El único arco romano con 3 vanos en España: construido en el siglo I (y declarado Bien de Interés Cultural)
En lo alto de un promontorio, guardián de siglos de historia y vigía de un entorno privilegiado, se alza un solitario arco triunfal. Puerta de entrada a una ciudad de la antigua Hispania, es uno de los monumentos romanos más peculiares que se conservan en España de la época imperial.
Un arco romano único
Con apenas ocho metros de altura, el arco romano de Medinaceli ha visto pasar dos mil años de historia. Su decoración, antaño elaborada, se ha desdibujado con el paso del tiempo, pero no ha perdido ni su aspecto majestuoso ni esa rareza que lo hace único: sus tres vanos.
Solitario y asomándose casi al vacío, el viento lo atraviesa con furia. Un viento que rompe el silencio y parece susurrar historias de la antigua Occilis, ciudad romana que tuvo una posición estratégica como cruce de caminos. Desde esta atalaya se controlaba la calzada que conectaba las ciudades de Caesar Augusta (Zaragoza) y Augusta Emerita (Mérida).
Recuerdos de una época de esplendor
Hace dos milenios, el arco romano de Medinaceli se alzó como símbolo del poder del emperador Augusto. Sus dimensiones son modestas si se comparan con otros monumentos imperiales, sin embargo, ofrece un aspecto formidable gracias al escenario que lo enmarca. Son los paisajes de los valles de los ríos Jalón y Arbujuelo, que se extienden a sus pies entre escarpes, lomas y vaguadas.
Este arco formó parte del perímetro defensivo de la ciudad romana, aunque de la muralla apenas se conservan vestigios. Sí se pueden descubrir en Medinaceli otros restos de aquellos tiempos de gloria, en forma de elaborados mosaicos y de pequeñas obras de ingeniería hidráulica, como la fuente de La Canal.
Medinaceli: un paseo por la historia
Antes que los romanos, fueron los celtíberos los que ocuparon este rincón de la provincia de Soria. Después, ya en época medieval, Medinaceli fue frontera. En su alcazaba murió el todopoderoso caudillo Almanzor y, años más tarde, sería Alfonso I El Batallador el que conquistaría estos territorios.
De aquella época de asedios y batallas, Medinaceli conserva restos de las defensas que se levantaron entonces, aprovechando estructuras romanas que aún se mantenían en pie. Así, es posible atravesar la puerta árabe y la de Coz, además de admirar la silueta de un castillo que se erigió sobre la antigua alcazaba árabe.
Un pueblo con encanto
A espaldas de ese arco romano que es Bien de Interés Cultural, las calles de Medinaceli son estrechas y laberínticas. Perderse en ellas permite descubrir maravillas como su Plaza Mayor, presidida por el majestuoso Palacio Ducal, o como la Colegiata de Santa María de la Asunción y el Convento de Santa Isabel.
Todos forman parte del alma monumental de un lugar que sigue siendo tan imponente como en tiempos de Augusto. La calma que lo envuelve invita a recrearse en cada detalle y sumergirse en las increíbles vistas que ofrecen sus miradores, su fortaleza y, por supuesto, ese arco romano que es su seña de identidad.
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