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Enclavado en la Sierra de Ayllón: el pueblo junto a un precioso hayedo declarado Patrimonio de la Humanidad

En este pueblo de Castilla-La Mancha, la arquitectura tradicional tiene como telón de fondo paisajes mágicos.
Iglesia de San Julián en Cantalojas. | Oilisab, Wikimedia
En este pueblo de Castilla-La Mancha, la arquitectura tradicional tiene como telón de fondo paisajes mágicos.

En el extremo norte de la provincia de Guadalajara, rozando ya tierras de Castilla y León, aparece uno de esos pueblos diminutos que quedan grabados para siempre en la memoria. Es apenas un racimo de casas que se alzan al abrigo de la Sierra de Ayllón, pero es la puerta de entrada a un espacio natural fascinante.

Un pueblo negro con mucho encanto

Cantalojas es piedra y silencio. Aún conserva la esencia de la arquitectura negra típica de la comarca. Sus fachadas de pizarra contrastan con un entorno teñido de verde. Es el color de prados infinitos en los que pasta el ganado, protagonista cada año de una concurrida feria.

El tiempo aquí pasa despacio entre el olor a leña en invierno y esas noches frescas que tanto se agradecen en verano. Sus calles y plazas, amplias para un pueblo pequeño, invitan a olvidarse del reloj. Es un paseo salpicado de sorpresas en forma de casonas de sillar con blasones en las fachadas. Son el orgullo de Cantalojas, junto a la modesta Iglesia de San Julián.

Cantalojas: paisajes y memoria

Iglesia de San Julián en Cantalojas. | Oilisab, Wikimedia
Iglesia de San Julián en Cantalojas. | Oilisab, Wikimedia

Los paisajes serranos que rodean Cantalojas componen un mosaico de rincones singulares. Muy cerca del pueblo, el río Lillas discurre salvaje, modelando en su recorrido pequeñas cascadas. Otras rutas se adentran en la belleza del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, atravesando bosques de robles y pinares que en otoño se pueblan de pequeñas delicias en forma de setas.

Entre esos paisajes se enconden también vestigios del pasado de Cantalojas. El yacimiento de El Portalón conserva huellas de sus habitantes más primitivos, mientras que en el paraje de El Castelar algunos restos evocan la presencia de una fortaleza medieval. Guardianas del entorno son también la Ermita de Nuestra Señora de Valdeiglesias y la Iglesia de San Pedro, de origen románico

Tejera Negra: un hayedo Patrimonio de la Humanidad

Hayedo de Tejera Negra. | Dreamstime
Hayedo de Tejera Negra. | Dreamstime

Adentrarse en el Hayedo de Tejera Negra, la gran joya natural que alberga Cantalojas, es hacerlo en un lugar especial. En su interior, el aire se vuelve más fresco y la luz que se filtra entre las copas de los árboles crea un ambiente casi onírico. Magia que se multiplica en otoño, cuando el suelo se cubre de hojas que crujen al caminar y todo el bosque se tiñe de ocres, rojizos y dorados.

Incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad, este es uno de los hayedos más meridionales de Europa. Testigo de la última glaciación, en sus 400 hectáreas miles de hayas centenarias conviven con abedules, tejos y acebos en un ecosistema tan antiguo como delicado y valioso.

Tejera Negra es la razón por la que muchos viajeros llegan a Cantalojas, pero el pueblo merece mucho más que ser simple lugar de paso. Es uno de esos rincones auténticos y con sabor a tradición en los que la vida rural aún se siente a cada paso.

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