Surcado por un río a un paso de los Picos de Europa: el pueblo de cuento rodeado de montañas en Asturias
El alma de Asturias tiene muchas formas de manifestarse en sus pueblos. Aquí un hórreo, más allá unos verdísimos prados, una casa con solera… Sin olvidar la extraordinaria gastronomía de la región. Uno de sus pueblos condensa toda esa esencia, y además se encuentra en plenos Picos de Europa.
Viego, pura esencia asturiana en los Picos de Europa
Un rincón entre montañas
Saliendo del desfiladero por donde corre el río Santangustia, se abre un espacio entre grandes montañas que acoge un grupo de casas salidas de un cuento. Viego, en el concejo asturiano de Ponga, es de esos pueblos con una atmósfera donde todo parece posible, incluso toparse con un trasgu o una xana.
Situado a más de 700 metros de altitud, el pueblo tiene muy cerca el tesoro de los Picos de Europa, por lo que es la puerta de entrada a mil senderos que llenan el alma de verde y aire puro. En esta zona próxima a la provincia de León, la vida transcurre a un ritmo pausado, pero el paisaje por sí mismo está lleno de emociones.
La Asturias más rural
Lo escarpado y majestuoso del entorno marca la personalidad de Viego, pero su gente también ha imprimido durante siglos un carácter inconfundible. Ese carácter se encuentra en los detalles de la madera, con cruces, volutas y otros símbolos de un mundo perdido. El pueblo desprende la sabiduría ancestral de la Asturias más atemporal.
No faltan hórreos ni casas con el sabor característico de estas tierras, como la Casa Rubín, una fusión de la piedra, la madera y el cariño humano que les han dado forma. Todo se pierde en el tiempo: no se sabe con certeza cuándo se fundó Viego, ni siquiera su iglesia parroquial. Es como si hubieran estado ahí desde siempre.
Un entorno que vale la pena recorrer
El concejo de Ponga destaca por sus bosques frondosos, pero también por sus pequeñas iglesias rurales y otros edificios notables que salpican el paisaje. La naturaleza de los Picos de Europa aporta gargantas y desfiladeros, un paisaje que atrae a los amantes de la montaña más pura.
Cruzando hacia la vecina León, esperan otros pueblos igualmente ricos en espíritu rural y en carácter agreste, como Pío, Vierdes u Oseja de Sajambre, donde la montaña mantiene su dominio y su belleza. Viejas cabañas de pastores se juntan con increíbles miradores sobre los valles, en una sinfonía que anima a repetir la visita.
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