Compostela, sino también a la esencia más profunda del Camino.
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