A orillas del río Ara: el pintoresco pueblo de Huesca a un paso del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido
Su casco antiguo, uno de los más extensos y mejor conservados del Pirineo aragonés, es una exquisita muestra del sobrio encanto de la arquitectura tradicional. Lo perfilan un racimo de casas de piedra que se apiñan sobre una antigua terraza fluvial y se asoman a un río que rompe el silencio con una suave melodía. Capital de la comarca del Sobrarbe, es uno de esos pueblos a los que siempre se desea regresar.
Boltaña, corazón de piedra
El tiempo parece detenerse al llegar a Boltaña. Aquí, la piedra no es un simple material constructivo, es el alma del pueblo, la materia prima que viste las calles y que sirvió para levantar casas de recios muros, capaces de resistir los duros inviernos. En piedra también se labraron los escudos y blasones que decoran algunas fachadas y se dibujaron arcos para embellecer sus puertas.
Ese conjunto arquitectónico de aires medievales serpentea al compás que dicta el terreno. Sus calles, estrechas y laberínticas, dibujan una especie de tela de araña que tiene como corazón una Plaza Mayor que guarda los secretos de la historia de un pueblo que tuvo su época de esplendor hace ya muchos siglos.
Tesoros de Boltaña
Los restos del viejo castillo de origen árabe aún dominan el paisaje. Es una atalaya privilegiada desde la que admirar la figura de la mayor joya de Boltaña: la Colegiata de San Pedro. Es una monumental construcción que entremezcla el gótico aragonés con elementos renacentistas y que esconde en su interior una elaborada bóveda de crucería y un magnífico coro.
El pueblo tiene otros tesoros más modestos, como cuatro antiguas ermitas y un puente medieval de un único arco bajo el que discurre con fuerza el río Arga. Su cauce se remansa un poco más abajo, en la Gorga, una piscina natural de aguas cristalinas y tan gélidas que zambullirse en ellas roza lo heroico.
Un entorno para disfrutar con todos los sentidos
El encanto de Boltaña no se resume tan solo en piedra y agua. El secreto es su ubicación privilegiada, a medio camino de dos de las joyas naturales de Aragón: el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara. Es un entorno de belleza salvaje que invita a descubrirlo sin prisas.
El abanico de planes para amantes del senderismo, de los deportes de montaña o de la simple contemplación es aquí casi tan inabarcable como los paisajes que rodean Boltaña: rutas que atraviesan bosques de robles y hayas, paredes verticales para los más osados, pozas y cascadas donde refrescarse o verdes praderas donde reina el silencio.
Los paisajes que abrazan Boltaña son soberbios, pero el pueblo no merece ser solo una parada en el camino, sino un destino para disfrutar de la calma y de pequeños placeres para los sentidos a veces olvidados.
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