A más de 1300 metros de altitud: la impresionante fortaleza medieval en la Serranía de Cuenca
La Serranía Alta de Cuenca es una de las comarcas menos pobladas no solo de España, sino de toda Europa. Sus paisajes radiantes están salpicados de pequeños pueblos apacibles, y de vez en cuando aparece algún hito monumental que impregna de historia los alrededores. Es el caso de un castillo, en las alturas de un cerro, que todavía señorea una amplia extensión.
El Castillo de Rochafrida, señor de las alturas
Oteando el horizonte desde la Edad Media
El Castillo de Rochafrida, a veces llamado también de Rochafría, se emplaza en lo alto de un otero en el municipio de Beteta, el más extenso de la Serranía Alta. Levantado a 1363 metros, es una de las fortalezas de mayor altitud en España, y las panorámicas que antaño permitían la vigilancia siguen siendo hoy su mayor atractivo.
Aunque se cree que su origen es musulmán, la primera referencia escrita es del siglo XII, época en que Beteta pasa al control del señor de Molina. Precisamente, su valor radicaba en el control de la importante ruta entre Cuenca y Molina de Aragón, y también fue escenario de variadas disputas entre nobles de la época.
La huella del romancero
«En Castilla está un castillo, que se llama Roca Frida». Así comienza el romance de Rosaflorida, uno de esos viejos poemas que narran sucesos de aquella época galante, y que muy probablemente se refiere al castillo de Beteta y su vida cortesana. En él, la doncella Rosaflorida ofrece siete castillos, «los mejores que hay en Castilla», por el favor de su amado Montesinos.
Todo este modo de vida fue pasando al olvido, al tiempo que los fosos y espesos muros de la fortaleza quedaban obsoletos. Así, a inicios de la etapa borbónica y, sobre todo, después de las guerras carlistas, el Castillo de Rochafrida cayó en el abandono. Hoy, no obstante, es una de las visitas más gratificantes en toda esta comarca de amplios horizontes.
Inmersión en la naturaleza
Las vistas desde el castillo son atractivas, pero no hay nada como seguir el camino y acercarse a alguna de las joyas naturales divisadas desde arriba. La principal es la Hoz de Beteta, un magnífico monumento natural en que el río Guadiela ofrece cascadas, una presa y estampas difíciles de olvidar.
Los pueblos de alrededor guardan también algún as en la manga. Es el caso de la Laguna del Tobar, junto al pueblo del mismo nombre, y que tiene un fantástico mirador sobre sus aguas turquesas; o la mina romana de Cueva del Hierro, un mundo subterráneo en que se atisba la importancia que ha tenido esta región en tiempos antiguos.
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